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“El reformador Juan Calvino: su vida y sus obras,” Tomo IV:167, 172-181
Por:  Cristino Graciano

Por: Cristino Graciano*

No resulta nada sencillo, el trabajar en un estudio que trate de abarcar tanto la vida como la aportación que le hizo Juan Calvino al movimiento cristiano. El movimiento religioso acontecido durante el siglo XVI conocido mayormente como "La Reforma Protestante" tuvo en el gran reformador ginebrino, como se le llama a Calvino, uno de sus principales personajes.

Se han escrito muchos libros sobre él, y en muchos otros, se hace una mención especial de él. Hay quien considera a Calvino un hombre de fascinante e inspiradora personalidad. Tal es el caso de Thea B. Van Halsema. En su libro Así fue Calvino se expresa de la siguiente manera:

Es sorprendente ver lo mucho que podemos aprender de la vida de Calvino estudiando sus cartas y sus escritos. Me vuelve a sorprender el hecho de que Calvino fuera un hombre de Dios internacional, que traspasó las barreras de la cultura para llegar a entender e influenciar desde Ginebra el mundo de hoy día. Todavía lo oímos hablar por medio de sus hijos espirituales en muchas partes de la "pequeña gran aldea" que es ahora este mundo.[1]

 

 

Otros autores consideran a Calvino como el principal sistematizador de la teología protestante durante el siglo XVI. Justo L. González opina que "Calvino fue el pensador cuidadoso que forjó de las diversas doctrinas protestantes un todo coherente."[2] Además, se expresa en términos de que "le tocó a Calvino (1509-1564) darle a la teología reformada su forma característica."[3]

Conociendo estos antecedentes, y con la ayuda del Señor, sigamos el curso de algunos de los principales acontecimientos que caracterizaron la vida de Calvino e indaguemos acerca de su aportación al movimiento cristiano.

La vida temprana de Calvino

El País que Vió Nacer a Calvino y su Primer Hogar

Juan Calvino nació a la 1:27 de la tarde, el 10 de julio de 1509, en Noyon de Picardía, como a unos cien kilómetros al noreste de París en Francia. Ya para esta fecha Lutero había pronunciado sus primeras conferencias en la universidad de Wittenberg.

El padre de Calvino, Gerard Calvino, era un hombre que se había formado solo. Era notario y abogado de sacerdotes y canónigos, además de secretario del obispo. Se dice que desde su importante puesto trabajaba sin descanso en favor de la iglesia y de los clérigos. Todos lo apreciaban y respetaban. Era un hombre perspicaz, y también era astuto en velar por sus propios intereses. Gozaba de la amistad de la poderosa familia noble De. Hangest. Por tanto, Juan tenía como amigos a los jóvenes de esta familia, y esa amistad le dio una familiaridad con las costumbres de la sociedad elegante como pocos de los reformadores la tuvieron.

 

La madre de Calvino, Jeanne le Franc, era un mujer hermosa y en gran manera piadosa, hija de un posadero retirado. Su primer hijo se llamó Charles, los próximos dos murieron, y luego nació Juan. Después de Juan le nació otro hijo que se llamó Antoine. Ella murió quizás a consecuencia de la peste, cuando Juan tenía tan sólo tres años de edad. Tras su muerte, una madrastra se unió al hogar de Calvino, y añadió a la familia dos niñas.[4]

Durante catorce años Calvino vivió en Noyon, provincia francesa de Picardía, donde habitaba alrededor de diez mil personas, La ciudad de Noyon, ya en aquel tiempo, se consideraba como muy antigua, y quinientos años después de Cristo se convirtió en sede episcopal.

La Vida Estudiantil de Calvino y su Conversión

El padre de Calvino, Gerard Calvino, se preocupaba mucho por el futuro de sus hijos. Planeaba educarlos para que tomaran puestos en la iglesia Católica, pero necesitaba el dinero para su educación. Utilizando su influencia y conexiones, logró que Juan recibiera los beneficios de ciertos cargos eclesiásticos en Noyon y sus alrededores. Aunque nunca fue ordenado, el primer beneficio le fue asignado a Juan antes que cumpliera los doce años. En aquel tiempo, un muchacho de cualquier edad podía inscribirse para cualquier cargo eclesiástico, recibir el salario, pagarle algo a un sacerdote anciano para que hiciera el trabajo y quedarse con el resto del dinero.[5]

Provisto así con los recursos económicos, Calvino pudo ingresar a la Universidad de París, en agosto de 1523, cuando contaba con apenas catorce años de edad. Allí tuvo la oportunidad de estudiar con Mathurin Cordier, un exsacerdote conocido en toda Francia por su excelente enseñanza. Cordier enseñaba latín y buen francés, e inició a Calvino en el mundo de la buena gramática. Gracias a Cordier, Calvino pudo luego escribir, tanto en latín como en francés, con mucha fluidez y gran brillantez. Continuando su currículo con énfasis especial, como era costumbre entonces, sobre la filosofía y la dialéctica, Calvino completó sus estudios en París, y obtuvo una Maestría en Artes a principios de 1528.

