“Las lenguas: ¿evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo?”
Tomo II:49-59
Por:  Dr. Donald T. Moore

                                                                

            Una de las distintivas del movimiento pentecostal[1] que tuvo su comienzo al principio de este siglo es la creencia en que la experiencia de hablar en lenguas extrañas es la señal o evidencia inicial física que siempre acompaña el bautismo en el Espíritu Santo. Se arguya que si uno no habla en lenguas, entonces no ha sido bautizado en el Espíritu Santo. Para los pentecostales tradicionales esto no significa que la persona no haya recibido al Espíritu Santo y, por ende, no tiene la salvación, debido a que para ellos la fe misma es una obra del Espíritu (1 Cor. 12:3) y la fe en Jesucristo es lo que salva y el bautismo en el Espíritu mencionado en los Hechos tiene el propósito de dar poder al creyente para servir (Hch. 1:8). De manera que aunque no es un requisito para la salvación, cada creyente en Jesucristo debe buscarlo ansiosamente y ardientemente esperarlo con fe hasta que se reciba la prometida bendición de Dios. Esto hace claro, entonces, la necesidad de una segunda bendición después de la salvación[2].

            Pero, hay otros pentecostales más radicales que insisten en que a menos que uno haya sido bautizado en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas, esa persona de ningún modo haya recibido el Espíritu de Dios. Así que ellos no hacen ninguna distinción entre la llenura o la plenitud del Espíritu mencionada en los Hechos (1:5, 8; 2:4; 4:31) y la posesión del Espíritu mencionada a través del resto del Nuevo Testamento (Ro. 8:9-11; 1 Cor. 3:16). Creen como Pablo que una persona sin el Espíritu de Cristo "no pertenece" a Dios (Ro. 8:9) y como consecuencia si no habla en lenguas, tampoco está salvo.

 

Los Argumentos Pentecostales[3]

 

            La necesidad de las lenguas como señal exterior física que es la evidencia de haber recibido el Espíritu Santo se basa casi en su totalidad en cuatro pasajes del libro de los Hechos. Según dicen es una señal física y audible para todos para permitir a uno saber con certeza si ha entrado o no en el plano de la vida espiritual.

            En Hechos 2:1-4 se afirma que las lenguas fueron "una señal" de que los discípulos habían recibido al Espíritu Santo prometido por Jesús antes de su ascensión al cielo (Lu. 24:49; Hch. 1:4-5). Luego se pregunta, "¿Por qué pensar que la señal sería diferente en el día de hoy?" Así que la conclusión obvia es que todo creyente tiene el derecho a la promesa del Padre según el mandato de Jesús el cual es recibir el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de otras lenguas.

            Para los pentecostales los eventos en Hechos 8 comprueban la doctrina de la evidencia inicial. Felipe predicó las buenas nuevas a los samaritanos y a Simón el brujo que tenía muchos seguidores (8:5-11). Los samaritanos que creyeron también obedecieron el mensaje de Felipe y fueron bautizados en agua (8:12). No obstante, no recibieron al Espíritu Santo. Luego, Pedro y Juan viajaron de Jerusalén y oraron que los samaritanos "recibieran el Espíritu Santo" (8:15). Aunque las lenguas en sí no se mencionan en los Hechos 8:17-19, Simón vió algo que debe haber sido visible o audible o tanto visible como audible, y puesto que las lenguas se mencionan como "la señal" en los otros tres textos, es razonable suponer que lo mismo sucedió entre los samaritanos.

            En la casa de Cornelio, Pedro predicó el primer mensaje evangelístico a los gentiles (Hechos 10). La evidencia que convenció a ese apóstol de que los gentiles habían sido salvados fue su habla en lenguas (10:44-46). Es también ésa la misma manifestación que debe convencernos en el día de hoy del bautismo en el Espíritu Santo.

            En Hechos 19:1-7 Pablo informó a ciertos discípulos que su instrucción cristiana era incompleta. Ninguno había recibido un bautismo cristiano en agua; ni siquiera habían oído del Espíritu Santo. Para remediar esta situación, Pablo los bautizó en agua, comenzó a orar por los creyentes y luego cuando impuso sus manos sobre ellos, el Espíritu Santo descendió y ellos hablaron en lenguas y profetizaron (19:6).

            Concluye el argumento pentecostal[4] afirmando en la actualidad que siempre en la Biblia las lenguas son la señal del bautismo en el Espíritu Santo y así es hoy también. En la actualidad todos al recibir al Espíritu Santo hablan en lenguas. Sin esta señal inicial y física nadie tiene el derecho de decir que tiene al Espíritu Santo. Según algunos su recibimiento es para salvación y según otros tiene el propósito de dar poder para servir a Dios.

