“La tierra de Israel y los israelitas del día de hoy,” Tomo VI:179-184
Por:  Dr. Donald T. Moore

Un artículo en la prensa especificó varias razones para probar que Israel es escogido y tiene derecho a las tierras de Palestina. Primero, "La tierra de Israel, incluyendo a Judea y Samaria, Gaza y los Altos del Golán, pertenecen al judío por decreto divino" y por ende tiene título de propiedad de esas tierras conforme a las Escrituras. Segundo, le "pertenece al judío por decreto histórico" que Dios hizo a Abraham.[1] Así también lo apoya un programa transmitido cada domingo por una de las difusoras evangélicas de Puerto Rico.[2] Todo esto nos obliga a analizar la evidencia bíblica con cuidado.

            ¿Es cierto que se cumplieron profecías bíblicas cuando los Israelitas capturaron a Jerusalén en 1967? Es importante señalar que las raíces de esta interpretación pueden ser trazadas al movimiento de Profecía Bíblica en Gran Bretaña y las especulaciones de Edward Irving y John Nelson Darby a principios del siglo XVIII. En realidad lo que hizo la Guerra de los Seis Días en 1967 fue estimular un resurgimiento entusiasta por la "tierra de Israel" y el estado moderno israelí. Cuando las personas apoyan la posesión judía de la tierra por razones teológicas, forman parte del sionismo cristiano[3] que hoy tiene gran arraigo e influencia en la política de la nación estadounidense. Pero conviene preguntar si el estado israelí tiene de verdad significado teológico como cumplidor de profecías bíblicas y si la evidencia bíblica endosa o no la postura sionista. Cómo uno relaciona el Antiguo Testamento y el Nuevo juega un papel clave en esta interpretación.

            ¿El establecimiento de la nación de Israel a mediados del siglo XX cumplió profecías bíblicas? Un tío mío insistió que sí. Pero cabe preguntarse: ¿El Nuevo y Antiguo Testamentos corren en rieles paralelos hacia el futuro, uno referente a Israel y otro al pueblo cristiano? En el Nuevo Testamento se presenta su relación de otra manera, pues el Nuevo interpreta, cumple y completa el Antiguo. Por ejemplo, Jesús anuló las leyes levíticas en cuanto a la comida cuando declaró todos los alimentos limpios (Mc 7:18-19).[4] En Hechos 10 Dios le dio a Pedro una visión del alimento inmundo para revelarle que la distinción y separación entre judíos y gentiles ya era obsoleta. Dios acepta a los dos pueblos por igual. Pedro ante Cornelio comprendió las implicaciones de la visión cuando dijo: "De veras, me doy cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que en toda nación es acepto el que le teme y obra justicia" (Hch 10:34-35). Ya que Dios no tiene favoritos, tampoco debemos nosotros tenerlos. Ya con su rechazo del Hijo de Dios los judíos perdieron su posición especial ante Dios.

            El libro de los Hebreos indica que la revelación bíblica es progresiva, pues con frecuencia la palabra de Dios en el Antiguo Testamento vino como sombra, imagen y profecía y ella encontró su cumplimiento y consumación en el Nuevo Testamento o pacto en Cristo Jesús.[5] Señala el escritor inspirado por Dios en el primer siglo: "Al decir 'nuevo', ha declarado caduco al primero; y lo que se ha hecho viejo y anticuado está a punto de desaparecer" (He 8:13). Después añade: "Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros y no la forma misma de estas realidades, nunca puede, por medio de los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente de año en año, hacer perfectos a los que se acercan" (He 10:1).

            Los cristianos deben interpretar el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo, no a la inversa.[6] Pablo insistió, "Por tanto, nadie os juzgue en asuntos de comida o de bebida, o respecto a días de fiesta, lunas nuevas o sábados. Todo ello es sólo una sombra de lo porvenir, pero la realidad pertenece a Cristo" (Col 2:16-17 RVA).[7] Entonces, "La cuestión ... no es si las promesas del Antiguo Testamento deben ser entendidas alegórica o literalmente. Mejor, la cuestión es si ellas deben ser entendidas en términos de sombra o sustancia."[8]

            ¿Cuál es el significado del pacto abrahámico? Las raíces del pacto con Abraham están en la creación del huerto de Edén (Gn 2) donde la gente recibió todas las bendiciones de Dios y se gozaban de un compañerismo directo con El. Aunque los seres humanos perdieron ese paraíso cuando cayeron en el pecado, no obstante, Dios prometió restaurárselos en un paraíso celestial mediante la redención.