Siendo estudiante, allí en París Calvino se ganó y conservó buenos amigos. Tuvo una amistad muy estrecha con la familia de Guillermo Cop, médico del rey, y simpatizante del humanismo. Tuvo en adición otros amigos, todos gente de alta alcurnia, y que al parecer consideraban también a Calvino como un muchacho fuera de lo común.

Calvino había sido destinado por su padre a seguir una carrera teológica, pero en 1527 Gerard Calvino tuvo una desavenencia con el capítulo de la catedral de Noyon, y tomó una nueva decisión. Quiso que Juan estudiara derecho en vez de teología. Juan Calvino nunca discutió la decisión de su padre en cuanto a cambiar de carrera, sino que obedeció y partió para Orleáns, cuya universidad era famosa por su facultad de jurisprudencia. Allí pudo estudiar con el profesor Pierre de l'Estoile, quien gozaba de gran fama como jurista. Por su aplicación, sólo le tomó un año a Calvino ser conocido más como un maestro de leyes, que como un alumno. En ocasiones llegó a dar clases en sustitución de algún profesor ausente.

Después de pasar un año en Orleans, para el 1529, Calvino se fue a la Universidad de Bourges, donde pudo escuchar a Andrea Alciati, otro célebre jurista de la época, de tendencia humanista. A decir verdad, Calvino se sentía fuertemente atraído por el humanismo, y según González, "se unió a un pequeño círculo de estudiosos y admiradores de Erasmo, y se dedicó a los estudios humanistas."[6]

 

También en Bourges, con la ayuda de un profesor alemán de nombre Melchor Wolmar, excelente profesor de griego, Calvino aprendió el idioma del Nuevo Testamento de forma tal que pudo escudriñar todos sus libros en la lengua original. Escudriñó, además, otros escritos griegos, y hasta es posible que Wolmar al mismo tiempo que le enseñaba griego, también le señalara el significado de los pasajes más apreciados por Lutero y los reformadores.[7]

Calvino se graduó de leyes en 1530 y recibió su licencia para la práctica como abogado, pero a la muerte de su padre en 1531, tuvo la opción de optar por abandonar la práctica del derecho. Según Robert A. Baker, "Su primer amor era la literatura, no el derecho, y después de la muerte de su padre, Calvino estuvo en libertad de abandonar la práctica del derecho."[8] Dueño al fin de sus actos, Calvino entonces se dedicó al estudio del latín, el griego y el hebreo en el Colegio de Francia, institución humanística creada por el rey Francisco I, en París, en 1530.

Después de haber tomado la decisión de ser un erudito, Calvino se sumergió muy pronto en el estudio del latín, el griego y el hebreo. Durante el día asistía a clases, de noche la luz de una bujía brillaba en su celda. Estudiaba, leía, aprendía. Calvino se relacionó de nuevo con su círculo de amistades poco comunes, eruditos como él. De nuevo entró en contacto con la familia de Copp, el médico real. Tomaba parte activa en las charlas en casa de Budé. Esta era la clase de vida que él soñaba.[9]

 

Fue durante este período que Calvino trabajó perseverantemente en su primer libro; su comentario al tratado de Séneca, De Clementia, que fue publicado en abril de 1532. Era un ensayo sobre el filósofo romano Séneca, quien vivió para la época del apóstol Pablo, ya que era muy común que los eruditos leyeran famosos escritos antiguos, para luego, escribir sobre ellos. Acerca de esta obra, Williston Walker en su libro Historia de la Iglesia Cristiana, comenta: "Era una maravilla de erudición, destacándose no menos su profundo sentido de los valores morales; pero en él Calvino no muestra interés por las cuestiones religiosas de la época. Era simplemente un humanista entusiasta y profundamente ilustrado."[10] Se cree que Calvino escribió su comentario sobre el De Clementia de Séneca, con la esperanza de que le ganaría la admiración de los círculos humanistas.