            Aunque en ninguno de estos cuatro pasajes en los Hechos aparece la frase "bautismo en el Espíritu Santo", no crea ningún obstáculo para sus argumentos, pues se supone que "recibir" (2:38), "ser lleno" (2:4), "caer" (10:44), y "derramar" (2:17-18) significa "ser bautizado en el Espíritu Santo". De la misma manera la plenitud, el recibimiento o el derramamiento del Espíritu se refiere al bautismo en el Espíritu Santo y eso mismo a veces significa también la unción[5] (2 Cor. 1:21; 1 Jn. 2:27, Hch. 10:38; Lu. 4:18). Entonces el bautismo en el Espíritu Santo evidenciado por las lenguas el cual es para todos significa el descenso del Espíritu en la vida del creyente en la calidad de una Persona que viene en su propio nombre y por derecho propio: el cumplimiento de la promesa del Padre (Lu. 24:40).

 

Las lenguas y el Espíritu en los Hechos

 

El patrón en los Hechos

            Es muy peligroso basar cualquier doctrina en los eventos históricos narrados en la Biblia, inclusive los Hechos, a menos que la misma esté confirmada en los pasajes didácticos o revelados con el propósito de dar instrucción doctrinal (Kerigma). Podemos precisar esas partes mejor, porque se trata de las enseñanzas de Jesús y los sermones y epístolas de los apóstoles. Pero aun si por el momento se les concedemos a los pentecostales ese uso doctrinal del libro de los Hechos existen varios problemas con su postura.

            Su método de "recibir al Espíritu Santo" no sigue del todo el patrón en los Hechos, porque nadie en la iglesia primitiva insistía en que las personas buscaran al Espíritu Santo y mucho menos que buscaran las lenguas como evidencia inicial del Espíritu Santo, pues los discípulos en Hechos 1 y 2 en el aposento alto ya estaban salvos. Tampoco estaban buscando o rogando a Dios por el Espíritu Santo con el fin de tener el poder para servir. Además, según el texto bíblico ¡ni siquiera estaban conscientes de la posibilidad ni tenían la esperanza de hablar en otras lenguas! En cada una de las cuatro narraciones ya mencionadas, el Espíritu Santo descendió sobre las personas mientras ellas estaban completamente pasivas, y a veces aun fueron sorprendidas por el evento (4:31; 10:45; 13:52). En ningún pasaje de la Biblia existe un solo ejemplo de gente rogando a Dios por el Espíritu Santo, mucho menos pasando días y aun años tratando de purificarse o consagrarse para que el Espíritu Santo descendiera sobre ellos. Nada de esto fue la práctica normal de la primitiva iglesia cristiana.

            Tampoco existe en los Hechos sugerencia alguna de que el descenso del Espíritu Santo dependía de una actitud subjetiva de parte del creyente, como que su recibimiento fuera una especie de recompensa por haberse rendido por completo a Dios. Esto se demuestra por el hecho de que en cada una de las cuatro narraciones, el Espíritu Santo descendió sobre TODOS los creyentes AL MISMO TIEMPO. No tiene ningún sentido afirmar que todos juntos lograron purificarse y consagrarse en ese preciso momento. Además, sin exigirles condiciones (Lu. 24:49; Hch. 1:8) Jesús prometió a sus discípulos que el Espíritu Santo vendría sobre TODOS ellos y les daría el poder para testificar. Si su venida dependía de algún modo de las actitudes subjetivas de los discípulos, Jesús no pudo habérselo prometido incondicionalmente. Cabe recalcar una vez más que las prácticas pentecostales hoy no siguen el patrón bíblico, aunque reclaman lo contrario, pues en su práctica la recepción del Espíritu Santo depende de la conducta moral y/o la actitud psicológica de fe de la persona y sólo en ocasiones muy excepcionales desciende sobre un grupo entero de varios creyentes.

            En conclusión, podemos afirmar que si se va a usar los Hechos como norma legal absoluta de cómo salvarse o recibir poder, entonces es esencial insistir en que los candidatos para la salvación nunca busquen al Espíritu Santo, que nunca deben preocuparse acerca de las lenguas y que nunca pueden recibirlo individualmente sino siempre en grupos. Además, no es una hermenéutica correcta escoger una norma como aplicable para nosotros hoy -- en este caso la de las lenguas -- y pasar por alto todas las otras que aparecen en el texto sagrado (Hch. 2:2-4).

El Espíritu y la Salvación

    

            ¿Qué fue la intención de Lucas en su evangelio y en el libro de los Hechos cuando menciona la obra del Espíritu Santo? No hay nada en los Hechos que sugiere que Lucas estaba tratando de enseñar a Teófilo (Lu. 1:3; Hch. 1:1) que la llenura del Espíritu Santo era un requisito para la salvación. Más bien Lucas daba énfasis en una unción especial de Dios que daría poder sobrenatural a su pueblo para llevar a cabo la voluntad divina de manera dinámica, vigorosa y con valentía. Existen varios ejemplos en estos dos libros escritos por Lucas que demuestran esto.

