La magia y el cristianismo
Por:  Dr. Donald T. Moore

Muchos cristianos combinan sus creencias y prácticas con la magia que a veces se conoce como la brujería, a pesar de las prohibiciones que se encuentran en tres listas de pecados en el Nuevo Testamento (Gá 5:19-21, Apo 21:8 y 22:15). Una de las razones para estas violaciones es que no saben distinguir entre el cristianismo y la magia. Es importante aprender a distinguirlos.

La diferencia entre los dos

El cristianismo y la magia difieren tanto en sus propósitos, sus actitudes, sus métodos, su comportamiento como en su origen. El cristianismo tiene como propósito relacionarse con Dios de manera que uno pueda vivir en paz con El. Busca armonizarse con Dios; trata de reconciliarse con El; busca el perdón de Dios acatando a las condiciones estipuladas por su Señor. La persona que practica la magia tiene otro propósito. Busca aprovecharse de los poderes sobrenaturales y espirituales para lograr sus propios fines; así que para dicha persona los poderes divinos son solamente medios para lograr sus fines y propósitos individuales que con frecuencia son egoístas aunque puedan ser socialmente buenos o malos. Como consecuencia la magia trata de lograr sus fines "mediante fórmulas y actos que son considerados intrínsecamente efectivos en una forma casi determinista."

Asimismo hay una diferencia notable entre las actitudes del cristianismo y la magia. El cristiano se acerca a Dios con una actitud de dependencia. Sabe de que como él estaba hecha a la imagen de Dios depende totalmente de su Creador, quien es el original. Entra a la presencia del Señor con reverencia y humildad dándole gracias por su bondad, su gracia, su misericordia y su ayuda, o humildemente le pide, le ruega, le suplica y le hace petición, dispuesto a aceptar su santa voluntad en la forma expresada en el "Padre nuestro:" "hágase su voluntad en la tierra como en el cielo." Así que se dirige a Dios para complacerlo y obtener de El algunos favores especiales; por eso le hace súplica, petición y ruego de forma sumisa.

La actitud de la magia con su conjuro es completamente contraria. Se acerca a los poderes sobrenaturales y espirituales con arrogancia y con autosuficiencia. Opera en forma autónoma e independiente, pues su eficacia emana de las mismas palabras, que ha de pronunciarse siempre del mismo modo. Forman solamente otra fórmula más para conseguir sus metas sin pedir o hacer petición. Se cree en un ritual o conjuro mágico en el cual el orden de las palabras o cierto tipo de comportamiento tiene la virtud o el poder de producir determinados resultados. Contiene casi siempre un mandato y tiene por objeto forzar la comparecencia y la acción al instante con la que se va a operar. Demanda lo que quiere; con una fórmula o con sus conocimientos o con una sustancia especial piensa obligar a los poderes a acatar a sus anhelos. Exige de ellos lo que propone; propone y planea coaccionar, controlar y someter lo sobrenatural. Así se adueña de esa fuerza y poder y lo administra, poniéndolo a su servicio y utilizándolo para alejar otros poderes.

            El cuento clásico de Aladino y su lámpara ilustra esta actitud de la magia. El muchacho tiene la lámpara en su posesión y con ella tiene el poder del genio en sus manos. Sólo con el truco de frotar la lámpara hace que salga el genio gigantesco que se pone humildemente a las órdenes del muchacho. El genio tiene que obedecer lo que se le ordena a pesar de ser un gigante con múltiples poderes mayores que los del muchacho.

            El Talismán, la famosa novela de Sir Walter Scott de Escocia, también ilustra lo mismo. En su cruzada en la tierra santa se enfermó Rey Ricardo Corazón de León de Inglaterra con una fiebre que ninguno de sus médicos podría bajar. Se veía obligado a quedarse en la cama hasta que alguien se comunicó con Saladino, su enemigo musulmán, para conseguir un polvo mágico que lo curó al instante de tomarlo. Con sólo tomar el polvo le fue causa suficiente para surtir sus efectos mágicos de la sanación.