Pero el libro no se vendió. Pasó inadvertido. Calvino le rogó a sus amigos que lo compraran, que lo recomendaran a otros y que le pidieran a los profesores que lo usaran. Envió una copia al erudito Erasmo de Basilea. Pero el libro no se vendió. Aunque ya era una desgracia el que lo ignorasen como nuevo escritor, era peor estar endeudado por la impresión del libro.[11]

 

 

Entre la publicación de su comentario sobre el De Clementia de Séneca en abril de 1532, y el otoño de 1533, Calvino experimentó una conversión repentina al punto de vista evangélico, según su propio testimonio. "Dios subyugó mi corazón...con una conversión repentina," dice Calvino en su comentario a los Salmos, "Inmediatamente me sentí inflamado por un deseo intenso de progresar en mi nueva fe, y aunque no abandoné del todo mis otros estudios, ya no los seguía con el mismo entusiasmo."[12] Aunque sobre las circunstancias de esta conversión nade se sabe con certeza, tal parece que hubo una serie de factores que estuvieron envueltos.

Su padre y su hermano habían sido excomulgados por la Iglesia Romana, lo que pudo haber aflojado la atadura de ese sistema sobre Calvino. Su primo, Roberto Olivetan, ya era un reformador experimentado. La atmósfera humanística de los maestros y la preparación universitaria de Calvino, indudablemente lo movieron hacia las convicciones evangélicas.[13]

 

Desde entonces la religión ocuparía el primer lugar en el pensamiento de Calvino. No se sabe hasta qué punto había pensado aún en desligarse de la Iglesia Romana. Pero el 4 de mayo de 1534, optó por renunciar a los beneficios eclesiásticos que su padre le había conseguido, y que eran su principal fuente de ingresos. Con este propósito en mente se dirigió a Noyon, donde fue encarcelado por un breve período. Aunque pronto fue puesto en libertad, con el comienzo de una severa y genera persecución en Francia, luego de octubre de 1534, Francia era demasiado peligrosa para él. Ya para el próximo año nuevo, Calvino se hallaba seguro en la ciudad de Basilea, que para entonces se había hecho un fuerte centro protestante.

La institución de Calvino

La Dedicación de la Institución y su Propósito

Para el mes de octubre de 1534, un hombre de nombre Antonio Marcourt pegó sus imprudentes tesis en contra de la misa en Francia. La redacción era fuerte y atrevida; así que, estos carteles de Marcourt habían provocado un recrudecimiento de la persecución..

En aquellos días llegaron secretamente a París y a otras ciudades francesas una gran cantidad de carteles, escritos en francés, que protestaban contra la misa católica. En la mañana del 18 de octubre de 1534, los carteles aparecieron misteriosamente en muchos lugares públicos. Incluso, en el dormitorio del rey se encontró uno en el arca donde se guardaba los pañuelos del rey.[14]

 

Francisco I, quien a la sazón era el rey, estaba en negociaciones con los protestantes alemanes con miras a conseguir su ayuda contra Carlos V. Por tanto, como medio para justificar la persecución francesa, publicó una carta abierta en febrero de 1535, donde se acusaba al protestantismo francés de tener propósitos anárquicos que ningún gobierno podía tolerar. Ante esta situación, Calvino se sintió llamado a salir en defensa de sus calumniados correligionarios. Esto dio lugar a que en 1536, mientras se encontraba en Basilea, Calvino hizo publicar la primera edición de su sobresaliente obra, Institutio Christianae Religionis, que pronto fue traducida como La Institución de la Religión Cristiana, pero luego se conoció comunmente como los Institutos de la Religión Cristiana.[15]

 

Calvino dedicó su libro al rey Francisco I de Francia, quien no se imaginó que tal dedicatoria sería apreciada por siglos como una obra maestra de argumentación de las Escrituras y de la historia, y que sería leída por millones de personas en muchos idiomas.

Esta carta-prefacio es una de las obras maestras de la época de la Reforma. Cortés y respetuosa, es una presentación tremendamente vigorosa de la posición protestante y una defensa de sus adherentes contra las calumnias reales. Ningún protestante francés había hablado aún con tanta claridad, mesura y vigor, y con ella su autor, joven de veintiséis años, se colocó inmediatamente a la cabeza del protestantismo francés.[16]

 

Inicialmente, la Institución de la Religión Cristiana, no tuvo la intención de hacer entrar en razón a Francisco I, sino que fue escrita para ayudar a los nuevos creyentes protestantes que necesitaban que se les mostrase las verdades de la Biblia. Hasta entonces, nadie había definido dichas verdades en una forma ordenada. La edición de 1536, aunque lejos de ser el voluminoso tratado en que había de convertirse en la edición de 1559, era ya la más ordenada y sistemática presentación popular de la doctrina y de la vida cristiana que había producido la Reforma.