            El primer ejemplo en el evangelio ocurre cuando el ángel prometió a Zacarías que Juan, el hijo de Elizabet, sería "grande delante del Señor" y que sería "lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre" (Lu. 1:15). Esto sigue el patrón de los grandes líderes en el Antiguo Testamento quienes fueron llenos del Espíritu Santo para capacitarlos a llevar a cabo la voluntad divina (comp. Ex. 31:3; Núm. 11:25; Jue. 3:10; 6:34; 14:6; 1 S. 10:10; 16:13). De manera que Lucas está comunicando la idea de que Juan el Bautista serviría como un varón dinámico de Dios desde una edad muy temprana. Es obvio que el texto no se refiere a la salvación personal de Juan sino a su misión profética.

            Lucas dice también que "Elizabet fue llena del Espíritu Santo" (Lu. 1:41). Esta llenura tampoco tenía el propósito de salvarla, sino de capacitarla a exclamar a gran voz la profecía acerca de María y su hijo que llevaba adentro de su vientre (1:42-45). Tampoco tenía que ver con la salvación individual de alguien.

            Más adelante Lucas nos informa que "Zacarías ... fue lleno del Espíritu Santo y profetizó". El propósito de su llenura era para capacitarle a profetizar acerca de la venida del Mesías (1:68-79). No tenía nada que ver con su salvación personal.

            Lucas informa además que "el Espíritu Santo estaba sobre" Simeón (Lu. 2:25), revelándole acerca de su vida y guiando sus pasos. Esta presencia del Espíritu Santo tiene que ver con el rol dinámico de este varón dedicado a Dios. Más adelante (Lu. 4:1, 14) Lucas nos informa que Jesús fue "lleno del Espíritu Santo" en su ministerio público desde el momento de sus tentaciones en el desierto (Lu. 4:1). Por supuesto, las lenguas no jugaban ningún papel en la vida de estos dos.

            La experiencia del Espíritu Santo en el Día de Pentecostés (Hch. 2) destaca el aspecto primordial que comenzó con el inicio de la obra de la iglesia del nuevo pacto posterior a la glorificación de Jesús (Jn. 3:39). Desde entonces la obra del Espíritu Santo abarca a TODOS los creyentes mientras que previamente en los tiempos del antiguo pacto solamente ciertos individuos recibían una llenura especial. La esencia del sermón de Pedro a los judíos ese día inmediatamente después de la llenura de los discípulos en el aposento alto señala su aplicación universal (2:14-18). Según este apóstol preeminente lo distintivo de la obra del Espíritu en la iglesia emergente era el derramamiento del Espíritu sobre todos ("toda carne"-- hombres, mujeres, jóvenes y "los que están lejos" -  2:17-18, 39). Así que los fenómenos sobrenaturales asociados con el Espíritu después del Pentecostés, tales como la profecía, las visiones y las sanidades, serían disponibles a todo el pueblo de Dios. Se destaca, entonces, el hecho de que el Espíritu es para la iglesia y la iglesia es para todo ser humano, sin importar su país de origen (Hch. 2:8-21). Cabe señalar que Pedro NO afirma que al derramar el Espíritu la gente hablaría en lenguas, a pesar de que este pasaje es el único en todo el libro de los Hechos que menciona una "evidencia" de la venida del Espíritu Santo, pero tal evidencia no se asocia con las lenguas, sino principalmente con la profecía (comp. Núm. 11:25-26; 1 S. 10:10-11; 19:20-21; Lu. 1:41, 67; Hch. 19:6). Si sea necesario especificar una evidencia inicial con carácter físico del derramamiento del Espíritu Santo, es la profecía, pero ¿por qué hay que hacerlo?

            No podemos pasar por alto los 3,000 que respondieron a la invitación de Pedro expresada en Hechos 2:38. Recibieron el Espíritu Santo en el momento de su conversión, pero NO hablaron en lenguas (Hch. 2:38-42).

            Cabe señalar que otro aspecto significativo acerca de estas experiencias de los primeros derramamientos del Espíritu Santo en Hechos 2, 8, 10 y 19 (comp. también 4:31 y 13:52) es que ocurrieron a muchas personas a la vez en grupos, no solamente a individuos. Además, había discípulos de diferentes clases o grupos étnicos representados -- judíos, samaritanos, gentiles y "griegos". Esto sugiere la universalidad del evangelio, pues todos -- sin distinciones étnicas -- recibieron al poderoso Espíritu, y todo esto seguía el patrón indicado por Jesús en Hechos 1:8. Así que Lucas menciona de tres a cuatro ocasiones de la manifestación de las lenguas que acompañaban la penetración del evangelio entre las diferentes clases étnicas del Imperio Romano. Esto simboliza la universalidad del Espíritu, Quien comienza a tumbar los muros divisorios levantados por los diferentes idiomas de los pueblos y de esa manera demuestra un revés a lo ocurrido en los días de la torre de Babel (2:4-13 y Gén. 11:1-9).