            En Génesis 12 y 15, Dios prometió dar a la familia de Abraham un lugar donde vivir. Aun especificó su extensión desde el río Nilo de Egipto hasta el río Eufrates (Gn 15:18). Luego en el capítulo 17 Dios repitió y amplió la promesa: "Yo establezco mi pacto como pacto perpetuo entre yo y tú, y tu descendencia después de ti por sus generaciones, para ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tu descendencia después de ti, la tierra en que resides, toda la tierra de Canaán. Y yo seré su Dios" (Gn 17:6-8). Algunos interpretan estas promesas tocante a la tierra como eternas; otros las entienden como un anticipo del cielo más bien que un fin en sí mismo.

            "Se describe la tierra más tarde como una 'que fluye leche y miel' (Ex 3:8), lo cual apunta hacia un paraíso restaurado en el futuro. Desde un principio esta sombra en el Antiguo Pacto tendría que esperar la sustancia o realidad del Nuevo Pacto para su cumplimiento en verdad y en aquel momento no fue mediante la conquista militar sino la crucifixión del Mesías. La conquista y la residencia en la tierra fue una asignación temporera, una prueba de su fe, no la finalidad en sí. Esto se debe a que el pacto siempre y primordialmente tenía que ver con la relación con Dios y no a lo material." Notemos en el libro de Hebreos cómo Abraham junto con sus descendientes entendieron la promesa en cuanto a la tierra: "esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. ... Y por lo tanto, de uno solo, ... nacieron hijos como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a su fe murieron todos éstos sin haber recibido el cumplimiento de las promesas. Más bien, las miraron de lejos y las saludaron, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra.... Pero ellos anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse el Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad" (He 11:10-16).

            Esta es la manera que el Nuevo Testamento interpreta el Pacto Abrahámico. En Hebreos la palabra "celestial" anticipa el cumplimiento y la consumación de las promesas en el cielo. De manera que la "ciudad celestial," "la Jerusalén de arriba" que anhelaban los patriarcas en el Antiguo Testamento no era la tierra entre Egipto e Irak sino una relación estrecha con el Dios viviente. Así que entendieron la residencia en Canaán como un preludio a la realidad celestial.

            Además, la misma tierra nunca pertenecía incondicionalmente a Israel, pues siempre le pertenecía a Dios. Su tierra no debía ser vendida o comprada permanentemente o aun regalada, mucho menos anexada y colonizada como se ha hecho desde 1967. "La tierra nunca está a la disposición de Israel para fines nacionales; más bien, es Israel quien está a la disposición de Dios. En el mejor sentido el pueblo de Dios permanece como morador en la tierra de Dios (ver Lev. 25:23)."[9] En sentido contrario hoy muchos evangélicos enfocan más la sombra del Antiguo Pacto y el desarrollo de un reino judío para Jesús. Aquellos que dicen que hoy la tierra entre Egipto e Irak no es negociable pasan por alto cómo los escritores antiguotestamentarios entendieron las promesas a Abraham. Por ejemplo, el libro de Josué subraya el cumplimiento de las promesas del pacto ya en su tiempo (Jos 21:43-45). De igual manera después del segundo exilio Nehemías testificó el cumplimiento de las promesas a Abraham: "Les entregaste reinos y pueblos, y se los distribuiste por fronteras. ... Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los llevaste a la tierra que habías prometido a sus padres que entrarían para tomarla en posesión" (Neh 9:22-23). Cabe señalar que las promesas se hicieron en un contexto de una relación del pacto en el cual se tenía como intención la bendición de todos los pueblos de la tierra.

            ¿Cuáles fueron los requerimientos para su relación dentro del pacto? "La tierra prometida nunca fue un derecho incondicional, sino siempre fue un regalo condicional. Aun durante su peregrinación en el desierto, Dios advirtió a su Pueblo:" "guardad mis estatutos y mis decretos, y no hagáis ninguna de todas estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que habita entre vosotros ... no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que os antecedió" (Lev 18:26, 28).

