“Los evangélicos en P.R. desde el siglo XIX,” Tomo II:8-12
Por:  Dr. Donald T. Moore

                                                             

            Durante cuatro siglos de colonialismo de España dominaba en Puerto Rico el catolicismo español.  El gobierno y la Iglesia Católica Apostólica y Romana se unían para evitar la entrada de los no católicos y las publicaciones protestantes a la isla.  Aun se utilizaba la Santísima Inquisición cuando era necesario.  Existía libertad de religión únicamente para la Iglesia oficial del estado. 

            No obstante, los precursores audaces e intrépidos del movimiento evangélico lograron penetrar la defensa Católica. José Antonio Badillo Hernández (c. 1812-c. 1889) adquirió una Biblia ilegal del comerciante I. Heiliger y en el barrio Maleza Alta de Aguadilla comenzó a leerla no solamente para sus propios conocimientos sino para compartir sus enseñanzas con sus familiares y vecinos. A pesar de los esfuerzos de la Guardia Civil Española de confiscar ese libro sagrado e inspirado y así acabar con la compenetración de sus enseñanzas, los Bíblicos, los primeros evangélicos, no dejaron de compartir su mensaje en el barrio la Montaña también.  Cuando el misionero presbiteriano llegó a esos barrios después de 1900 descubrió una comunidad que ya demostraba el mismo espíritu evangélico que se manifestaba con frecuencia en toda la isla el siguiente siglo.  Ya Badillo había organizado la primera escuela en su barrio, ya había establecido el primer centro de salud de emergencia en su casa y ya se daban servicios de predicación en distantes barrios del municipio de Aguadilla.

            Durante el siglo XIX otros intrépidos precursores del movimiento evangélico lograron establecerse en la isla de Vieques y en la ciudad señorial de Ponce.  Unos emigrantes de las islas británicas caribeñas comenzaron a adorar a Dios conforme a su fe Anglicana y a formar una escuela para la enseñanza de sus niños. Lograron permiso oficial de Madrid para establecer una escuela y una iglesia en Isabel Segunda, Vieques. De manera parecida en Ponce con la intervención de la Reina Victoria de Inglaterra se obtuvo permiso para la formación de una iglesia en Ponce con la condición de que observaba ciertas restricciones y limitaciones.

            Con la Guerra Hispano-americana en 1898 los Estados Unidos establecieron su dominio sobre la bella y estratégica isla tropical del Mar Caribe.  Inmediatamente las sociedades y juntas misioneras de varias iglesias evangélicas en los Estados Unidos comenzaron a interesarse en la entrada de sus misioneros en Puerto Rico, Cuba y las Filipinas.  Este interés y deseo de cooperación entre ellas se cristalizó en 1899 en una reunión de los ejecutivos de las iglesias presbiterianas, las bautistas Americanas, las congregacionalistas y la Iglesia Metodista Episcopal en Nuevo York.  En una reunión significativa oraron arrodillados alrededor de un mapa de la isla pidiendo la dirección divina para poder cubrirla toda y de una manera que evitara la hostilidad y la competencia misionera de parte de las diferentes denominaciones evangélicas y luego dividieron la isla en cuatro áreas de responsabilidad que fueron asignados a las cuatro juntas.  De esta manera esperaban cubrir la isla más económicamente y a la vez demostrar la armonía y unidad de un cristianismo común.  En la misma isla se hicieron otros ajustes en las asignaciones territoriales para acomodar a los Discípulos de Cristo, la Alianza Cristiana y Misionera, los Hermanos Unidos en Cristo, la Iglesia Cristiana de los E.U. y la Iglesia Luterana Evangélica en América del Norte. 

            Las iglesias Anglicanas en Vieques y Ponce fueron entregadas a la Iglesia Episcopal y James VanBuren, su primer obispo misionero en la isla, comenzó a planificar escuelas en la parroquia de San Juan y en Ponce y ayudar la colonia de personas enfermas con lepra. En Mayagüez se inició una escuela primaria.  También en Ponce se compró terreno para establecer un hospital. Hoy el Hospital San Lucas es uno de los más prestigiosos en el suroeste de la isla.  Más tarde los anglicanos extendieron su labor a Manatí y a Peñuelas donde también se manifestó su preocupación por contribuir a la situación de poca preparación académica y el desempleo.