            En resumen, reiteramos una vez más que el énfasis de Lucas sobre el derramamiento del Espíritu Santo es para darles poder para servir en vez de la salvación. Esto está claramente indicado en varias ocasiones. Jesús prometió que los discípulos recibirían "poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre" ellos (Hch. 1:8). No tenía el propósito de salvarles, sino de dar a los ya salvados el poder para ser testigos dinámicos de Jesús adentro y afuera del país (Hch. 2:4-6; 3:12-14; 4:8-10). Todos reunidos en la comunidad de fe en Jerusalén "fueron llenos del Espíritu Santo  y hablaban la palabra de Dios con valentía". No fue su experiencia inicial de salvación, pues ya eran salvos (2:41-47). Tampoco sugiere que todos tenemos que tener dos experiencias -- una de salvación seguida por el bautismo en el Espíritu Santo, porque históricamente vino el Espíritu Santo para iniciar su obra en la dispensación de la iglesia una sola vez, en esta ocasión después de la glorificación del Mesías. Los 3,000, que no formaron parte del grupo original de los 120, todos creyeron y recibieron el don del Espíritu Santo a la vez -- no en dos experiencias distintas (Hch. 2:38-42).

            También, Pablo, Bernabé y otros discípulos "estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo" (13:49-52). Así Lucas explica cómo la palabra de Dios fue predicada y difundida entre los gentiles a pesar de la persecución entre ellos.

            Asimismo, en los Hechos Lucas asocia el Espíritu Santo con la llenura de algunos creyentes como individuos. Antes de predicar su sermón delante del Sanedrín Pedro estaba "lleno del Espíritu Santo" (4:8). Obviamente esto señala el recibimiento de poder para testificar de manera sobrenatural en un momento crítico. No tiene nada que ver con la experiencia de conversión de este apóstol que ya había acompañado a Jesús durante sus tres años de ministerio público. Además es la segunda vez que se llena del Espíritu Santo y no se especifica ninguna señal, pues recibió poder para testificar en su propio idioma.

            Los discípulos escogieron de entre los creyentes siete hombres, que hoy muchos identifican como diáconos. Ellos estaban "llenos del Espíritu Santo" (Hch. 6:3). Obviamente de entre los muchos salvos en la iglesia seleccionaron a personas que ya habían demostrado tener el poder del Espíritu Santo en sus vidas; además, daban buen testimonio y tenían sabiduría. Uno de ellos era Esteban. Contrario a otros creyentes, él se destacaba por ser un "hombre lleno de fe y del Espíritu Santo". Lucas reiteró esta característica de la llenura o la plenitud del Espíritu Santo cuando se acercó el momento de su martirio (7:54-55). De esta manera el historiador demostró la verdad de que cuando uno está saturado o lleno del Espíritu Santo, el testigo demuestra gran valentía en el testimonio.

            De la misma manera Lucas señala a Jesús como uno ungido "con el Espíritu Santo y con poder" (10:38), y a Bernabé (11:24) y a Pablo (13:9) como "llenos del Espíritu Santo". Se menciona esto para explicar cómo ellos lograron llevar a cabo sus misiones especiales en el poder y el nombre del Señor. En ningún momento se refiere a la salvación personal de ellos. Tampoco se especifica relación alguna con las lenguas.

            En conclusión podemos señalar que definitivamente el Espíritu Santo es esencial para la salvación, pues nunca podríamos recibir la salvación sin la fe. Nunca podríamos ser convertidos sin la actividad de su gracia (comp. Jn. 6:29, 44, 65; Hch. 16:14; Ro. 3:9-20; 1 Cor. 12:3), y la fe misma es un don de Dios -- el resultado de la obra interna de la gracia divina del Espíritu de Dios.

            No obstante, es imprescindible entender que Lucas no se refería a la salvación al usar el término "llenos del Espíritu Santo". Más bien se refería a lo que Dios hace a un creyente ordinario cuando lo transforma en uno extraordinario. Esto es lo que destacó Lucas en su historia teológica en la cual explicó a Teófilo que la expansión y explosión evangelística de la iglesia primitiva se debía a la llenura del Espíritu Santo de creyentes ordinarios haciéndolos testigos extraordinarios como fueron Pedro, Esteban, Pablo y Bernabé. También esa llenura de poder está accesible hoy. En contraste, Pablo en su teología pastoral se refería a la salvación y el Espíritu Santo en su transformación personal de un pecador en un santo (Ro. 2:28; 1 Cor. 10:1-11).

 

La Falta de solamente un patrón[6]

