“Los alimentos y el cristiano,” Tomo I:30-34
Por:  Dr. Donald T. Moore

            "¿Puede un cristiano comer lechón y/o morcillas? ¿Puede un cristiano comer sangre o recibir una transfusión?" Estas dos preguntas las hacen muchas personas dentro de una y otra tradición llamada cristiana. ¿Por qué surgen estas preguntas? En gran medida se debe a las leyes de Moisés del Antiguo Testamento que forman parte integral del antiguo pacto que Dios (YHWH) dio a su pueblo en Monte Sinaí antes del 1200 a.C.

            Para poder contestar estas preguntas y otras parecidas tenemos que examinar las leyes del antiguo pacto, los comentarios en el nuevo y aplicar el principio de la relación entre los dos pactos. Este procedimiento nos ayuda a ser consistentes en contestar estas y otras que surgen de forma parecida.

 

Los alimentos y el antiguo pacto

 

            Levítico 11 y Deuteronomio 14:3-21 son pasajes donde más se presentan las leyes sobre los alimentos en el antiguo pacto. Se dividen los animales en dos clases, los puros y los impuros. Fue prohibido comer los animales impuros mientras que se permitía comer los puros. Además, no se permitía ni tocar el cadáver del impuro (11:8, 24, 27-28, 31) o del puro cuando muriera por causas naturales (11:39-40), tampoco se permitía tocar casi nada que tuviera contacto con su cadáver (11:32-35). Entre los impuros se encuentran los cerdos (11:7), los liebres (11:6), diferentes aves (11:13-20), varios insectos (11:20-23) y los reptiles (11:29-30, 41-45). Los versículos 44-45 explican la base para estas prohibiciones. Es porque YHWH el Dios del Éxodo es santo y el antiguo pacto demanda que su pueblo sea santo como El; por eso tiene que ser purificado. Explicándolo en términos de la santidad de Dios o de su naturaleza santa fue mucho más comprensible e instructivo para ellos que decir que era por razones de salud.

            Pero indiscutiblemente existen beneficios higiénicos en este capítulo mucho más allá que los conocimientos de su día. Note la necesidad de usar agua no contaminado (11:33-36, 46) que podría causar enfermedades y su uso para limpiar ropa y otras cosas después de estar en contacto con lo impuro (11:32, 40; 17:15-16). La teoría de las bacterias no se formarían hasta el siglo XIX para enraizarse en el occidente, pero cualquiera que siguiera estas leyes encontraría mucha protección contra ellas sin saberlo. El cerdo no cocinado bien siempre presenta un peligro para la salud y el pueblo del antiguo pacto no tenía las estufas eléctricas o de gas del sigo actual.

            En el Antiguo Testamento hay otros pasajes referentes al alimento impuro que se prohibía comer. Uno de los más conocidos tiene que ver con la sangre. Génesis 9:1-5 exigía a los Israelitas a derramar la sangre de los animales puros al matarlos "porque ella es la que da vida a todo ser viviente" (alma). Es imprescindible notar que en ningún momento estos pasajes mencionan sangre humana; se refieren a sangre de animales comestibles, y claramente está eliminado la posibilidad del canibalismo (Gén 9:5-6). No se trata de la trasfusión de sangre que nunca fue una práctica de la medicina hasta el siglo antepasado. Debido a estas prohibiciones en vez de estrangular el animal se desarrolló la práctica de degollar o cortar su garganta o su cuello para matarlo, dejando la sangre derramar en la tierra.

            ¿Qué quiere decir "vida en la sangre" o "da vida?" Sugiere una descripción observada inductiva o fenomenológicamente. Los hebreos observaban que cuando salía toda la sangre de un animal, se moría. Por eso entendían que en la sangre estaba la vida; es decir, la sangre era el principio de la vida, y como resultado desarrollaban sentimientos de temor, maravilla y reverencia hacia la sangre y su derramamiento.

            Así que la sangre como la vida esencial de una criatura pertenecía a Dios, el que da vida a todos. Por lo tanto cuando se mataba un animal, primero se tenía que devolverle la sangre para no usurpar la señoría YHWH sobre sus criaturas. Se entendía que al regresar a Dios la sangre de un animal poseía valor sacrificial (17:11), así expresando el remordimiento del hombre por su pecado y el perdón por él. De esta forma se mostraba que el perdón es el regalo de Dios más costoso, envolviendo la vida de una de sus criaturas para el perdón del hombre. Debido a este contexto sacrifical (17:1-16) en que la sangre de los animales era el medio para el perdón, se prohibía su uso como alimento. Al derramar su sangre en la cruz Cristo cambió para siempre este significado de la sangre animal para el pueblo del nuevo pacto.