            Difieren la magia y el cristianismo en términos del objeto de su fe. El cristiano tiene como objeto de su fe a Dios; cree y confía en Dios a través de Jesucristo. En la magia no se tiene que confiar en Dios, por eso uno pone su confianza en su truco, receta, fórmula, palabras rituales, conocimientos o una sustancia material especial. Sólo eso se necesita, nada más. Y eso es el objeto de su fe. Además, difieren en cuanto al origen de su poder. El poder del cristiano se origina en el Trino Dios mientras que el poder en la magia procede del maligno y sus secuaces. El poder del maligno también produce señales, pero son menores (compare Moisés y los magos delante del faraón en Ex 7:8-13).

            En resumen se puede expresar la diferencia básica entre la magia y el cristianismo de la siguiente manera. La magia hace el intento de dominar, manipular, manejar, coaccionar y controlar los poderes sobrenaturales. Sólo con su técnica logra el control externo sobre ellos; somete y domina las fuerzas y poderes superiores a través de la posesión de la fórmula compulsiva. El rito consiste en la manipulación mediante unas técnicas y sólo a través del rito puede esperar resultados tangibles. El comportamiento del cristiano es lo contrario. El cristiano ruega, hace petición conforme a la voluntad divina; se acata, se somete y se rinde a Dios dispuesto a reconciliarse con El, obedeciendo siempre con una buena disposición las condiciones de Dios. Para el cristiano el rito es una manera de recordar simbólicamente lo que ocurrió en la historia de la redención.

Ejemplos de cristianos que combinan las dos

            Varios años pasados cuando visité a un hermano en su casa al lado de un río, me dijo tan pronto como comenzamos a conversar, que su hija de unos tres o cuatro años se despertaba gritando de noche, y lo había hecho por varias noches seguidas. Me dijo que estaba llegando a la conclusión de que la causa de su comportamiento anormal se debía a que no la había bautizado todavía. Así que pensó que con sólo bautizarla le curaría de sus gritos nocturnos. Como muchos otros expresaba la actitud de que al niño bautizado no podría caerle ninguna brujería ni espíritus perversos. Pero en realidad el bautismo bíblico nunca ha tenido el propósito mágico de sanar, de eliminar gritos a media noche o de proteger a uno de los espíritus y brujos (vea el bautismo de Jesús en Mt. 3:13-17 y Ro 6:1-11).

            En otra ocasión visité a un hermano en su casa en cima de una montaña. Al entrar en la sala me dijo que durante la semana anterior sentía dolor de muela mientras que estaba sentado en ese mismo sillón, que al sentir el dolor buscó la Biblia y la colocó en cima del lugar del dolor. Se quedó dormido y cuando despertó no tenía el dolor. Veía en esto el poder de sanar de la Biblia. Pero en realidad la Biblia no se escribió para quitar el dolor del cuerpo. Es un libro sagrado con un mensaje inspirador y alentador que hay que leer, entender y obedecer. A pesar de esto muchos suponen que si leen la Biblia, les producirá a la locura -- es para ellos, entonces, algo mágico que obra lo malo.

            Otros reconocen que la Biblia es la Palabra de Dios y contienen un mensaje beneficioso para ellos, pero no saben en que parte de ella encontrar el consejo que necesitan de momento. Así optan por un procedimiento mágico. Cierran la Biblia y sus ojos; la abren de nuevo y sin ver ponen su dedo, luego leen el pasaje donde está su dedo. Por medio de esta fórmula mágica esperan encontrar la dirección de Dios para su problema. No obstante, esa práctica les puede llevar a soluciones más graves que el problema original -- como fue el caso de una joven que dirigía un culto y puso su dedo en un pasaje de los Cantares para leer, pero no pudo terminar la lectura en alta voz a los hermanos por las lágrimas de vergüenza que brotaban de sus ojos. También existe el caso de una profesora que abrió la Biblia a un pasaje en Ezequiel que hablaba del derramamiento de sangre. ¿Qué le tocaba hacer -- matar? Eso no es la forma de usar las Sagradas Escrituras. La Biblia es "útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el nombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien" (2 Ti 3:16-17), pero hay que entender o trazar debidamente ese mensaje de verdad (2 Ti 2:15).