            Lucas narra cuatro diferentes ocasiones en cuatro sitios distintos (Jerusalén, Samaria, Cesarea, y Efeso) que a su vez involucraban cuatro diferentes grupos étnicos. De estas cuatro experiencias ninguna es idéntica a la otra ni en el orden de los eventos ni en los mismos sucesos. En el Día de Pentecostés (Hch. 2:1-4) las manifestaciones en la vida de los presentes eran (1) el sonido del viento, (2) las lenguas de fuego, (3) las otras lenguas y (4) el recibimiento del Espíritu después de su conversión. En Samaria (Hechos 8:9-17) las manifestaciones mencionadas eran la imposición de manos y el recibimiento del Espíritu después de la conversión. En Cesarea (Hch. 10:44-46) Cornelio y sus familiares hablaron en lenguas, pero recibieron el Espíritu en el mismo momento de la conversión. En Efeso (Hch 19:1-7) los doce discípulos de Juan el Bautista (1) creyeron en el Mesías, (2) fueron bautizados en agua, (3) Pablo les impuso las manos, (4) vino sobre ellos el Espíritu Santo y (5) hablaban en lenguas y profetizaban. Además, en cuanto a los creyentes, o estaban orando o escuchando a un mensaje cuando el Espíritu descendió (cap. 2). Pedro y Juan oraron por los samaritanos (cap. 8). Cornelio estaba escuchando y Pedro estaba predicando (cap. 10). Pablo se acababa de hacer una explicación (cap. 19). Como consecuencia de tantas diferencias en estos episodios, al analizar los sucesos está claro que ninguno es idéntico, pues algunos siguen una secuencia y otros otra. En el primer caso, la imposición de manos no era necesario, y ocurrieron las tres señales del viento recio y las lenguas como de fuego y el habla en lenguas. En el segundo caso, fue esencial la presencia de los apóstoles, por eso fueron, oraron e impusieron las manos. En el tercer caso, se recibió el Espíritu Santo en el momento de la conversión antes del bautismo en agua y sin la oración y la imposición de las manos. En el último caso, no hacía falta la oración.

            Por lo tanto, no hay otra alternativa que llegar a la conclusión de que no existe solamente un patrón seguido en los tiempos de la iglesia apostólica, y si en aquel tiempo no hubo, tampoco lo hay hoy. Dios en toda libertad se manifestaba conforme a la necesidad de cada ocasión para la mejor expansión de su obra. Tampoco hoy hay solamente un patrón que Dios y su pueblo tienen que seguir. En realidad todas estas diferencias sugieren que Lucas narró la experiencia de una iglesia en transición -- una en vías de dejar de ser una secta o comunidad judía en ser una no judía que abría sus puertas para toda raza y grupo étnico.

Una equivocación en la norma de interpretación

 

La falta de consistencia

            Aun si se entiende que el libro de los Hechos provee el patrón normativo para el recibimiento del Espíritu Santo, es necesario rechazar el modelo pentecostal, pues Lucas no describe a nadie buscando o aun esperando el bautismo en el Espíritu Santo. El derramamiento siempre venía espontáneamente y sin preparativos. Segundo, no hay ninguna descripción de un grupo o individual preocupándose con gran ansiedad esperando o rogando por las lenguas como señal de la salvación o el bautismo en el Espíritu Santo. Tampoco se derrama el Espíritu Santo sobre un grupo menor de doce. Por lo tanto, muchos pentecostales no siguen su propia prescripción de los Hechos como el patrón normativo de cómo la salvación siempre debía suceder.

El propósito del escritor en la interpretación bíblica

            Tratar de usar la narración histórica en los Hechos como normativa para la vida cristiana hoy es una equivocación, pues una de las normas fundamentales de interpretación bíblica[7] es que se deber interpretar un pasaje bíblico de acuerdo con el propósito del escritor. Además, no se debe sacar una doctrina o una prescripción para el comportamiento cristiano directamente de una descripción histórica. Cuando Lucas describió lo que sucedió en aquel tiempo, no es lo mismo que decir que siempre se debe de hacerlo o que siempre ocurre así. Tal aplicación universal no procede "mientras que lo que se nos promete debemos hacerlo nuestro, y lo que se nos manda debemos obedecerlo".

            El historiador Lucas escribió acerca de Jesús y la iglesia primitiva únicamente después de "haberlo investigado todo con diligencia desde el comienzo". Su propósito era proveer un relato "en orden .... acerca de las cosas que han acontecido". Este escritor sagrado dio énfasis en la obra sobrenatural del Espíritu Santo con el propósito de convencer a Teófilo de la veracidad del evangelio (Lu. 1:1-4). Sabía que Teófilo había "sido instruido" ya en la fe cristiana (Lu. 1:4). Así que su propósito no era enseñarle de nuevo cómo ser salvo. Como consecuencia, si uno busca cómo ser salvo en el libro de los Hechos, procede en contra del propósito original del libro.

            Lucas nunca enseñó que la glosolalia[8] (hablar en lenguas)  era la evidencia inicial del Espíritu Santo. Solamente una vez -- y eso en el sermón del apóstol Pedro -- incluyó instrucción didáctica sobre las señales las cuales especificó como la profecía, los sueños y las visiones (Hch. 2:17-18). Pero aun en este pasaje de la profecía de Joel no tenía la intención de prescribir con exactitud lo que siempre ha de suceder cuando se derrama el Espíritu. Más bien indicó algunos de los fenómenos generales que ocurrieron durante "los últimos días" al cumplir esa profecía. Para Lucas no era una fórmula indispensable e invariable que siempre tenía que suceder.

            Tampoco hay prescripciones en los otros pasajes de los Hechos. En capítulo 2 se mencionan varios fenómenos -- un viento fuerte o recio, lenguas como de fuego, glosolalia y unos extranjeros que entendían sus lenguas maternas (2:1-4, 11), pero no señaló que uno o más de ellos eran normativos y obligatorios para toda la historia de la iglesia. Lucas los narró como acontecimientos en aquel día, sin darles una aplicación invariable y para siempre.