            La práctica de ayunar no formaba parte de la ley de Moisés y solamente en ocasiones raras se esperaba a que el pueblo de Dios del antiguo pacto lo hiciera. Pero al pasar los años iba en aumento la práctica. En Isaías 58:1-12 el profeta aclara el verdadero sentido del ayuno siglos después.

 

Los alimentos y el nuevo pacto

 

Jesús y los alimentos. En los tiempos de Jesús, para vivir una vida santa era indispensable observar las leyes y las tradiciones judías sobre la comida. Estas incluían no solamente lo que se podría comer sino la forma de prepararlo, servirlo y lavar las manos para poder comer el alimento permitido. El choque de Jesús con estas tradiciones fue inevitable.

            Durante su ministerio especial con los doce discípulos, Jesús da su más extensa enseñanza sobre el alimento en público (Mr 7:14-23; Mt 15:10-20). Enuncia un principio clave. Como tal lo indica con la expresión introductoria "de verdad de verdad os digo" que la Versión Popular traduce como "Escúchenme todos, y entiendan" y la Versión Actualizada "Oídme todos y entended." Luego enuncia un principio tan revolucionario que después en la intimidad de una casa los discípulos le piden a que se lo explique. Ese principio nuevo decía, "Nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que lo hace impuro" (Mr 7:15). El alimento no hacía al hombre impuro, porque entraba en su estómago y luego salía del cuerpo; debido a que no tenía que ver con el corazón, no era un pecado comer cualquier alimento. Y Juan Marcos, el evangelista, concluye (posiblemente citando a Simón Pedro) que con esto Jesús "quiso decir que todos los alimentos son limpias" (7:19), y esto es cierto en cualquier época del año.

            Si los alimentos todos son limpias (a pesar de Levítico 11), entonces ¿qué contamina al ser humano? Es lo que sale de la boca, porque sale del corazón. El problema del hombre, dice Jesús, no es externo a él; no es dejar de comer ciertos alimentos; lo que el ser humano necesita es un nuevo corazón, un trasplante divino del corazón. Lo que sale del interior -- no el exterior de él -- nos causa a pecar, y esto incluye las cosas malas de la lista a continuación en Marcos. Tanto Marcos (7:20-23) como Mateo (15:19) encabezan esta lista de pecados con "malos pensamientos."

            Así que para el nuevo pacto si queremos ser santos como nuestro Padre celestial, no lo vamos a lograr a base de externalidades, ceremonias y prohibiciones. ¿Cómo podemos ser como Dios? En el sermón del monte Jesús sugiere que el amor y el perdón que sale del corazón para con nuestros enemigos y amigos nos perfeccionan para llegar a ser perfectos como El (Mt 6:43-48).

            También el sermón del monte toca indirectamente el tema del alimento cuando menciona la forma inapropiada de ayunar (6:16-18). Esto no envuelve meramente el acto de abstenerse de comer en sí sino también las intenciones y las motivaciones que son inaceptables. Solamente se refiere al ayuno en otros pasajes en los evangelios en forma pasajera mientras que los evangelistas enfatizan los elementos de negación de sí mismo, de autocontrol y de paciencia en tiempos difíciles.

            En relación directa con comer sangre es muy notable que la única referencia que hace Jesús es la afirmación radical de Juan 6:48-58 donde dice que es necesario comer Su sangre -- algo muy diferente y revolucionario cuando es comparado a las prohibiciones en el antiguo pacto.

Los apóstoles y los alimentos. El apóstol Pablo asistió a una asamblea o concilio de la iglesia cristiana primitiva en Jerusalén para el 49 d.C. Los apóstoles y líderes más importantes tenían que solucionar un dilema sobre los requisitos de la salvación para los judíos y los gentiles (los no judíos) y la base para el compañerismo dentro de las iglesias en todo el mundo donde vivían estos seguidores de Jesús. ¿Era necesario para la salvación observar las leyes del antiguo pacto, incluyendo las prohibiciones sobre la comida? Santiago (Jacobo), el hermano del Señor, apóstol y pastor de la iglesia en Jerusalén, expresó el consenso y conclusión de los reunidos diciendo que "no se debe imponer la carga de la ley" a los gentiles (Hch 15:19 Versión Popular). Como consecuencia el judío-creyente podría continuar con las prácticas de la ley, pero el gentil no la tenía que observar para seguir o convertirse a Dios o ser salvo. Así que observar las leyes del antiguo pacto en relación con el alimento no era necesario para la salvación.