            Otros cristianos sienten que el rezo o la oración y el ayuno son unas de tantas técnicas o fórmulas para garantizar a que Dios los escuchen, los atienda y cumpla al instante sus peticiones. Los programas radiales a veces le dicen al radioescucha a poner su mano en cima del radio o agarrar o tocar al manto de Jesús. Otros leen o repiten con regularidad o a ciertos intervalos las mismas palabras o el mismo pasaje bíblico o el mismo rezo u oración o ademán o señal, creyendo que la repetición misma de esa fórmula garantizará a que Dios les conceda lo deseado. A veces el evangelista acepta la mera repetición de las palabras de una oración por la salvación lo suficiente para convertir al alma a Cristo. Todo esto raya en combinar la magia con la fe cristiana.

Formas de la magia

            Existen varias formas de clasificar la magia, como la natural, la mímica (imitativa o analógica), la "negra" y la "blanca" (contaminante). (Otra clasificación es cuádruple: la sanidad mágica, la revelación mágica, los procedimientos mágicos para apoderarse de otros y la magia para protegerse.) En el caso de la magia natural se asume que los espíritus reaccionarán a determinado objeto de la misma manera que los seres humanos. En el caso de la mímica se imita con anticipación los resultados deseados.

            Los antropólogos han usado los términos de magia negra y blanca, dependiendo si tiene el propósito de herir o de ayudar a determinada persona. Para beneficiar a uno en el amor se puede comprar una receta en la Botánica o unos velones de San Antonio o tipos de agua para baños como "vente conmigo." Algunos reciben o envían cartas en cadena para la buena suerte o llevan objetos consigo o los conservan en su casa, tales como la patita de conejo, la herradura, la estatua de Buda, o una medalla con un signo astrológico o símbolo cristiano. Los santiguadores hacen la señal de la cruz sobre la parte afectada por una enfermedad a la vez que repiten sus ensalmos. Todo esto tiene el objeto de defenderse de la brujería y de atraer la buena suerte.

            La magia negra también se conoce como la hechicería o brujería, y tiene como su propósito usar los poderes de los espíritus para herir a las personas. Puede ser para hacerlas enfermar, para destruir el matrimonio o para perder el empleo. Se practica a veces poniendo alfileres en muñecas de trapo. Se inserta el alfiler donde se quiere herir a la persona con el conjuro apropiado. También a veces se utiliza fotografías de la misma forma o en forma parecida. En otras ocasiones se utiliza pelo de la persona o algún efecto personal. En la sociedad puertorriqueña hay una sola persona que brega con la magia negra y blanca, mientras que en otras sociedades hay una persona diferente para cada una. Normalmente estas personas son espiritistas y a veces se llaman madamas o santiguadores que a pesar de su nombre no son católicos prácticos.

            El fetichismo es también un elemento integral a la magia. Esto se refiere al uso del poder de ciertos objetos materiales para ejercer influencia sobre los poderes espirituales sobrenaturales. A veces se lleva el objeto en cima de uno, y se llama amuleto, resguardo, o talismán. El poder sobrenatural es entendido como un atributo de ciertos objetos o a veces como sede o casa de los espíritus. Uno muy común en nuestra sociedad es el azabache. La forma del azabache puede ser una manita, los ojitos de Santa Lucía u otras formas. Se cree que con sólo pinchar a la ropa del bebé o ponerlo en su brazo le protege del mal de ojo de alguien que inconsciente o intencionalmente le puede hacer daño por envidia o por otros motivos. El azabache tiene el propósito esencial de proteger al niño del poder de los espíritus malignos.