            De manera parecida ese historiador narró -- sin interpretación y sin aplicación -- los eventos en los otros tres pasajes claves para la glosolalia. En Hechos 8:17 sólo dice que todos los creyentes samaritanos recibieron al Espíritu Santo cuando Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos. Dejó sin contestar otras preguntas inquietantes: ¿Por qué Pedro y Juan viajaron de Jerusalén? ¿Por qué no habían recibido el Espíritu Santo? ¿Por qué tenía significado la imposición de manos[9]? ¿Cómo sabían que el Espíritu descendió? Lucas no tenía el propósito de enseñar que la respuesta a estas preguntas era normativa o necesaria para todo el tiempo en todo lugar. Simplemente no tenía importancia para la instrucción de Teófilo, por eso no las contestó.

            En Hechos 10:44-46 los gentiles recibieron al Espíritu Santo mientras Pedro estaba predicando. Hablaron en lenguas; glorificaron a Dios y fueron bautizados en agua. Fue un evento sorprendente, especialmente para los judíos cristianos que seguían con los viejos prejuicios, odios y actitudes racistas. Pedro hace claro que los judíos presentes sabían que los gentiles habían recibido el Espíritu Santo debido a que "les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios" (10:46). Cabe señalar que ese comentario de Lucas únicamente informa sobre un hecho histórico -- de que el Espíritu Santo fuera derramado sobre los gentiles lo cual cobraba importancia para la decisión acerca de la misión entre los gentiles (Hch. 11:1-18) y en el concilio en Jerusalén posteriormente (Hch. 15:7-11). No dice que tenía que suceder en aquel tiempo como patrón para nosotros hoy. Este pasaje -- igual que el que dice que vendieron sus propias propiedades y compartían todo en común (4:32-37) -- no prescribe lo que tiene que ocurrir hoy.

            En Hechos 19:6-7 Lucas informó, sin interpretación y sin aplicación, que cuando Pablo les impuso las manos, ciertos discípulos "hablaban en lenguas y profetizaban". Los presenta como datos históricos significativos en la extensión del evangelio en esa época. Nada más.

            De hecho Lucas era tan objetivo en su forma de escribir que ni siquiera informó su razón de incluir solamente cuatro sucesos del derramamiento del Espíritu. En vez de proveernos con un patrón normativo que debíamos seguir, ¡es mucho más probable que narró solamente estos cuatro casos debido a que no fueron típicos o normativos! Definitivamente no se trataban de lo que ocurría a diario en la iglesia primitiva. Cabe señalar que en cada uno de estos cuatro eventos la fe cristiana se extendió de una manera inusitada a gentes que previamente habían sido excluidas del mensaje. Así rompieron cuatro barreras, primero entre muchos judíos de la diáspora, segundo entre los samaritanos, tercero entre los gentiles y cuatro entre los seguidores del profeta Juan el Bautista en Asia Menor. Esto señala que Lucas escogió lo insólito con el propósito de convencer a su lector. Concluimos, pues, que si se usan los sucesos en los Hechos como norma para la vida cristiana hoy, hace más daño que bien.

 

Unas objeciones adicionales

 

            Es necesario indicar unas objeciones adicionales en contra de la postura de que la glosolalia es la evidencia inicial de carácter físico del bautismo en el Espíritu Santo.

            Primero, existen pasajes en la Biblia en contra de la idea de que la iglesia neotestamentaria daba significado evidencial y salvífico a las lenguas. En 1 Corintios 12:30 la pregunta retórica de Pablo acerca de ellas aporta una evidencia que lo niega. "¿Acaso hablan todos en lenguas?" La estructura y contexto en la carta paulina señala una contestación con un NO[10] rotundo.

            Además, Pablo menciona las lenguas como una "señal" (1 Cor. 14:22-23), ¡pero es una para los incrédulos israelitas! Es obvio que de ninguna manera Pablo y los corintios la veían como una prueba de la salvación o de una señal obligatoria y externa del recibimiento del Espíritu Santo con el fin de dar el poder al creyente para el servicio. Ningún pasaje en el Nuevo Testamento dice explícitamente que la glosolalia tiene esos significados.