El Desarrollo de la Institución y su Contenido

La primera edición de la Institución fue publicada en Basilea para el mes de marzo de 1536. El libro, en aquel entonces, tenía tan sólo 516 páginas y era pequeño, de tal manera que cabía en los amplio bolsillos de la época, y por tanto podía circular encubiertamente en Francia. Tenía sólo seis capítulos. Los primeros cuatro hablaban sobre la ley, el Credo, el Padrenuestro y los sacramentos. Los últimos dos eran un resumen de la posición protestante frente a los "falsos sacramentos romanos," y a la libertad cristiana.

En los años subsiguientes, el libro usualmente llamado los Institutos o la Institución, creció significativamente. "Las diversas polémicas de la época, las opiniones de varios grupos que Calvino consideraba errados, y las necesidades prácticas de la iglesia, fueron contribuyendo al crecimiento de la obra."[17] Según González,

Tras la edición de 1536, en latín, apareció en Estrasburgo la de 1539, en el mismo idioma. En 1541 Calvino publicó en Ginebra la primera edición francesa, que es una obra maestra de la literatura en ese idioma. A partir de entonces, las ediciones aparecieron en pares, una latina seguida de su versión francesa, como sigue: 1543, 1545, 1550 y 1551, 1559 y 1560. Puesto que las ediciones latina y francesa de 1559 y 1560 fueron las últimas producidas en vida de Calvino, son ellas las que nos dan el texto definitivo de la Institución.[18]

 

En ediciones sucesivas, Calvino lo amplió desde seis capítulos a ochenta, completando así cuatro libros. En la última edición, la de 1559, la Institución siguió el orden del Credo Apostólico, al tratar de las verdades de la religión cristiana. Al día de hoy, la Institución está disponible en por lo menos diez idiomas.

 

En el primer libro, Calvino aborda el tema del conocimiento de Dios en cuanto es creador y supremo gobernador de todo el mundo. El primer capítulo trata de explicar cómo el conocimiento de Dios y el de nosotros se relacionan entre sí. En cuanto a la relación de estos dos conocimientos, Calvino opina como sigue:

Casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de veras se deba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el conocimiento que debe tener de sí mismo. Mas como estos dos conocimientos están muy unidos y enlazados entre sí, no es cosa fácil distinguir cuál precede y origina al otro, pues en primer lugar, nadie se puede contemplar a sí mismo sin que al momento se sienta impulsado a la consideración de Dios, en el cual vive y se mueve...[19]

 

El segundo libro trata del conocimiento de Dios como redentor en Cristo, conocimiento que primeramente fue manifestado a los patriarcas bajo la ley, y después a nosotros en el evangelio. En su primer capítulo, se dice que todo el género humano está sujeto a la maldición por la caída y culpa de Adán, y ha degenerado de su origen. Habla sobre el pecado original. Inicialmente explica, que para responder a vuestra vocación con humildad, es necesario conocernos tal cual somos.

Sin embargo, el conocimiento de nosotros mismos consiste primeramente en que, considerando lo que se nos dio en la creación y cuán liberal se ha mostrado Dios al seguir demostrándonos su buena voluntad, sepamos cuán grande sería la excelencia de nuestra naturaleza, si aún permaneciera en su integridad y perfección, y a la vez pensemos que no hay nada en nosotros que nos pertenezca como propio, sino que todo lo que Dios nos ha concedido lo tenemos en préstamo, a fin de que siempre dependamos de El.[20]

 

El tercer libro trata de la manera de participar de la gracia de Jesucristo, frutos que se obtienen de ello y efectos que se siguen. Resulta interesante el segundo capítulo, donde se define la fe, y se expone sus propiedades. Calvino entiende que el fin único de toda fe verdadera es Jesucristo.

Es cierto que la fe pone sus ojos solamente en Dios; pero hay que añadir también que ella nos da a conocer a Aquel a quien el Padre envió, Jesucristo. Porque Dios permanecería muy escondido a nuestras miradas, si Jesucristo no nos iluminase con sus rayos. con este fin, el Padre depositó cuanto tenía en su Hijo, para manifestarse en El y, mediante esta comunicación de bienes, representar al vivo la verdadera imagen de su gloria.[21]

 

Para finalizar, el cuarto libro trata de los medios externos o ayudas de que Dios se sirve para llamarnos a la compañía de su Hijo, Jesucristo, y para mantenernos en ella. El primer capítulo habla de la verdadera Iglesia, a la cual debemos estar unidos por ser ella la madre de todos los fieles. En cuanto a la comunión de los santos, Calvino declara:

 

La comunión de que aquí se trata debemos entenderla como la describe San Lucas: "La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma" (Hch. 4:32); y de la que San Pablo hace mención cuando exhorta a los efesios a ser un solo cuerpo y un solo espíritu, ya que son llamados a una misma esperanza (Ef. 4:4). Porque, efectivamente, si en verdad están persuadidos de que Dios es el Padre común de todos, y de que Cristo es su única cabeza, se amarán los unos a los otros como hermanos, comunicándose mutuamente lo que poseen.[22]

