Un extracto sobre El Código Real Tomo VIII:187-188
[SD mar-abr 2014, 15-16]
Por:  Dr. Donald T. Moore

Los editores alegan que el Nuevo Testamento[1] es un código porque se trata de un esfuerzo de restaurar las leyes (Toráh) de Moisés (Moshé), que forman un documento legal que debe ser observado y obedecido en el día de hoy. Es una versión para reconstruir el carácter judío representado por Jesús durante su vida en Palestina, y por el apóstol Pablo en Roma. Como tal, reclama ser una traducción superior a otras versiones del Nuevo Testamento en español y griego y es el mejor y único texto fiel al hebreo.

              Es un código Real, porque tiene que ver con el Mesías (Mashíaj) Jesús (Yeshúa), el rey e hijo de la casa real de David. Aunque los editores se refieren a él en términos de su Majestad y su Alteza, no lo aceptan como el Eterno Dios (Di-os). De hecho, es un hombre que sólo se hace inmortal a base de su resurrección, y su misión divina de redención es una parecida a las misiones de los ángeles (Elojim). De esta manera disminuye su deidad transformándolo esencialmente en un ángel-ministro judío que cumple no sólo una misión de redención sino de sernos ejemplo de crear una generación de varones espirituales, de restituir el Nombre Sagrado (YHWH) a su lugar propio, y de enseñar a los gentiles “las leyes del Reino.” Además, durante su vida habló solamente el hebreo.

              En un sentido, El Código Real es el producto de una secta, como otras tantas, que ingenia su propia Biblia con sus propósitos sectarios, pero en este caso identifican a Jesús y sus enseñanzas con lo enseñado en el Antiguo Pacto del Antiguo Testamento. Alegan que sus enseñanzas son una continuación de estas enseñanzas y, por ende, su restauración. Reclama ser una traducción judía con el propósito de restaurar el contexto, el trasfondo, la cultura y la autoridad perdida en las versiones anteriores de la Biblia en español. En este sentido, es un esfuerzo ingenioso para clarificar el texto y mensaje del Mesías al insertar palabras hebreas; pero en realidad, en vez de aclarar su mensaje, logra oscurecerlo, especialmente para el lector que no entiende las palabras hebreas y términos coloreados y opacados por interpretaciones judaizantes. En realidad, el uso de palabras hebreas NO lo hace más ameno al lector hispano, sino que le aleja más del Padre Eterno de Jesús. Tiende a convertirlo en un Ser transcendente, distante o alejado del creyente, oscureciendo así la presencia del Señor como inmanente y personal; aunque existen algunos intentos de subrayar o enfatizar una espiritualidad, tal vez, personal, aun mística. Así que, en vez de facilitar una relación espiritual personal, en realidad lo hace más difícil; pero en todo este esfuerzo, intencionalmente, borra la enseñanza de Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. En vez de ser el Nuevo Testamento una restauración de la ley y el Antiguo Pacto, como los editores alegan, narra el cumplimiento de la Toráh y el resto del Antiguo Testamento, llegando a su máxima expresión de la revelación divina, que es la manifestación personal y vivida del amor y verdad en Jesucristo (Jn 1:14,17-18). En el mismo Sermón del Monte, Jesús subrayó el hecho de que el mismo Hijo del hombre estaba dando el verdadero significado de la ley (Mt 5:17-18, 21-22, 27-28, 31-32, 33-37, 38-39, 43-44) y, con autoridad, el Libro de Hebreos recalca que la relación de Jesús como Hijo lo hace muy superior a todo ser (He 1:1-14) con o sin rango, incluyendo a los ángeles.

              Además, en vez de la trasmisión de su texto ser “la cadena ininterrumpida de testigos hebraicos” al Nuevo Testamento en hebreo, los editores presentan una interpretación subjetiva y prejuiciada por su anhelo pensado sin mostrar lo suficiente los supuestos documentos escritos existentes o copias continuas a través de los muchos siglos desde el primero. Por eso al final se ven obligados a admitir que no existe texto hebreo único y definitivo.

Los títulos que usan para Jesús rebajan la importancia y el significado de llamarle el Señor y Salvador. En cuanto al primero, debe ser señor con minúscula y Salvador se vincula casi exclusivamente con el significado del nombre Jesús, que alegan que en la forma transliterada del griego al español que se usa normalmente opaca su relación con su misión divina de redimirnos. Por lo tanto, Jesús no es igual al Padre Eterno, aunque tenga uno que otro oficio o don divino. Se nota que se da mucho espacio a definir la palabra “Elojim” para fortalecer su argumento de que el Mesías no es igual a Dios, sino sólo un dios y un señor. Y eso demuestra que son unitarios que rechazan al Dios Trino.

              ¿Se puede recomendar el llamado Código Real? NO. Definitivamente no es posible recomendar El Código Real como una traducción confiable para el uso de un cristiano serio que quiere crecer espiritualmente y ayudar a otros de habla hispana en sus vidas espirituales. Pero el texto en Hebreo junto con el español que podemos recomendar es El Nuevo Testamento en Hebreo y Español (publicado por la Sociedad para la Distribución de las Sagradas Escrituras a los Judíos en Middlesex, Inglaterra.)

 

 

[1] Se alega que “... no se trata de un Nuevo Testamento, sino de la Renovación del Testamento” (51).

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