            Es esencial reconocer también los usos de y las diferencias en la Biblia entre el bautismo en el Espíritu y la llenura o la plenitud del Espíritu[11]. En el Nuevo Testamento hay solamente siete referencias al bautismo en el Espíritu Santo, seis de las cuales se hacen al bautismo prometido por Juan el Bautista y casi todas aparecen en los cuatro evangelios (Mr. 1:8 y sus textos paralelos en Lu. 3:16 y Mt. 3:11 y también Jn. 1:33 que es parecida). Únicamente dos de las seis referencias aparecen en los Hechos. En el primero (1:5) Jesús recuerda a los discípulos las palabras de Juan. La segunda en Hechos 11:16 que es la sexta referencia se refiere al evento que rompe la barrera que en forma racista excluía a los gentiles de la fe cristiana. Pedro relaciona la experiencia en la casa de Cornelio en Cesarea con el Día de Pentecostés sugiriendo que en un sentido era un nuevo Pentecostés, ¡pero uno para los gentiles! La esencia de estos seis textos es que Juan bautizaba con agua como señal de arrepentimiento, pero Jesús bautizaría "con" o "en" el Espíritu Santo trayendo las bendiciones de la nueva era con el Nuevo Pacto, las cuales se completaron con la venida del Espíritu Santo en el Día de Pentecostés. Es muy significativo que la séptima y última referencia (1 Cor. 12:13) es la única en las epístolas. Cabe señalar, además, que Lucas NUNCA dice que después del Día de Pentecostés los cristianos son bautizados en el Espíritu Santo, pero sí en varias ocasiones describe a los apóstoles y otros líderes y misioneros como "llenos" (Hch. 2:4, 4:8, 31, 6:3, 7:55, 9:17, 11:24, 13:9; 13:52).

            ¿Existen diferencias entre "ser bautizados" y "ser llenos"? Sí, hay varias distinciones. En parte sus diferencias se descubren cuando se entiende que solamente se manda ser lleno (Ef. 5:18), nunca se ordena ser bautizado. Un análisis de los verbos en el griego[12] demuestra que el mandato es continuo, de manera que constantemente se debe seguir siendo llenos con el Espíritu Santo mientras que el bautismo que ocurre en la conversión es un acto soberano de Dios Quien lo hace una sola vez (el tiempo aoristo en 1 Cor. 12:13). Además, ser llenos nos capacita con el poder para servir y testificar mientras el bautismo nos coloca en el cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:13) y es el regalo de Cristo en su ascensión y glorificación para TODOS -- no a un grupo selecto (Hch. 2:17-18). Mientras no todos son llenos del Espíritu, porque lo pueden contristar (Ef. 4:30) por la desobediencia (Hch. 5:3, 9; 7:51), pero la llenura puede ser repetida como en los casos de Pedro (Hch. 2:1-4 y 4:8) y Esteban  (Hch. 6:5; 7:55) y Pablo.

            No estamos cuestionando la validez espiritual de muchas de las experiencias en el día de hoy, sino estamos indicando que su identificación con el bautismo en el Espíritu Santo no sigue la práctica bíblica. Vale más verlas como experiencias que les llevan a crecer en gracia y en el servicio más bien que llamarlas el bautismo en el Espíritu Santo. Es decir, muchos cristianos tienen experiencias espirituales después de la conversión (el bautismo inicial) que profundizan la vida cristiana. Es más bíblico referirse a estas experiencias como llenuras con el Espíritu Santo y como etapas de nuestro crecimiento en la gracia divina (2 Pe. 3:18).

            Otra objeción a esta doctrina de la evidencia inicial es que los documentos poscanónicos de los Padres posapostólicos es definitivamente en su contra. Aunque existen referencias ocasionales al don del Espíritu, la profecía y la glosolalia, nunca se mencionan las lenguas como evidencia inicial y física de la venida del Espíritu Santo. Aun la mención de estos tres dones aparece únicamente en la periferia, muy lejos de la médula de la fe cristiana.

            Además, la enseñanza de que uno tiene que hablar en lenguas para ser salvo y para formar parte como miembro en pleno de la comunidad santa de Dios es muy dañina psicológicamente. Trae enormes presiones psicológicas y sociales para obligarlos a hablar en lenguas sin discriminar entre técnicas inapropiadas, aunque para algunos les es imposible lograrlo. Desde el punto de vista teológico la glosolalia no es un don que Dios da a todo el mundo (1 Cor. 12:30) y desde el punto de vista psicológico parece requerir de la persona cierta disposición de abandono que algunos no pueden lograr. No obstante, según algunos pentecostales, la única razón de no hablar en lenguas es que la persona todavía no es digna de ese bautismo, que no se ha rendido completamente a Dios, o que todavía no tiene suficiente fe, o tal vez no se ha arrepentido de verdad. Como quiera que sea, es obvio que la culpa la tiene la persona y no Dios, pues insisten en que Dios quiere que todos que reciban el Espíritu Santo lo manifiesten con otras lenguas. De esa manera serán salvos o tendrán poder. Desde luego, creen que si uno no habla en lenguas, no sólo le separa del amor divino y del pueblo de Dios, sino también ese mismo hecho constituye una acusación en cuanto a su conducta moral. Todo esto trae como secuela que ¡después de los cultos o durante otras reuniones especiales unos hermanos en desesperación se encuentran rogando y gritando por la manifestación del Espíritu Santo por medio de las lenguas!