Calvino como reformador de Ginebra

Primeros Trabajos de Calvino en Ginebra

Luego de la publicación de la Institución, en la primavera de 1536, Calvino hizo una corta visita a la corte de Ferrara, en Italia. Su estadía fue corta y seguida por una breve visita a Francia, para arreglar sus asuntos particulares y de allí seguir a Basilea y Estrasburgo, donde había pensado establecer su domicilio. Estrasburgo, pensaba él, sería un lugar adecuado para volver a estudiar y escribir, lo que creía ser su vocación. Pensaba que su mayor aportación a la nueva fe protestante, sería sus escritos y libros, con los cuales los creyentes pudieran aprender y ser fortalecidos. En su viaje a Estrasburgo, Calvino tuvo que desviarse de su ruta, para evitar los peligros de la guerra que tenía lugar en toda el área del camino hacia Estrasburgo. Fue así que llegó a Ginebra, y pidió alojamiento por una noche con la intención de proseguir su camino hacia Estrasburgo.

Una vez allí, Guillermo Farel, líder protestante que junto a un grupo de misioneros procendentes de Berna, se encontraban al frente de la vida religisosa de toda la ciudad, convenció a Calvino de que era la voluntad de Dios para él que estableciera la norma evangélica en Ginebra.

Farel, que "ardía con un maravilloso celo por el avance del evangelio", le presentó a Calvino varias razones por las que se precisaba su presencia en Ginebra. Calvino escuchó atentamente a su interlocutor, unos quince años mayor que él, pero se negó a acceder a su ruego, diciéndole que tenía proyectados ciertos estudios, y que no le sería posible llevarlos a cabo en la situación que Farel describía. Cuando este último hubo agotado todos sus argumentos, sin lograr convencer al joven teólogo, apeló al Señor de ambos, e increpó al teólogo con voz estentórea: "Dios maldiga tu descanso, y la tranquilidad que buscas para estudiar, si ante una necesidad tan grande te retiras, y te niegas a prestar socorro y ayuda".[23]

 

Finalmente, el argumento había hecho efecto, y Calvino determinó permanecer en la ciudad. Los próximos dos años Calvino trabajó en esta importante ciudad. Comenzó muy modestamente su obra, actuando como profesor de Biblia, y un año más tarde fue nombrado para formar parte del grupo de los predicadores. Sin embargo, ejercía gran influencia sobre Farel. Juntos trataron de hacer de Ginebra una comunidad ideal, organizada de forma tal que la Iglesia y el estado cooperasen en armonía. En 1537 presentaron al Pequeño Concilio de Ginebra una serie de artículos relativos a la reforma, de la pluma de Calvino. Se proponía la celebración mensual de la Cena del Señor, pero las caídas morales y el descuido de los servicios divinos sin excusa, producían la exclusión de la participación de la Cena. Una segunda iniciativa fue enseñar la doctrina evangélica a los niños, y con este fin Calvino compuso un catecismo. La tercera iniciativa fue la imposición de un credo a cada ciudadano.

El propósito principal de toda esta obra reformadora en Ginebra, era requerir la obediencia total a los principios y doctrinas evangélicas. Pero no todos estuvieron de acuerdo en seguir el camino de reforma que Calvino y Farel habían propuesto. Luego de poco menos de dos años, ambos fueron expulsados de Ginebra por negarse a acatar lo que entendían era intervención indebida del gobierno en la esfera de la Iglesia. Su trabajo en Ginebra parecía haber terminado en un total fracaso.

 

La Organización Ginebrina de Calvino

Luego de su expulsión de Ginebra, Calvino se refugió en Estrasburgo, donde probablemente pasó los tres años más felices y tranquilos de su vida. Fue pastor de los refugiados franceses, y conferenciante sobre teología. Se casó en 1540, con la que había de ser su fiel compañera hasta que ella murió en 1549. Allí tuvo tiempo para escribir, no sólo una edición ampliada de la Institución, y su Comentario a los Romanos, sino también su brillante Repuesta a Sadoleto, que fue considerada con razón como la más hábil defensa del protestantismo en general.[24]

Mientras tanto, un cambio surgido en la situación política de Ginebra hizo subir al poder el partido favorable a Calvino, y sus dirigentes le rogaron que volviera. Ya para el 1541 Calvino estaba nuevamente en Ginebra, y hasta su muerte el 27 de mayo de 1564, él fue el personaje principal de la ciudad.