            La sociedades misioneras de las Iglesias Bautistas Americanas enviaron sus primeros misioneros en 1899.  Se establecieron sus primeras obras en el norte y sur de la isla, aunque pronto se establecieron también en los pueblos a lo largo de la carretera principal entre San Juan y Ponce y aun llegaron hasta Yauco y Guánica.  Se preocuparon mucho por el desarrollo del liderato nativo y su preparación académica, abriendo una escuela ministerial en frente de la Universidad de Puerto Rico[2].  También se vieron obligados a defender la libertad de culto en los tribunales de la isla a pesar de que ese derecho constitucional estadounidense ya se declaró aplicable a Puerto Rico.

            Los luteranos entraron en la isla cuando se formó una iglesia de habla inglesa y otra de habla hispana en 1900 que pasó de San Juan a Cataño donde poco después abrieron una escuela parroquial y extendieron su obra a Bayamón.

            Para 1900 las iglesias congregacionalistas comenzaron su obra misionera en Puerto Rico por medio de un programa de escuelas debido a la alta incidencia de analfabetismo en la isla. Su escuela en Santurce que al principio fue a nivel primario y secundario operó con el nombre del Instituto Blanche Kellogg hasta 1942.  Su escuela en Lares fue entregada a los Presbiterianos de esa zona cuando decidieron concentrar sus esfuerzos en la parte oriental de la isla.  Además de operar escuelas y establecer iglesias, se interesaron en la salud del pueblo. Al principio tuvieron clínicas en Fajardo, Naguabo, la Playa de Humacao, las Piedras y Yabucoa. Luego establecieron el Hospital Ryder Memorial en Humacao pensando en la salud de las familias y en particular de las mujeres y los niños.

            Los Metodistas también aunaron sus esfuerzos a las otras iglesias evangélicas en la evangelización en los áreas de responsabilidad.  Junto con el desarrollo y la construcción de iglesias, desde un principio reconocieron la necesidad de establecer escuelas.  Su primer escuela, el Instituto Washington, se fundó en San Juan en 1900. También establecieron orfelinatos en Arecibo y en Santurce y en 1910 en Hatillo fundaron el Instituto Industrial George O. Robinson.  Otra característica de su expansión fue la designación de pastores-maestros; eran predicadores responsables para la educación de adultos analfabetos.  También se interesaron en los problemas de salud del pueblo, abriendo dispensarios en Ponce, Guayama y Patillas.

            El primer misionero de los Discípulos de Cristo entró en la isla en 1899.  Como los Metodistas, los Discípulos de Cristo se interesaron en orfelinatos para niños y niñas en Bayamón, pero debido a los gastos excesivos decidieron concentrar más en la obra evangelística.  Los Discípulos también demostraron un interés pasajero en la obra médica misionera.

            En su zona principal en el oeste de la isla los Presbiterianos desarrollaron su obra misionera enfocando cuatro áreas, el evangelismo, la educación, la obra social y la salud. En Mayagüez convirtieron el edificio usado en la Santa Inquisición en templo presbiteriano.  En Aguadilla los Bíblicos unieron a esta iglesia y en los otros pueblos los misioneros formaron otras iglesias.  Como de costumbre formaron escuelas primarias en conjunto con las iglesias, adelantando típicamente a las escuelas públicas. Además en Mayagüez y Aguadilla concentraron en obra industrial y centros de cuidado diurno.  En San Germán el misionero John W. Harris (1876-1956) vio la gran necesidad de educar a los niños desamparados y comenzó clases en el barrio de Santa Rosa en 1907.  Por iniciativa propia logró comprar terrenos para una escuela y añadía un grado cada año. Poco después la misma se convirtió en el Instituto Politécnico que él administró hasta 1938. Luego, en 1956 esta institución educativa se convirtió en la Universidad Interamericana, que para 1991 cuenta con más de 40,000 estudiantes. Es la institución privada más grande de educación superior universitaria en Puerto Rico con once unidades en San Germán, Aguadilla, Arecibo, Ponce, San Juan, Barranquitas, Guayama y Fajardo.  En ella se ofrecen estudios en materias tan divergentes como la fe cristiana, ciencias en computadora, ciencias naturales y la música y títulos desde grados asociados a doctorados. Los presbiterianos establecieron otras instituciones de carácter social educativo en Lajas, Mayagüez y Aguadilla. 

            Otra área de las misiones era la médica.  Como resultado de su visión compasiva cristiana en 1904 los presbiterianos establecieron el Hospital Presbiteriano en el Condado de San Juan y luego comenzaron la primera escuela de enfermería en Puerto Rico.  También por unos años operaron un dispensario y el Hospital Rye en Mayagüez.