            Pero quedaba una fase adicional del dilema para resolver. Debido al prejuicio del judío hacia el  gentil que no observaba sus leyes (ver la experiencia de Pedro con Cornelio en Hch. 10), era imprescindible buscar una solución que haría posible la unión y el compañerismo dentro de una sola congregación. ¿Cómo sería posible? La única posibilidad sería exigir al gentil cierto respeto por las leyes antiguas. Por lo tanto, Santiago continuaba con su resume del consenso del concilio, diciendo que había que escribir a los gentiles a que se apartaran de cuatro cosas esenciales: una en la lista fue la "sangre" (Hch 15:20, 29; 21:25). La mayoría de los intérpretes entienden esta referencia a comer sangre animal, pero existe también la interpretación que la sangre es metafórica para matar o asesinar (ver usos de "sangre" en este sentido en Gén 37:26; Hos 4:2; Apo 16:6).

            Para poder entender la razón por la cual se exige la abstención de estas cuatro cosas es de suma importancia de no pasar por alto el contexto histórico y literario de Hechos 15:21. Se debe a la presencia de "judíos-creyentes" en Cristo dondequiera. Para no crear una ofensa para ellos (y los inconversos), y para que ellos se unieren y formaran parte de las congregaciones junto con los seguidores gentiles de Cristo -- y esto envolvía comer la misma comida juntos en la misma mesa -- era esencial que los gentiles no sirvieran de piedra de tropieza para ellos. Estas cuatro prohibiciones eran lo mínimo exigido para que los dos pueblos pudieran ser uno en una sola congregación.

            Bajo la dirección del Espíritu Santo los apóstoles y los ancianos prepararon una carta para ser compartida con los gentiles cristianos por Pablo y sus compañeros en su próximo viaje misionero. La carta les decía, "que no coman carne de animales ofrecidos en sacrificio a los ídolos, que no coman sangre ni carne de animales estrangulados .... Si se guarda de estas cosas, actuarán correctamente," o harán bien (15:29). Se incluyen los animales estrangulados, porque retenía la sangre. (Nótese que no dijeron que perderían la salvación o que era necesario para la salvación obedecer esto.) En vista de esta decisión que estuvo de acuerdo con su mensaje de salvación enunciado en Gálatas 2:16 y que le fue revelado por Jesucristo (1:12), en una ocasión Pablo tuvo que reprender al apóstol Pedro en Antioquía de Siria por su comportamiento inaceptable en la mesa (Gá 2:11-14).

            Ninguna lista de pecados y de prohibiciones de los apóstoles en el Nuevo Testamento incluye la comida -- excepto en relación con el comer en exceso (la glotonería) (ver Mar 7:20-23; Ro 1:24-32, 3:10-18; 1 Co 5:9-11, 6:9-11; Gá 5:19-21; Ef 4:22-23, 5:3-5; Col 3:5-9; 1 Ti 1:9-10; 2 Ti 3:2-5; Tito 3:3; 1 Pe 2:1; 2 Pe 2:10-19; Apo 21:8, 22:15). Además el libro de Hebreos insiste que las reglas sobre los alimentos nunca fue de provecho (9:10; 13:9).

 

Las cartas paulinas y los alimentos. Años después en una de sus últimas cartas Pablo hace claro que él ha seguido el principio de Jesús en relación con el alimento. En 1 Timoteo 4:1-5 declara que en los últimos tiempos algunos que son engañados se apartarán de la fe y enseñarán doctrinas de demonios. Una de ellas fue la prohibición de "comer ciertos alimentos que Dios ha creado para que los creyentes y los que conocen la verdad los coman, dándole gracias." Pablo, luego, insiste que TODO "lo que Dios ha creado es bueno;" NADA "debe ser rechazado si lo aceptamos dando gracias a Dios, porque la palabra de Dios y la oración lo hacen sagrado." A pesar del concilio de Jerusalén años anteriores en su carta al final de sus viajes misioneros, Pablo expresa su conclusión tanto positiva como negativamente: Todo y Nada.

            Es muy notable también que para Pablo los únicos que no deben comer (comida impura y pura) son los que no trabajan -- los vagos (2 Tes 3:6-12).

            Existía confusión sobre el alimento que era permitido tanto en Colosa como en Roma y Corinto. Pablo les escribe (Col 2:16-23) aclarándoles que ya que el cristiano es perdonado de sus deudas y pecados, nadie tiene el derecho de criticarle por los alimentos que come. Las prohibiciones no son la realidad, porque la es Cristo. Los que pretenden ser humildes y muy religiosos por lo que no hacen, se enorgullecen con pensamientos humanos y no siguen el plan de Dios. El verdadero cristiano no tiene que someterse a las reglas de "no comer," porque tales reglas son puramente humanas a pesar de que parecen ser sabios por su insistencia sobre externalidades religiosas.