Calvino logró rápidamente que se adoptara su nueva constitución eclesiástica, las Ordenanzas, aunque con algunas enmiendas. Las Ordenanzas enfatizaban en que el gobierno de la iglesia estaba principalmente a cargo del Consistorio, que estaba compuesto por los pastores y doce laicos conocidos como ancianos. Los laicos eran la mayoría del Consistorio, ya que los pastores eran tan sólo cinco. No obstante, Calvino ejercía gran influencia y el Consistorio casi siempre hacía lo que él deseaba.

Además de esto, Calvino preparó un nuevo catecismo, e introdujo una liturgia, basada en la de su congregación francesa de Estrasburgo. Hizo obligatoria la disciplina de la moral de la comunidad. También se lograron grandes mejoras en la instrucción y en el comercio; pero toda la vida de Ginebra estaba bajo la constante y minuciosa supervisión del Consistorio, ya que Calvino quería hacer de la ciudad el modelo de una perfecta comunidad cristiana.

La fundación de la Universidad de Ginebra y de otras escuelas fue producto de esta época. Calvino alentó la instrucción porque creía en la necesidad de ministros preparados que pudieran exponer la fe verdadera. Creía que la educación religiosa era de especial importancia.

Bajo Calvino, Ginebra vino a ser el puerto de refugio para los protestantes de muchas tierras. Allí se prepararon hombres que volvieron a sus países nativos para llevar adelante la reforma. Aun cuando no siempre reprodujeron servilmente lo que allí habían visto, por medio de éstos y de los escritos de Calvino, ésto llegó a ser el singular factor más poderoso en la formación de los rasgos distintivos de las iglesias reformadas.[25]

 

Sin embargo, a pesar de todos sus logros en Ginebra, Calvino no estuvo libre de los ataques de quienes se oponían a su obra reformadora. Algunos estaban inquietos por el rigor de la disciplina que Calvino defendía, y otros diferían de él en asuntos de doctrina.

 

A pesar de las súplicas de las autoridades de Ginebra en 1541 para que regresara Calvino, habían subsistido muchos oponentes. Para 1553 parecía que los partidarios de Calvino serían derrotados en el voto popular y que resultaría otra expulsión. Sin embargo, ese año, Miguel Servet, un español exasperante y no ortodoxo se abrió paso hasta Ginebra. Antiguo oponente de Calvino, Servet ya estaba bajo condenación por los romanistas tanto como por los evangélicos por sus ataques sobre las doctrinas de la Trinidad y la persona de Cristo. Calvino persiguió vigorosamente a Servet, y el partido de oposición imprudentemente dio señales de favorecer a Servet. Consecuentemente, cuando Servet fue condenado y quemado en octubre de 1553, la victoria de Calvino fue completa. Las elecciones del siguiente año le dieron un triunfo resonante. De 1555 hasta su muerte en 1564, Calvino rigió con poca oposición.[26]

 

Aportación de Calvino al movimiento cristiano

Ginebra una Ciudad para Dios

Calvino se consideraba a sí mismo más bien como erudito, y anhelaba dedicarse al estudio y la escritura. Pero jamás pensó que su visión ministerial sería transformada a tal punto, de llegar a ser el personaje dominante de la ciudad de Ginebra, y uno de los principales héroes de la Reforma.

Mientras los pueblos y países vecinos se encontraban envueltos en guerras y revoluciones, la ciudad de Ginebra avanzaba firmemente a su posición de ciudad de la Reforma en el mundo. Gracias al frágil hombre, quien sufría de frecuentes enfermedades, Ginebra era el cuartel general de la fe protestante para todo el mundo de su época.

Las leyes eran estrictas en la ciudad de la Reforma, la cual pasó de la maldad extrema a la más evidente piedad. Había leyes, tanto para proteger al pueblo como para castigarlo. La influencia de Calvino logró que se promulgaran leyes de sanidad y seguridad pública, algunas de las cuales fueron las primeras en Europa.

No se permitía arrojar basura ni desperdicios en las calles. Los balcones tenían que tener barandas para evitar que se cayera algún niño. No se podían alquilar habitaciones sin permiso de las autoridades. Se exigía a los comerciantes hacer negocios honestos y no cobrar un precio excesivo por sus productos. En Ginebra no podía alistarse a nadie para servir por dinero a otro rey o país. Cuando era época de elecciones, el predicador de la catedral de San Pedro, predicaba excelentes sermones acerca del deber de los ciudadanos en la elección de hombres santos, y del deber de las autoridades electas de gobernar según la ley de Dios y para él.