            Las misiones de los Hermanos Unidos en Cristo concentraron su obra en el sur de la isla.  Además de establecer iglesias uno de sus misioneros se encargó de la obra de publicación que en 1912 se convirtió en Puerto Rico Evangélico, el periódico ecuménico más importante en la historia de Puerto Rico.  Esta publicación cesó en 1973.  Otros dos grupos evangélicos, la Alianza Cristiana y Misionera y la Iglesia Cristiana de los EE.UU. concentraron en la obra evangelística; la primera en el norte y la otra en el sur.  Los Adventistas del Séptimo Día entraron en la isla por el oeste y se dedicaron al principio en la obra evangelística y médica.  Hoy cuentan con el Hospital ­­­­­­­­­­Bella Vista en Mayagüez y el Colegio Adventista de las Antillas de nivel universitario y muchas escuelas primarias en diferentes pueblos de la isla.

            Durante estos primeros años se fomentó la cooperación entre las denominaciones evangélicas y se logró la formación de una organización ecuménica que se llamó la Federación de Iglesias Evangélicas que auspició el periódico Puerto Rico Evangélico. Con el tiempo se transformó en la Unión Evangélica de Puerto Rico.

            Desde 1916 al 1930 la obra evangélica en Puerto Rico alcanzó lentamente ciertas metas. Se adelantó el sentido de unidad entre los evangélicos al unirse en diferentes actividades, tales como campañas interdenominacionales usando el lema "Puerto Rico para Cristo", el periódico interdenominacional, la cooperación en la preparación de pastores en la formación del Seminario Evangélico de Puerto Rico en 1919 cerca de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y ciertas conferencias veraniegas para ministros.  En 1918 comenzaron a cooperar también en un proyecto de misiones en San Pedro de Macorís en la República Dominicana.  El iniciador de la iglesia evangélica y sus primeros pastores fueron puertorriqueños.  Además durante esta época algunas misiones evangélicas lograron desarrollar una obra sostenida y dirigida por el talento nativo.  Las iglesias con gobierno congregacional tuvieron más éxito en el área de sostenimiento propio que las otras.

            En 1916 los primeros pentecostales arribaron a la isla.  Los puertorriqueños Juan L. Lugo y Salomón Feliciano comenzaron su labor en la Cantera de Ponce. Estos tenían un estilo de adoración muy entusiasta, causando una controversia en esa ciudad señorial.  Sin embargo, pronto el movimiento pentecostal se extendió a Arecibo, a Santurce, a Mayagüez, y a la parte oriental y montañosa central. Su penetración en los sectores rurales fue significativa.  Este movimiento adoptó el nombre de Iglesia de Dios Pentecostal, Inc. al principio, pero posteriormente se cambió la última parte a Movimiento Internacional.  Su preocupación principal era la salvación de las almas y la sanidad divina.  Su mayor éxito se manifestó entre el pueblo de extrema pobreza.

            Durante los próximos veinte años desde 1931 al 1950, que abarca la época de la gran depresión mundial, se escenificó un fermento denominacional en la isla.  La Unión Evangélica fue reemplazada por la Asociación de Iglesias Evangélicas en 1934 que a su vez continuó la publicación del Puerto Rico Evangélico e inició labor entre los universitarios.  Aunque se discutió ampliamente la formación de una sola iglesia evangélica en la isla, solamente las iglesias congregacionalistas, los Hermanos Unidos en Cristo y la iglesia Cristiana de los EE.UU. lograron unirse para formar la Iglesia Evangélica Unida de P. R., que también ha auspiciado programas de educación y de salud.  Mientras tanto los Discípulos de Cristo experimentaron un despertar espiritual extendiendo su obra ampliamente en el sector de Guaynabo y Bayamón.

            En general la administración de las denominaciones continuaron en manos de los líderes eclesiásticos norteamericanos y el sostenimiento propio de la obra se logró entre las iglesias Pentecostales, la Alianza y los Adventistas del Séptimo Día, pero las demás iglesias continuaron dependiendo grandemente de sus iglesias auspiciadoras en los EE.UU.