            También en sus cartas a los hermanos en Roma y en Corinto Pablo incorpora instrucciones claras sobre los alimentos. En ambas cartas llega a una conclusión consistente con Jesús y los otros apóstoles, pero hace claro que no se trata de una ley inflexible o sin corazón. Amar a otros y mostrar consideración y respeto por diferentes creencias no esenciales eran de lo más importante. En Romanos 14:1-3 y 13-23 menciona que hay dos clases de cristianos: los débiles y los que saben. Si uno come o no, es menos importante que la actitud de respeto y amor hacia al que no concuerda con uno, porque Dios acepta a los dos, y Dios no nos ha hecho para juzgar o criticar el uno al otro. Comer o no comer no es lo que nos hace aceptable delante de Dios, y tampoco forma parte de "vivir en rectitud, paz y alegría" (Ro 14:17). En vez de criticar debemos evitar que nuestra acción cause a otro a tropezar o perder su fe. Debemos tratar de vivir en paz con todos (v. 19), a pesar de que sepamos que "en realidad ... todos los alimentos son limpiaste" (v. 20). Lo que es malo es la manera en que comemos, es decir, la forma, la actitud y el sentimiento con que lo hacemos. Podemos comer con malos deseos, sentimientos y/o actitudes de superioridad hacia otros o para con nosotros mismos.

            En su primera carta a los Corintios Pablo toca este tema en tres capítulos (8-10). Capítulo 8 se parece al pasaje en Romanos al dividir los cristianos en dos grupos. Comer o no comer alimento ofrecido a ídolos (los cuales "no son nada"), no nos hace mejor o peor como cristianos, pero no vamos a usar nuestra libertad en Cristo para hacer caer en pecado a nuestro hermano débil de la misma fe; por eso uno limita su libertad con el fin de no hacer nunca a su hermano pecar aun si eso quiere decir no comer su plato favorito.

            Pablo procede en el capítulo 9 a señalar cómo él mismo no usaba sus libertades como apóstol con el fin de evitar estorbar su predicación (9:12). Tenía el derecho de "recibir comida y bebida, y también de llevar conmigo a una esposa cristiana," y de recibir su sostén de las iglesias donde servía (9:4-6), pero "nunca he utilizado ninguno de estos derechos" (9:15). Lo más importante para él no era sus derechos sino su responsabilidad de usar su libertad con el fin de "ganar para Cristo el mayor número posible de personas" (v. 19). Es decir, obedecía la ley del antiguo pacto en cuanto a la comida para ganar a los judíos y no la obedecía mientras estaba con los gentiles para ganarlos; se cuidaba para no ofender a los débiles limitando sus libertades y sometiéndose a la falta de conocimientos de ellos (v. 20-23). Y todo esto hacía, porque la causa de Cristo era más importante que los derechos de uno. Así que es importante ser tolerante y flexible para la causa de Cristo en los asuntos no esenciales para la salvación y la fe. De este modo también se evita el legalismo.

            Luego en el capítulo 10 Pablo regresa a este tema del alimento en el contexto de la libertad y el amor cristiano (10:25-33; 11:1). Si uno desconoce algo sobre la comida que le sirven a uno, no debe ser muy escrupuloso haciendo preguntas indebidas por motivos de conciencia. Uno puede comer de todo en la mesa de los inconversos sin hacer preguntas, pero si alguien voluntariamente le informa, entonces no la coma, con el fin de respetar la conciencia del que se lo dijo. Debemos siempre dar un buen ejemplo en todo a todos para la gloria de Dios, y esto es lo que hacía Pablo, no pensando en sus derechos personales en ningún momento, y él nos manda, "Sigan ustedes mi ejemplo, como yo sigo el ejemplo de Cristo" (11:1).

 

Conclusión

 

            Después de un examen de los pasajes más relevantes podemos resumir las enseñanzas básicas de la Biblia en cuanto a los alimentos. (1) En el Antiguo Testamento el antiguo pacto mandó al pueblo de Dios a no comer ciertos alimentos, y por eso los judíos en el Nuevo Testamento y hasta el día de hoy se han caracterizado en parte por sus reglas sobre la comida y su preparación (Kosher). (2) Jesús y la iglesia neotestamentaria primitiva y apostólica rechazaron estas prácticas como algo necesario para la salvación, (3) pero aunque un cristiano esté libre de estas prohibiciones del alimento, existe un principio básico de comportamiento cristiano responsable y voluntario que evita el legalismo. Debemos estar dispuestos a limitar nuestra libertad en Cristo para el bienestar espiritual de nuestros hermanos débiles de la fe para los no creyentes en Cristo que no comprenden todavía esta libertad que tenemos en Cristo. Todo esto es para el bien del compañerismo dentro de las congregaciones y para que tengamos buen testimonio entre los inconversos. (4) Cabe señalar finalmente que la Biblia no manda a nosotros a no comer ninguna carne ni siquiera en ciertas épocas, como la cuaresma. El ser vegetariano no le hace a uno más santo que el que come carne. Todo se debe hacer en el espíritu del amor y compañerismo con nuestro hermano.

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