            Debido a la experiencia hebrea en Egipto, en 36 ocasiones en el Antiguo Testamento, Dios específicamente advirtió a los israelitas a ser compasivos con los extranjeros (por ej. Lev 19:33-34). El profeta Ezequiel amplió esta advertencia al decirles: "diles que así ha dicho el Señor Jehová: 'Vosotros que ... derramáis sangre, ¿tomaréis posesión de la tierra? Habéis confiado en vuestras espadas, habéis hecho abominación y habéis mancillado cada uno a la mujer de su prójimo, ¿y tomaréis posesión de la tierra? ... Convertiré la tierra en desolación y soledad, y cesará la soberbia de su poderío" (Ez 33:25-29; comp. Jer 17:4).[10]

            Cabe señalar que a base de estas advertencias hay quienes argumentan que la falta de respeto hoy del gobierno israelí para los derechos de los palestinos predice una inminente desolación más bien que una restauración final. Dios estipuló mediante las bendiciones y maldiciones que el arrepentimiento siempre es una condición del regreso a la tierra (Dt 30:1-3).[11]

            De ser así la afirmación de que el establecimiento del estado israelí en 1948 y la captura de Jerusalén en 1967 indican que una vez más Dios está bendiciendo a su pueblo carece de base bíblica. A la luz de las afirmaciones de aquellos que creen que los israelíes contemporáneos están cumpliendo literalmente las profecías bíblicas harían bien en contestar la siguiente pregunta: Si las promesas en Génesis son la base del reclamo de los judíos a la tierra, entonces ¿qué de los mandamientos y profecías en toda la ley de Moisés que claramente señalan que el derecho de los israelitas a la tierra era condicional?[12] Por ejemplo: "Pero si no escuchas la voz de Jehová tu Dios a fin de procurar poner por obra todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te mando hoy, todas estas maldiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán: Maldito serás al entrar, y maldito al salir. ... Jehová hará que seas derrotado delante de tus enemigos. Por un camino saldrás hacia ellos, y por siete caminos huirás de ellos. ... Seréis arrancados de la tierra en la cual entráis para tomarla en posesión. Jehová te esparcirá entre todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra"  (Dt 28:15-16, 25, 63-64).

            Durante la peregrinación israelita en el desierto, Jehová usó lenguaje muy vívido para describir la base para su permanencia en la tierra de promisión: "No se hagan impuros con ninguna de estas cosas. Con ellas se han hecho impuros los pueblos que yo voy a arrojar de la presencia de ustedes, y también su país quedó impuro; pero yo les pedí cuentas de su maldad y el país arrojó de sí a sus habitantes. Pero ustedes los israelitas ... pongan en práctica mis leyes y mis decretos, y no cometan ninguno de estos actos infames ... ¡Que no los arroje de sí el país por hacerlo impuro, tal como arrojó a la gente que lo habitó antes que ustedes!" (Lev 18:24-28 VP).

            "Si el reclamo de los israelitas a la tierra fue condicionado a su obediencia, y si fueron exilados de la tierra en el primer siglo d.C. a causa de la máxima desobediencia con el rechazo del Mesías, ¿cómo es posible afirmar ahora que los judíos tienen un derecho a la tierra cuando persisten en la misma desobediencia y rechazo de su Mesías? Además, si hemos de entender la predicción en la profecía literalmente, de la misma manera tenemos que entender la demanda profética para la justicia," pues hay quienes alegan que la actual colonialización israelí de la tierra es equivalente al robo de Acab de la viña de Nabot (1 R 21:1-14).[13]

            ¿Qué es el concepto de la herencia en el Nuevo Testamento? Hoy la preocupación de los sionistas cristianos con la profecía bíblica y su cumplimiento literal se palpa especialmente en relación con el estatus de Jerusalén. Pablo criticó la dependencia de Jerusalén de los legalistas los cuales habían infiltrado a las iglesias en Galacia. En Gálatas 4:27 citó a Isaías 54:1 donde se refiere a la Jerusalén terrenal y lo aplicó como hogar de todos los que creían en Jesucristo, pero el acceso al cielo ya no tenía nada que ver con esa Jerusalén. Jesús también lo hizo claro cuando conversó con la samaritana: "Créeme, mujer, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. ... la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que le adoren" (Jn 4:21-23).[14]