            Durante dos décadas nuevos concilios pentecostales iniciaron su labor en la isla, a saber, los Defensores de la Fe, la Iglesia de Cristo en las Antillas, la Iglesia de Cristo Misionera, la Iglesia Pentecostal de Jesucristo, la Iglesia de Dios Inc., las Asamblea de Iglesias Cristianas, Samaria Iglesia Evangélica y la Iglesia de Dios Misión Board. Solamente dos de estas no tuvieron su origen en la isla.  La única denominación evangélica no pentecostal que entró en la isla durante este período fue la Iglesia del Nazareno que llegó en 1943 con miras hacia el evangelismo exclusivamente.

            Otros proyectos evangélicos de servicio social se establecieron en la isla para la época de la Segunda Guerra Mundial. Varias iglesias en los Estados Unidos que fomentaron entre su membresía la objeción por conciencia a la guerra establecieron tres programas.  La Iglesia de los Hermanos iniciaron el primer proyecto en 1942 en la cordillera central en Castañer, un barrio aislado entre Yauco, Lares y Adjuntas.  Sirvió como centro de salud, de educación y de recreación.  El siguiente año los Menonitas comenzaron su proyecto que daba énfasis en el servicio médico, la construcción en la comunidad rural y ayuda social en el sector del Rio de la Plata de Aibonito.  Con el tiempo establecieron el Hospital Menonita en ese pueblo y escuelas en otros sectores de la isla.  Ese mismo año los Cuáqueros comenzaron el proyecto de vida rural en Yuquiyú dirigido a fortalecer los servicios de las escuelas rurales, los proyectos de la comunidad, los dispensarios y clínicas médicas. Además en 1948 la Iglesia Presbiteriana inició el proyecto en el Guacio cerca de Las Marías.  Estaba dirigido al servicio de familias en la zona rural. Ofrecieron servicios médicos, formaron escuelas, cooperativas de agricultores, talleres para fabricar muebles y de la aguja. Los metodistas hicieron algo parecido en la isla de Vieques y los episcopales transfirieron un proyecto similar de Peñuelas a Sant Just cerca de Trujillo Alto. 

            La era desde 1951 al 1991 ha sido una de mayor autonomía para el movimiento evangélico en Puerto Rico.  La Asociación de Iglesias Evangélicas se reorganizó en 1954 con el nombre de Concilio Evangélico de Puerto Rico.  Aunque su membresía variaba, nunca tenía menos de seis miembros. El Concilio trató de fomentar una expansión evangélica más sistemática en el área metropolitana de San Juan, la cual crecía rápidamente. También se daba cuenta de que el viejo acuerdo territorial ya estaba obsoleto. La vasta mayoría de los pastores de las diferentes denominaciones evangélicas eran nativos y casi todos los administradores a nivel isla también.  En el área del sostenimiento propio de las iglesias[3] los logros eran menores en las denominaciones tradicionales con formas de administración más centralizadas, mientras que las denominaciones pentecostales no solamente se sostenían en casi un 100% sino también sufragaron los gastos del envío de misioneros nativos al exterior, incluyendo a los EE.UU., la América hispana y Europa.  El crecimiento continuó entre casi todas las denominaciones, aunque no al mismo ritmo.

            Nuevos movimientos evangélicos llegaron a la isla desde el exterior y otros se originaron dentro de la misma.  Entre los nuevos en llegar desde el exterior eran los Metodistas Wesleyanos, los cuales establecieron una escuela en el área metropolitana de San Juan, los Bautistas del Sur, los independientes y los conservadores, las Asambleas de Dios y el Ejército de Salvación. Además de un hogar para ancianos y un colegio en Aguadilla los Bautistas del Sur han manifestado una gran preocupación por ministrar a la población sorda de aproximadamente 78,000 personas, con sus once centros en sus iglesias en toda la isla, mientras que el Ejército de Salvación se ha preocupado constantemente por el fomento de programas sociales para el bienestar del pueblo.  El Ejército de Salvación desarrolló programas de drogadicción, incluyendo el alcoholismo, y abrieron tiendas de ropa y enseres de medio uso para los pobres.  Además los pentecostales han demostrado considerable preocupación por la rehabilitación de los adictos a las drogas y al alcohol con varios centros a través de la isla.  La drogadicción que se manifestó como un problema de gran importancia especialmente entre las personas de las edades entre 20 y 30, cobró interés en Puerto Rico a partir del 1960.  Para los comienzos de la década de los 1970 ya existían en Puerto Rico seis programas evangélicos en contra de la adicción a drogas[4], aproximadamente equivalentes a la tercera parte de los programas privados existentes en el País.  Por ejemplo, Teen Challenge de Puerto Rico comenzó en 1965 entre los varones esencialmente como una extensión del programa de David Wilkerson en los EE.UU.  En el 1974 surgió otro programa, New Life for Girls, con un enfoque similar para ayudar a las mujeres.  Para 1986 había 20 centros evangélicos en 17 municipios.  Estos constituían el 51% de todos los centros privados de tratamiento de drogadicción en la isla.