            Otra consecuencia de esta doctrina es la presencia de un legalismo en el cual se atribuye la salvación y/o su retención como el resultado de las obras[13], pero aunque uno hace todas las obras y guarda todas las reglas y aun es bautizado en agua en la forma bíblica, todavía todo eso no le salva a uno. Además, la primera carta de Juan tiene como uno de sus propósitos (5:13) el de ayudar a que uno sepa que tiene vida eterna de acuerdo a la presencia de ciertas evidencias o pruebas en el vivir diario. Las tres evidencias reiteradas a través de toda la carta son la justicia (1:8 al 2:6; 2:29 al 3:10), el amor (2:7-17; 3:11-24a; 4:7 al 5:3a) y la creencia en Jesucristo como Dios-encarnado (2:18-28; 3:24b al 4:6; 5:3b-21). Una cuarta puede verse en términos de la presencia del Espíritu Santo en nosotros (4:13), pero Juan única menciona la glosolalia como evidencia de la vida eterna.

            Concluimos, pues, que la evidencia del Espíritu Santo en la vida del creyente no es hablar en otras lenguas, sino más bien el fruto y la plenitud de vivir en el Espíritu se manifiestan en amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio (Gá. 5:22; Ef. 5:18-20) y en el testimonio que uno da (Hch. 1:8) para la conversión de los inconversos.

     [1]El libro que me ayudó mucho en la preparación de esta Sana Doctrina estaba escrito por un expentecostal con más de una década de estudio sobre sus creencias: Gregory A. Boyd, Oneness Pentecostals & the Trinity (Grand Rapids: Baker Book House, 1992).

     [2]Históricamente se puede trazar esta enseñanza de una segunda bendición después de la conversión desde Carlos Wesley a través del movimiento de la santidad que abarca las iglesias de la santidad tales como la Iglesia del Nazareno hasta incorporarse en las enseñanzas del movimiento pentecostal del siglo XX.

     [3]Muchos de los carismáticos o neo-pentecostales se valen de los mismos argumentos aunque lo que los distingue es principalmente su época de origen -- los pentecostales como movimiento en 1906 y los carismáticos en la década de los 1960 -- y la práctica pentecostal de formar sus propias denominaciones y la de los carismáticos de penetrar a las otras sin formar sus propias iglesias por separado. No obstante, en Puerto Rico los carismáticos se han separado de la Iglesia Católica Romana en algunos pueblos, tales como Adjuntas y Fajardo, y han formado su propio Concilio de Iglesias Carismáticas.

     [4]Otro pasaje en los Hechos usado con frecuencia es la referencia a la conversión de Pablo en Damasco y su experiencia posterior con Ananías (Hch. 9:3-19). Aunque este texto sagrado no dice nada en lo absoluto acerca de las lenguas, se afirma que cuando Pablo en 1 Cor. 14:18 dice que habla en lenguas tiene referencia a esas experiencias. No obstante, en ninguna de las tres veces que se narra esta experiencia de Pablo (Hch. 9:3-19; 22:6-16; 26:12-18) se mencionan las lenguas. Por lo tanto, si sucedió allí, no tenía importancia alguna para Lucas, Pablo y la expansión rápida de la iglesia primitiva.

     [5]Ver "La Unción en el Antiguo y Nuevo Testamento" (VIII:7) (Sept.- oct., 1993) en La Sana Doctrina.

     [6]Compare Robert G. Gromaci, The Modern Tongues Movement. (Philadelphia: Presbyterian & Reformed Publishing Co., 1972, 81-107.

     [7]Ver "¿Usas estas normas para interpretar la Biblia" en Las Doctrinas Sanas Y Las Sectas Malsanas, páginas 35-39 y La Sana Doctrina II:2 (Abril, 1987).

     [8]Esta palabra se refiere a "hablar en lenguas" y es derivado del griego (glossa = lengua).

     [9]¿Para establecer la autoridad apostólica y así prevenir la formación de una iglesia en Samaria separada de la de Jerusalén? ¿Para mantener la unidad de la fe al cruzar una barrera cultural? ¿Para un patrón para la imposición de manos en la confirmación? ¿Para un patrón de uno recibir el Espíritu Santo en el futuro?

     [10]Algunos pentecostales responden haciendo una distinción entre las lenguas como evidencia en los Hechos y el "don de lenguas" en I Corintios. Dicen que es exclusivamente como don que Pablo señala que es solamente para algunos cristianos. Así que afirman que todos los cristianos hablan en lenguas cuando se llenan inicialmente del Espíritu, pero solamente algunos continúan con este don en la iglesia y en la oración privada. Ver "Los dones del Espíritu para la iglesia", VIII:1 (enero-feb., 1993) en La Sana Doctrina.

     [11]Vea Michael Green. I Believe in the Holy Spirit (Grand Rapids: Eerdmans, 1975), 139-160.

     [12]La palabra griega en Ef. 5:18 para "sea llenos" es plerousthe que es un imperativo presente pasivo plural y el vocablo en 1 Cor. 12:13 para "han sido bautizados" es ebaptisthemen que es un aoristo pasivo plural.

     [13]Ver " La parte nuestra en nuestra salvación" en Las Doctrinas Sanas y las Sectas Malsanas, pág. 70-74 o III (Marzo-Abril, 1988) de La Sana Doctrina.

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