            En su juicio Jesús explicó por qué es así: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos. Ahora, pues, mi reino no es de aquí" (Jn 18:36). De esta manera Cristo repudió la idea de que su reino involucraba el establecimiento de un reino judío terrenal, pues era solamente una sombra. Antes de las apariciones de Jesús y el día de Pentecostés, los discípulos evidentemente compartían la misma visión de las promesas acerca de la tierra que los otros judíos tenían en ese primer siglo. Anticipaban la intervención decisiva de Dios en la historia que restauraría la soberanía política judía sobre la tierra prometida. Las palabras de los dos discípulos en el camino a Emaús reflejaron esa misma actitud: "Nosotros esperábamos que él era el que habría de redimir a Israel" (Lu 24:21). Debía haber sido esa la idea de los discípulos cuando, momentos antes de su ascensión, preguntaron: "Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo?" (Hch 1:6). Así que Jesús redefinió y amplió su entendimiento de la naturaleza del reino de Dios y de esa manera el significado de ser escogido. De hecho "La expansión del reino de Dios en todo el mundo requería el exilio permanente de los apóstoles de la tierra," pues salieron a evangelizar y nunca se les mandó a regresar.[15]

            Después del día de Pentecostés los apóstoles comenzaron a usar lenguaje nuevo y diferente acerca de la tierra. En el caso de Pedro habla de una herencia, muy distinta a la tierra, pues es "incorruptible, incontaminable e inmarchitable, reservada en el cielo" (1 Pe 1:4). Asimismo Pablo afirma, "os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, a aquel que tiene poder para edificar y para dar herencia entre todos los santificados" (Hch 20:32). Otros escritores neotestamentarios subrayan que mediante la fe en Cristo ya habitamos en la Jerusalén celestial y a la vez anticipamos su llegada (Heb 12:22-23). Asimismo, Pablo insiste, "Pero la Jerusalén de arriba ... es libre" (Gá 4:16).[16] Ya se había trascendido los límites de la geografía de la tierra que dio origen al pueblo cristiano porque se estaba expandiendo hasta lo último de la tierra.

            Pablo usó la historia de Sara y Hagar como ejemplo para defender a los gálatas de la influencia de los judaizantes legalistas (Gá 4:21-31). A la Jerusalén que rechazó a Jesús, el apóstol comparó a Hagar y sus hijos esclavizados (4:25). Luego comparó a los creyentes gálatas a Isaac y los describió como los "hijos de promesa" (4:28). Tal vez esta analogía paulina aplacaría hoy también a ciertas formas del judaísmo mesiánico que requieren la obediencia de las leyes de Moisés y del sistema político israelí.[17]

            Concluímos, pues, que después de Pentecostés, de ninguna manera los apóstoles creeían que el pueblo judío todavía tenía un derecho divino a un reino centralizado en Jerusalén. Ni siquiera lo consideraban un importante aspecto de los planes futuros de Dios para el mundo. También en la cristología paulina igual a la ley Dios había rebasado la tierra, en sus propósitos redentivos.[18] Además, Juan en Apocalipsis miraba hacia una Jerusalén celestial que bajaba, no una que ascendía de la tierra (Apo 21:2).

            ¿Qué de la elección y quién es el pueblo de Dios? A base de una interpretación literal del Antiguo Testamento, los cristianos sionistas creen que los judíos todavía son el "pueblo escogido de Dios" y que se gozan de una relación, posición y propósito único en su tierra, separados de todas las promesas hechas a la iglesia. Por ejemplo, algunos cristianos insisten en que la Biblia enseña que el pueblo, la nación y la tierra israelí tienen un futuro glorioso ordenado por Dios y que Dios nunca ha rechazado o reemplazado al pueblo judío. Un grupo de judíos mesiánicos, "Jews for Jesus," creen que ambos pueblos comparten un propósito dual: "Creemos que Israel existe como un pueblo del pacto mediante la voluntad soberana de Dios, quien continúa logrando sus propósitos y que la Iglesia es un pueblo electo de acuerdo con el Nuevo Pacto, compuesto de ambos judíos y gentiles que reconocen a Jesús como Mesías y redentor."