            Actualmente la influencia evangélica se ha extendido a través de los medios de comunicación no sólo por emisoras de radio sino de televisión.  Existen por lo menos 15 emisoras de radio, propiedad de iglesias o ministerios independientes evangélicos y varios canales de televisión.  La primera emisora evangélica en español[5] fue radio Redentor WEPR-FM en 1975; tenía unos propósitos evangelísticos, otros de naturaleza social para ayudar a los pobres y combatir la criminalidad.  En 1988 el canal 64 pasó a ser propiedad de la Iglesia Defensores de la fe en Bayamón y parte de su ministerio. Actualmente existen un estimado de 5,500 templos evangélicos y aproximadamente 70 puertorriqueños evangélicos sirviendo como misioneros en el exterior.

            La preocupación por el bienestar del niño también ha florecido entre los evangélicos. Con ambos padres empleados hacía falta centros de cuidado diurno para los niños.  Para julio de 1990, ya existían varios programas en diferentes pueblos de la isla[6]. Además las necesidades de los niños con impedimentos había tocado los corazones del pueblo evangélico y para a mediados del siglo se fundó la Evangelical School for the Deaf de Luquillo.

            Desde los principios los evangélicos diseminaron copias de la Biblia[7] a nivel isla tanto a sus propios feligreses como a los católicos. Usaron el español en las reuniones, los cultos y las escuelas. Por lo tanto, en cuanto a la cultura hispánica fomentaron el uso del lenguaje maternal y el modelo por excelencia de ello fue típicamente la versión Reina Valera de la Sagrada Biblia que se expresa con una belleza sorprendente para una traducción. Esta enseñanza de la Biblia en lenguaje español también elevó al pueblo culturalmente, ya que la Biblia es no solamente un libro sagrado sino también un libro de gran erudición con gran influencia en las letras de la literatura de la madre patria. Se enseñaba casi a diario, pero en especial semanalmente en sus escuelas bíblicas de los días de reposo.

            Es muy significativo que en la educación el movimiento evangélico no solamente establecía sus propias escuelas donde había necesidad, pero también fomentaba y apoyaba las escuelas públicas con el fin de vencer la ignorancia, analfabetismo y los prejuicios de los pasados siglos.  Cuando los evangélicos llegaron a principios del siglo XX, encontraron que la ruralía estaba carente de programas y planteles de educación y que existían muy pocas escuelas aun en los pueblos. Ellos veían a la educación pública y privada como una fuerza libertadora de la pobreza, tanto espiritual como económica, de tantos pobres del país. Han demostrado preocupación por la niñez, la familia, los enfermos, inclusive los leprosos del leprocomio, los universitarios, la criminalidad y el deterioro en el medio ambiente.

            Hay representantes evangélicos en diferentes áreas de la cultura de las artes y las letras. Se le reconoce a Don Abelardo M. Díaz Morales (1885-1950), oriundo de Toa Alta, editor de Puerto Rico Evangélico por muchos años y padre de Abelardo Díaz Alfaro, como el periodista por excelencia.  También Luis C. Otero, el editor de muchos años de El Evangelista Pentecostal, influyó mucho en el movimiento pentecostal.  En términos de escritores y pensadores evangélicos del país están Domingo Marrero Navarro (1909-1960) de Ponce, autor de varios libros y ensayos[8], Angel Mergal Lleras (1909-1971) de Cayey, autor de varios libros religiosos de significación[9], Juan Francisco Rodríguez[10], Gilberto Robles[11], Miguel Limardo[12], Tomás Rosario Ramos[13], Samuel Silva Gotay[14], Luis N. Rivera Pagán[15] y el botánico Ismael Vélez[16].  También ha habido aportación al arte pictórico por Sonia Badillo Rivera y a la música sacra que abarca los muchos coritos anónimos, los compositores y los directores de coros. La arquitectura de los templos también es notable en la cultura y su medio ambiente.