            Otro ejemplo es el uso de la cruz o un objeto religioso como algún santo o medalla o escapulario. En muchas casas arriba de las puertas colocan una cruz creyendo que sólo con la presencia de este objeto o símbolo de la redención cristiana se protege la casa de la penetración de los espíritus malignos. A veces en conjunto con la cruz o sólo colocan sobre la puerta principal un cuadro de San Miguel reprendiendo al diablo. Otros ubican un vaso de agua o pan arriba de la puerta para que eso nunca falte en la casa. Otros ponen un vaso de agua en el altar de la casa para hacer contentos a los espíritus sedientos. Otros dependen del incienso quemado en la casa o algo rociado a diario por todo el sitio para apaciguar a los poderes malignos. Para determinar el futuro del hijo se conserva y coloca el cordón umbilical en cierto sitio. Un día le pregunté a un universitario que llevaba una medalla de metal muy extraño por su cuello sobre su propósito. Me dijo que le protegía de ondas que provenían del espacio de los poderes extraterrestres. Otro joven en una clase desabotonó su camisa mostrando un collar llamado las siete potencias y me dijo que era para que él pudiera abandonar ciertas costumbres malas que tenía. Otras personas tienen un anillo de indio para su protección.

La magia y Jesús

            ¿Cómo se relaciona todo esto con el creyente en Cristo? Posiblemente si vemos a Cristo en acción, nos ayudará contestar esta pregunta. Un día Jesús iba caminando de prisa por las calles estrechas y congestionadas de gente hacia la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, cuando una mujer con un derrame de sangre por doce años tocó el borde sagrado de su túnica (vea Nú 15:37-41; Dt 22:12) esperando sanarse. Ya ella había agotado todos sus recursos económicos buscando la sanidad, pero nunca encontró un remedio efectivo. Al tocar a Jesús, sintió una curación, pero al mismo instante Jesús se detuvo y preguntó quién le había tocado. Al principio Pedro trató de convencerle que era un toque casual e imposible de identificar. No obstante, Jesús insistía que poder o virtud había salido de El y quería saber quién era la persona que le había tocado. Con esta persistencia de Jesús, temblando, la mujer se arrodilló delante de El confesando que había sido ella. Sólo después de haber aclarado a todos que era su poder que la curó, Jesús le dijo que la parte de ella en su sanidad fue su fe (Lu 8:42b-48; Mar 5:21-43; Mt 9:18-26). La fe en Jesús junto con su poder efectuó la sanidad.

            En relación con este incidente uno pregunta, ¿por qué quería Jesús que ella confesara su acción delante del público en plena calle? ¿Por qué insistía a que la mujer pasara por ese susto traumático y de tanto angustia? Debía haber sido por una razón muy importante. No era para efectuar una sanidad, porque ya estaba sana. Entonces, ¿por qué? ¿Fue para beneficiar a ella o a otros? ¿Se debía a un deseo de enseñar algo?

            Probablemente la razón más importante fue la siguiente. No quería que la mujer sanada pensara o dijera equivocadamente que el borde de la túnica de Jesús había efectuado la sanidad. Esa clase de testimonio podría convencer a otros de que con sólo tocarlo, se sanaría. De esa manera se trataría de un borde mágico. Quería, además, que la misma mujer entendiera de que se trataba de una curación que Jesús mismo había efectuado, pero de que también la fe de ella, aunque imperfecta por ser supersticiosa según Hershel Hobbes, había sido un instrumento. La esencia del problema era que ella estaba en peligro de poner su fe en un objeto material, en confiar en una técnica de curación donde no tenía que pedir a Dios nada en lo absoluto. Jesús quería depurar su fe. Por eso el Mesías le hizo claro de que no era un objeto mágico lo que la sanó. Fue la misma virtud o poder que salió de El. Jesús no quería que ella mezclara su fe con la magia, y se detuvo con la determinación de evitarlo. No quiere tampoco que nosotros mezclemos la magia con la fe y práctica cristiana.

            Jesús también rechazó la magia en sus tentaciones cuando rehusó usar su poder para cambiar piedras en pan y volar en el aire (Mt 4:1-11); éstos son proezas típicas de los brujos. ¿Fue la misma motivación lo que le llevó a condenar muchas veces a los religiosos que buscaban señales (Lu 11:29, Mar 8:11-12, Mt 16:1)? ¿Fue también su motivación a condenar la mucha repetición en la oración (Mt 6:7-8)?