            Estas creencias contradicen la enseñanza de Juan el Bautista: "Producid, pues, fruto digno de arrepentimiento y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: 'A Abraham tenemos por padre.' Porque os digo que aun de estas piedras Dios puede levantar hijos de Abraham. También el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles. Por lo tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego" (Lu 3:8-9). Asimismo Jesús insistió, "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre si no es por mí" (Jn 14:6). También Jesús uso la analogía de la viña y las ramas para explicar la relación entre Dios y su pueblo (Jn 15:1-6). Obviamente Jesús, no Israel, es la viña y  sus seguidores, no la nación de Israel, son las ramas de la viña. Permanecer en la viña y llevar fruto dependen de una relación personal con Jesús, no de la sangre de uno, o por esfuerzo y sacrificio humano.

            Por eso Pedro advirtió a los oidores poco después del día de Pentecostés que si rehusaban a reconocer a Jesús como su Mesías, cesarían de ser el pueblo de Dios: "cualquier persona que no escuche a aquel profeta será desarraigada del pueblo" (Hch 3:23). También Pablo usó una analogía de la viña cuando explicó la relación entre las ramas naturales (Israel) y la ramas silvestres (los gentiles) (Ro 11:17-21). Cabe señalar que el Nuevo Testamento nunca usa el vocablo escogido exclusivamente para el pueblo judío. Se usó únicamente para referirse a Jesús o a la iglesia, el cuerpo de Cristo (comp. Col 3:12).[19]

            Además, Pedro usó expresiones antiguotestamentarias que describían a Israel y las aplicó a la iglesia: "vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Vosotros en el tiempo pasado no erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios; no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia" (1 Pe 2:9-10). Por lo tanto ya no es apropiado describir a los judíos como "el pueblo escogido de Dios." El Nuevo Testamento redefine el significado teológico de esa frase para describir todos aquellos que confían en Jesucristo, sin distinción de persona o raza.[20]

            A veces se refiere en forma negativa a esta postura como la teología de "sobreseimiento" o "reemplazo" o sea, la creencia que la iglesia ha sustituído o reemplazado a Israel. Pero el Nuevo Testamento no enseña que los gentiles han sustituído a los judíos; tampoco enseña la exclusividad racial que da una posición preferencial o superior al pueblo judío. Según Pablo, la intención de Dios siempre ha sido romper "el muro de separación" y crear para sí mismo a un pueblo, sacado de todas las razas (Ef 2:11-16).[21]

            ¿Qué es la relación del sionismo con el dispensacionalismo? El movimiento de Profecía Bíblica comenzó entre los evangélicos británicos en el siglo XIX y pasó al movimiento evangélico estadounidense después. Sus enseñanzas fueron institucionalizadas en el dispensacionalismo lo cual enseña que en la historia de la redención hay una sucesión de eras bíblicas o dispensaciones las cuales se distinguen por los diferentes métodos que Dios ha usado para tratar con su pueblo.[22] Según esta interpretación la dispensación de la iglesia difiere de la era venidera de un reino literal en la cual en su segunda venida Cristo reinará sobre Israel en la tierra prometida por mil años. Las implicaciones de esta exclusividad étnica y dualismo simplista son serias. En síntesis la supuesta perfección de Israel que no puede errar no cuadra con los mensajes proféticos del Antiguo Testamento. Tampoco cuadra con la fe neotestamentaria que reconoce tanto al judío como al gentil como santos. Tampoco compagina con las demandas éticas centrales de la ley y la elección. El sionismo cristiano prospera mediante una hermenéutica futurista y muy literalista mediante la cual las promesas del Antiguo Testamento son transferidas y aplicadas al Estado contemporáneo secular de Israel en anticipación de un cumplimiento futuro final. Ignora, pasa por alto y marginaliza los pasajes neotestamentarios que reinterpretan, anulan o describen el cumplimiento y consumación de estas promesas en y a través de Jesucristo.

            El proceso de la historia de la redención ha experimentado un cambio dramático, ha pasado de sombra a sustancia. De la tierra de Canaán que Dios designó para sus propósitos redentivos se expandió en el Nuevo Pacto a todos los rincones del cosmos (Hch 1:7-8) y el Cristo exaltado reina como soberano sobre el mundo entero, desde la Jerusalén celestial (Apo 21:2, 5, 22; 22:1, 3).