Todo esto se logró gracias a la obra reformadora de Calvino, quien quería hacer de la ciudad de Ginebra el modelo de una perfecta comunidad cristiana. Calvino coronó su obra en Ginebra con la fundación de la "Academia ginebrina," o como llegó a conocerse, la Universidad de Ginebra, de la cual abundaremos un poco más en la próxima sección. Pero su influencia se extendía más allá de Ginebra. Con el Salterio de Ginebra, publicado en 1562, se dio al mundo cristiano un nuevo tesoro. Además desde Ginebra, En los últimos años de la vida de Calvino, continuaron saliendo libros suyos de las imprentas. Dejó al mundo noventa y seis libros originales. Sus comentarios a la Biblia surgieron de los estudios bíblicos que él daba. Su secretario tomaba notas y después Calvino mismo los revisaba. Dichos comentarios abarcaron todos los libros de la Biblia, excepto nueve del Antiguo Testamento y uno del Nuevo Testamento (Apocalipsis). Su pluma nunca estaba quieta y mantuvo a varios secretarios ocupados. Escribió cartas, cartas y más cartas, de las cuales se han preservado treinta y cinco gruesos volúmenes de ellos, y no son todas. Gracias a los fieles secretarios que escribían cuando Calvino predicaba, poseemos más de dos mil sermones suyos.[27]

 

 

Por último, bajo la dirección de Calvino, la iglesia de Ginebra conoció la paz y el progreso. El número de pastores alcanzó los dieciocho, y el consistorio tuvo verdadero poder sobre todos los asuntos de la iglesia, incluso el de la excomunión.

El Éxito y la Influencia de Calvino

La influencia de Calvino se hizo sentir más allá de la ciudad de Ginebra. La Institución de la Religión Cristiana se convirtió en algo más que una guía de estudio, y vino a ser una obra maestra como confesión de fe. Justo L. González se expresa acerca de esta obra de la siguiente manera:

En toda la obra se manifiesta un conocimiento profundo, no sólo de las Escrituras, sin también de los antiguos escritores cristianos, particularmente San Agustín, y de las controversias teológicas del siglo XVI. Sin lugar a dudas, ésta fue la obra cumbre de la teología sistemática protestante de todo ese siglo.[28]

 

Además, la forma de organización eclesiástica establecida por Calvino en Ginebra, su academia, sus comentarios bíblicos y su frecuente correspondencia, modelaba el pensamiento e inspiraba los ideales del protestantismo de Francia, los Países Bajos, Escocia y los puritanos ingleses.

Pero la mayor gloria de sus últimos años lo fue la "Academia de Ginebra," o como se le conoció posteriormente, la "Universidad de Ginebra." Fue la primera universidad protestante que se levantó en el mundo, y por largo tiempo había sido el sueño de Calvino. Estaba convencido de que Dios desea que sus siervos sean bien educados, personas bien capacitadas, gente superior. Sobre la Universidad de Ginebra, Williston Walker, expresa lo siguiente:

Esta se constituyó en seguida en el mayor centro de enseñanza teológica de las comunidades reformadas no luteranas, y el gran seminario del cual salieron una cantidad de ministros no sólo para Francia, sino en menor número para los Países Bajos, Escocia, Inglaterra, Alemania e Italia.[29]

 

Calvino predicó, enseñó, escribió, tuvo una gran correspondencia, y dio consejos en asuntos de legislación, el cumplimiento policial y la administración. Sus comentarios abarcaron casi toda la Biblia. No obstante, sin lugar a dudas, su influencia se hizo sentir en diversas partes de Europa, debido en parte a la Universidad de Ginebra, y en parte a la Institución de la Religión Cristiana, tal como lo indica Justo L. González, quien opina como sigue:

En todo caso, debido en parte a la Academia de Ginebra, y en parte a la Institución de la Religión Cristiana, la influencia de Calvino pronto se hizo sentir en diversas partes de Europa, y a la postre surgieron varias iglesias en Holanda, Escocia, Hungría, Francia, etc., que seguían las doctrinas del reformador de Ginebra, y que se conocen como "reformadas" o "calvinistas".[30]

 

 

También Calvino, al igual que Lutero, tuvo una influencia que se extendió sobre gran parte de la Europa Occidental, gracias a sus escritos. Pero a diferencia de Lutero, que era profundamente emocional, Calvino era más intelectual, lúcido, lógico, parecía poner un mínimo de emoción en su predica y sus escritos. Procuró actualizar comunidades cristianas ideales. Sería adecuado finalizar esta sección con un comentario de Williston Walker acerca de la influencia de Calvino.