 

     [1]Este vocablo es mejor que el término protestante, aunque a veces se usa como un sinónimo.  Históricamente y más correctamente hoy la segunda palabra se refiere a la Iglesia Luterana en Alemania. Además se ha usado para despreciar el movimiento cristiano no-católico romano.  También del lado positivo para el vocablo evangélico, en el Congreso de Panamá en 1916 los obreros en América Latina decidieron que era el término más apropiado para describir correctamente a su propio movimiento.  Se evidencia esta preferencia histórica en Puerto Rico en la selección de los nombres de Puerto Rico Evangélico, Seminario Evangélico de Puerto Rico, el Concilio Evangélico y los antecesores de éste.  A mi juicio, se debe respetar cualquier movimiento usando el nombre que los integrantes prefieren, siempre y cuando sea posible, en vez de usar un apodo, a menos que ese grupo decida aceptarlo.   Además en este documento agrupa varios movimientos que surgieron varios siglos después de la Reforma Protestante del siglo XVI.  Por consiguiente no tuvieron nada que ver directamente con ella. Las características típicas de estas denominaciones incluyen la aceptación de la Biblia como su única autoridad, una actitud cristocéntrica, la creencia en la Santísima Trinidad, la justificación por la fe y más énfasis en la moralidad que en el rito. Además normalmente practican dos sacramentos u ordenanzas de la iglesia en vez de siete y tienen ministros y pastores casados en vez de sacerdotes.

 

     [2]Años más tarde abrieron otras escuelas en Barranquitas, Carolina, Caguas, Puerto Nuevo y otros pueblos de la isla.

     [3]A pesar de las acusaciones de algunos motivados por su enfoque político, este escritor nunca ha visto evidencia alguna que apoyara el vínculo de la C.I.A. con movimiento evangélico alguno en Puerto Rico.

     [4]El Hogar Nueva Esperanza de Vega Alta; Teen Challenge of P.R., Alcance Juvenil, SILO (Misión de Refugio y Rehabilitación Cristiana, Inc.) de Vega Baja, Camp McPherson de Juncos y Bethesda entre Río Piedras y Caguas.

     [5]Desde la década de los 1950 la emisora evangélica de WIVV en Vieques transmitía programas principalmente en inglés.

     [6]Se encontraron en los pueblos de Vega Baja, Dorado, Carolina, Río Grande, Canóvanas, Río Piedras y Santurce. Algunos fueron auspiciados por las iglesias incluyendo la Luterana y las Bautistas y otras organizaciones evangélicas.

     [7]Las Sociedad Bíblica también cooperaba en la difusión de la Biblia en Puerto Rico.

     [8]Los fundamentos de la libertad, Meditaciones de la pasión, El centauro, "Puerto Rico y Simón el cananeo", "Sartre y el concepto cristiano de la tragedia", "Crítica de la ciencia y concepto de la filosofía en Ortega", y "Relaciones esenciales entre la filosofía y la teología".

     [9]Puente sobre el abismo, El agraz, Arte cristiano de la predicación, Defensa de la educación demócratica, Reformismo cristiano y alma española, "Evangelical Catholicism as represented by Juan de Valdés", Puerto Rico: enigma y promesa, "Erasmo de Rotterdam (1465-1536)", De semántica musical y otros estudios, El reino permanente.

     [10]El arte de sonreír, Cuando invade la tristeza, La felicidad posible, El privilegio de llorar y otros ensayos, El ángel de la bondad, We have seen the Lord.

     [11]Estampas de barrio y de luz

     [12]Luces encendidas, Una pequeña nube, Roberto Clemente: la luz sobre las olas, Por los caminos del dolor, Una sola pasión

     [13]Ideas, personas y cosas, Antena en lo Alto, Historia de los Bautistas de Puerto Rico (1969 y 1979), Abelardo M. Díaz Morales, El abrigo del Altísimo, Obreros de la segunda milla.

     [14]El desarrollo del pensamiento revolucionario en la iglesia latinoamericana contemporánea y sus implicaciones para la teoría sociológica de la religión, El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina, La tecnologización de la universidad o el fin de la utopía.

     [15]La esperanza en el presente de América Latina, Domingo Marrero - La paradoja de la razón: Filosofía y Religión, A la sombra del armagedón, Caminos de esperanza, Senderos teológicos.

     [16]Los arbustos de las Antillas Menores, La vegetación del suroeste de Puerto Rico, Las plantas indeseables en los cultivos tropicales

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