            La sustancia o la realidad jamás volverá a ceder a la sombra, porque en la voluntad y los propósitos de Dios las sombras ya no están vigentes. La luz ya vino en Cristo Jesús: "Cuando Dios habla de un nuevo pacto es porque ha declarado viejo al primero; y a lo que está viejo y anticuado, poco le falta para desaparecer" (Heb 8:13 VP). Tenemos que escoger entre dos teologías: una basada en las sombras del antiguo pacto y la otra en la sustancia del Nuevo Pacto. El sionismo cristiano ofrece una teología que enfoca a los judíos en la tierra más bien que una teología abarcadora donde el centro es Jesucristo, nuestro Señor y el Salvador del mundo. Ya es tiempo de compartir las bendiciones del Nuevo Pacto y dejar de luchar sobre la primogenitura como lo hicieron Jacob y Esaú, los hijos de Isaac (Gn 27:1-46).[23]

            Concluímos citando de un libro escrito sobre la misión de Dios en la tierra hoy: "Debido a que fue sólo por la mano de Dios que los israelitas poseyeron la tierra, la conquista está incluída en la recitación de los actos portentosos a favor de su pueblo (Jos 24:2-13). De hecho, de ese tiempo en adelante tres énfasis principales dominaron los confesionarios del pueblo de Dios: su elección a través del llamado de Abraham; su liberación de Egipto mediante la instrumentalidad de Moisés; y el regalo de la tierra (Dt 26:5-11). Obviamente estos elementos tienen sus paralelos en el evangelio neotestamentario con su triada espiritual: la elección de un pueblo que pertenece a Dios; su liberación de la culpa y de la consecuencia del pecado mediante la cruz; y el regalo divino del Espíritu Santo, así proveyendo un enlace eterno con Jesucristo el Señor. El apóstol Pablo apeló a estos mismos actos redentivos en su predicación a los judíos. El identificó al Dios de Israel con el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (Hch 13:16-41)."[24]

 

     [1]Rivka Marchand, "La tierra de Israel," El Nuevo Día (21 de octubre de 2006), 85. Tres otras razones fueron: "Tercero, le "pertenece al judío porque así lo dice la ley internacional" basándose en decisiones de la Liga de las Naciones en 1917 y las Naciones Unidas en 1948. Cuarto, le "pertenece por las prácticas de bienes raíces inglesas en cuanto al buen uso de las tierras. Quinto, le "pertenece al judío por simple compra legal."

     [2]"Front Page Israel," auspiciado por la International Christian Embassy, una organización sionista cristiana.

     [3]Stephen Sizer, "Modern Israel in Bible Prophecy: Promised Return or Impending Exile?" Christian Research Journal (Vol. 29:6 2006), 34-40. En este artículo he seguido de cerca los argumentos de Sizer. Ver también "¿Es Israel el pueblo de Dios hoy?" Las doctrinas sanas y las sectas malsanas (DSySM), IV:99, 103-108.

     [4]Ver "Los alimentos y el cristiano," DSySM, I:30-34.

     [5]Ver la tabla sobre los términos antiguotestamentarios aplicados al pueblo cristiano en el Nuevo Testamento en La Sana Doctrina (Mayo-junio, 2006), 6-10.

     [6]Ver "¿Eres un cristiano del Antiguo o Nuevo Testamento?" DSySM, I:26-29.

     [7]Ver "El sábado y/o el domingo?" SDySM, I:136-144.

     [8]Sizer, 36.

     [9]Sizer, 37.

     [10]Sizer, 37.

     [11]Sizer, 38.

     [12]Sizer, 38.

     [13]Sizer, 38.

     [14]Sizer, 38.

     [15]Sizer, 38-39.

     [16]Sizer, 39.

     [17]Sizer, 39. Ver también "El judaísmo: sus divisiones y el Mesías," DSySM, III:152-164, "De vuelta a Galacia (David Ben Avraham)," IV:73-82 y "Los judaizantes del Siglo XII," XXI:2 (Mar-abril, 2006), 1-10.

     [18]Sizer, 39.

     [19]Sizer, 39.

     [20]Sizer, 39.

     [21]Sizer, 39.

     [22]Ver también "El bautismo en nuestra dispensación," SDySM, II:22-28 y "Dos profetas del movimiento de los 'Jesús solo': William Branham y William Soto Santiago," II:60-70.

     [23]Sizer, 40.

     [24]Arthur F. Glasser, Annuncing the Kingdom (Grand Rapids: Baker Academic, 2003), 98-99.

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