Su influencia penetró en Polonia y Hungría, y antes de su muerte el calvinismo había echado raíces en la propia Alemania sudoccidental. Los hombres seguían su pensamiento. El suyo era el único sistema producido por la Reforma que pudiera organizarse poderosamente frente a la hostilidad del estado, como en Francia e Inglaterra. Preparaba a hombres fuertes, confiados en su elección, para ser colaboradores de Dios en la realización de su voluntad, valientes en la lid, de carácter persistente, y confiados en que Dios había dado en las Escrituras la guía de toda recta conducta humana y culto adecuado. Los discípulos espirituales de Calvino, en las más diversas tierras, llevaban estampa común. Esta fue la obra de Calvino, el dominio de mente sobre mente, y ciertamente en la época de su muerte, en Ginebra el 17 de mayo de 1564, merecía la calificación de "el único reformador internacional."[31]

 

Después de haber tenido la oportunidad de seguir el curso de algunos de los principales acontecimientos que caracterizaron la vida de Juan Calvino, y de indagar acerca de su aportación al movimiento cristiano, no queda sino el reconocer en él, a un hombre humilde, pero de pujante espíritu, quien no cejó en su empeño de llevar a cabo su obra reformadora.

Calvino hizo una contribución importante a la teología protestante, en una época donde buena parte de la teología protestante había tratado casi exclusivamente sobre el tema de la salvación. Se abordaba la teología a través de la soteriología. Pero Calvino abordó la teología a través de cuestiones que iban más allá de la soteriología. En este particular, es interesante la opinión de Justo L. González en cuanto a la teología de Calvino. El afirma:

Es necesario tomar a Calvino en serio. No se le toma en serio cuando se le acusa de haber destruído la Reforma protestante haciéndola demasiado rígida y sistemática. Tampoco se le toma en serio cuando se le interpreta únicamente a la luz de las generaciones que le siguieron y que crearon la ortodoxia calvinista. Es necesario leerle de nuevo a la luz de sus intereses profundamente pastorales y del momento histórico en que le tocó vivir; hacia el fin del período formativo en la teología protestante. Cuando así se lee, Calvino aparece como uno de los teólogos más importantes de todos los tiempos.[32]

 

A través de los siglos, las ideas y los escritos de Calvino, han permanecido poderosamente vivos. Tomados de la bendita y viva palabra de Dios, han alcanzado e influenciado a una gran parte del mundo cristiano. "Así fue Juan Calvino, poderoso servidor de Jesucristo. Este fue el hombre humilde que vivió bajo el lema: Soli Deo Gloria. Ese era el anhelo del hombre de la calle del Cañon: "Sólo a Dios sea la gloria.”

 

*El carácter y la doctrina del reformador Juan Calvino han sido objetos de mucha controversia, prejuicio y falta de conocimiento a través de los siglos. Aquí se presenta una de varias visiones de esta figura de gran influencia para el movimiento protestante evangélico. Esta fue escrita por un estudioso que prefirió usar un nom de plume más bien que su verdadero nombre.

 

 

     [1]Thea B. Van Halsema, Así fue Calvino, 2da. ed. (Gran Rapids: Libros Desafío, 1998), 9.

     [2]Justo L. González, Historia del Cristianismo, vol. 2 (Miami: Editorial Unilit, 1994), 71.

     [3]Justo L. González, Historia del pensamiento cristiano, (Nashville: Editorial Caribe, Inc., 1992), 138.

     [4]Val Halsema, 18.

     [5]Van Halsema, 21.

     [6]González, Historia del Cristianismo, 2:73.

     [7]Van Halsema, 40.

     [8]Robert A. Baker, Compendio de la historia cristiana (El Paso: CBP, 1999), 198.

     [9]Val Halsema, 42-43.

     [10]Williston Walker, Historia de la Iglesia Cristiana (Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, s.f.), 390.

     [11]Van Halsema, 46.

     [12]Van Halsema, 52.

     [13]Baker, 198.

     [14]Van Halsema, 59.

     [15]Kenneth Scott Latourette, Historia del Cristianismo, Vol. 2 (El Paso: CBP, 1992), 101.

     [16]Walker, 392.

     [17]González, Historia del Cristianismo, 2:74.

     [18]Ibid.

     [19]Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Vol. 1, 4ta. ed. (Rijswijk, Países Bajos: Fundación Editorial de Literatura Reformada, 1994), 3.

     [20]Calvino, Institución de la Religión Cristiana. I:161.

     [21]Ibid., 406.

     [22]Calvino, Institución de la Religión cristiana, 2:805.

     [23]González, Historia del Cristianismo, 2:76.

     [24]Walker, 396.

     [25]Latourette, 2:108.

     [26]Baker, 201.

     [27]Van Halsema, 235.

     [28]González, Historia del Cristianismo, 2:74.

     [29]Walker, 400.

     [30]González, Historia del Cristianismo, 2:78.

     [31]Walker, 400-401.

     [32]González, Historia del pensamiento cristiana, 3:181.

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