            En el libro de los Hechos algunas personas caían en la trampa de una fe imperfecta, porque quería estar en la sombra de los apóstoles (5:15) o tocar su ropa (19:13-17) o llevaban y ponían sobre los enfermos pañuelos o delantales que habían tocado el cuerpo del apóstol (19:11-12). No tenemos evidencia de que los apóstoles aprobaran o corrigieran estas prácticas, pero la reacción que tuvo Jesús en el caso de la mujer con el derramamiento de sangre nos sugiere que El hubiera tomado el tiempo necesario para corregir todas las prácticas que rayaban en ser mágicas.

La magia y el cristiano de hoy

            La actitud del cristiano hacia las prácticas mágicas es muy importante. ¿Existe en realidad fórmulas mágicas que pueden manipular los poderes sobrenaturales? Algunos racionalistas dicen que no, que todo es sugestión, que todo está en la mente, o que todo es engaño o superstición, y para ellos nada de eso funciona en realidad. Otros dicen que de verdad los poderes sobrenaturales afectan para el bien o para el mal al ser humano. Cristo siempre manifestaba una actitud realista, y el cristiano realista reconoce que el poder de Cristo puede más que el poder y el rito mágico del maligno. Este es el nivel más alto o de más madurez espiritual, pero muchos cristianos se encuentran en un nivel inferior a este, el nivel de la prohibición. Le prohíben a otros o no hacen ciertas cosas sólo por el hecho de que es algo prohibido. La prohibición a otros no beneficia a la persona tanto como la buena instrucción bíblica sobre estas cosas. Una vez que las personas sean bien instruidas, el Espíritu Santo las hace ver lo que tienen que hacer. A la vez hay que reconocer las consecuencias negativas y eternas de la práctica de la magia y la brujería. Pablo nos avisa en su carta a los Gálatas "que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios" (Gá 5:21).[1]

            El poder superior de Cristo para vencer se ve en el libro de los Hechos donde tres pasajes demuestran con claridad el poder vencedor de Cristo a través del Espíritu Santo. En el primero (8:9-14) Simón, el brujo de mucha fama en Samaria, se siente atraído a la religión cristiana debido al poder superior que tenían los discípulos de Cristo. En el segundo (13:6-12) el apóstol Pablo y Barjesús (Elimas), un brujo y falso profeta, tienen una confrontación o encuentro en la corte del procónsul Sergio Paulo. Pablo por medio del Espíritu Santo demuestra tener el poder superior, porque queda ciego el brujo y el oficial romano se convierte a Cristo. En el tercero (19:11-20) unos exorcistas judíos trataron de usar el nombre de Cristo como palabra mágica sin conocer personalmente a Jesús como Señor y Salvador de sus vidas y por eso fueron derrotados. Como resultado muchos creyentes en la magia quemaron sus libros mágicos y confiaron en el Señor.

            Como cristianos se espera que seamos guiados por el mismo Espíritu al buscar las decisiones correctas en situaciones difíciles (compare Col 1:9sq y la oración de Pablo por los cristianos en Ef 1:17). La oración de Pablo sugiere fuertemente que se espera de los creyentes en una comunidad que no sólo deduzcan la voluntad de Dios de textos bíblicos sino también oren y se aconsejen mutuamente para adquirir el entendimiento espiritual sobre los problemas de prácticas espirituales y morales de la vida. El cristiano espera así dirección para hacer sus decisiones. En las luchas y retos decisionales de la vida, la Biblia no nos quita la responsabilidad y la obligación de agonizar sobre la toma de decisiones, porque no todos los actos mágicos son señalados en ella. Tenemos que acercarnos a Dios por medio de la oración en busca de "sabiduría espiritual" (Stgo 1:5). Así cumplirá la promesa de dirección en el ejercicio de la fe cristiana, pero siempre tenemos seguridad eterna en Cristo aun en casos de no poder lograr hacer decisiones correctas.


     [1]Para otras consecuencias funestas vea el capítulo sobre "El Espiritismo y el Cristiano" en el volumen 1 de Las doctrinas sanas y las sectas malsanas.

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