“Los ‘protestantes’ siguen siendo perseguidos,” Tomo VI:88-95
Por:  Dr. Juan B. Ruiz*

Cuando miramos la historia de la iglesia a través de todos los tiempos, notamos acontecimientos espeluznantes de horrorosas persecuciones a muerte, obligando a cristianos fieles a apostatar de la fe o ser muertos.  Desde la era apostólica por los judíos extremistas, luego por los Césares, y más tarde a todo aquel que era conceptuado por la Iglesia como hereje, también era perseguido.  La Iglesia Romana se inventó lo que ellos llamaban la Santa Inquisición, en la Edad Media para procesar y matar a los que ellos llamaban “Protestantes.”  Tampoco ha sido la excepción durante los últimos cinco siglos, en la que tanto en Europa como en las Américas, cristianos evangélicos han sido perseguidos a muerte.  Aún en países extremistas católicos, la Iglesia Romana sigue persiguiendo a los evangélicos en nuestros días; y esto debido a líderes fanáticos en extremo,  cubiertos por odio.  Pues, es que son los mismos que han estado ahí por siglos.  Se debe a que nos han visto siempre como una amenaza a sus intereses religiosos y políticos.  Ese poderío eclesiástico respaldado por gobiernos aliados es el que sigue persiguiendo a sus odiados “protestantes” hoy en día.

     Por otro lado, hemos visto a párrocos, juntos a sus laicos de iglesias locales, llenos de odio, que se pasan criticando y echando pestes, en busca de la más mínima oportunidad para poder justificar su teología.  Dan palos a ciegas, presentando textos fuera de contexto, y que no se ajustan a lo que defienden.  Así que, éstos son los mismos extremistas de toda la historia  de la Iglesia Romana, que inescrupulosamente ofenden, persiguen y matan a diestra y siniestra. 

      Lo menos que pueden hacer, es decir:  “Mi iglesia es la primera, es la más grande, es la verdadera, es universal; nuestro Papa tiene la autoridad de Cristo aquí en la tierra, etc.”  Por tal razón, condenan a aquellos que llaman protestantes, herejes, rebeldes, corruptos, ignorantes, etc.

     Una de estas personas es el párroco Prudencio Sánchez, de la parroquia católica, que radica en el 401 de la Avenida Guanajibo en Mayagüez, Puerto Rico.  Fue el martes 19 de septiembre de 2006, que una miembro de la iglesia que me digno pastorear, me hizo llegar un tratado del párroco Sánchez, titulado:  “¡QUÉ REGUERO!”

     En este tratado, el señor Sánchez da palos a ciegas, tirándole fango al reformador alemán, Martín Lutero; llamándole:  protestante, hereje, traidor, rebelde, ladrón, cobarde y hasta le hace críticas por su exceso de peso.  ¿No es éste el mismo odio y modo de perseguir que usaron los líderes católicos de la Edad Media?

 

 

LUTERO Y LA BIBLIA

     En el tercer párrafo, titulado “Lutero y la Biblia”, el párroco Sánchez, muy enfático, hace la siguiente pregunta:  “¿Se imagina a Lutero abandonando la Iglesia y echando a correr con la Biblia?”  Luego, en forma de burla dice:  “Pero sin correr a gran velocidad, pues era un fraile bastante grueso.”  Primero que este Señor no sabe nada de la vida de Lutero, o es que aplica torcidamente lo que le conviene para usarlo a su conveniencia.  Lo que el Señor Sánchez no sabe, es que Martín Lutero,[1] quien había sido un estudioso de la Biblia, y la había estudiado muy bien, a tal extremo que sabía de memoria casi todo el Nuevo Testamento y grandes porciones del Antiguo.  Sabía muy bien los idiomas en que fue escrita la Biblia:  hebreo, arameo y griego.  Además sabía muy bien el latín, ya que conocía muy bien la Vulgata Latina, de Jerónimo.  Por otro lado enseñaba en su vernáculo (alemán) la Biblia en las universidades de Wittenberg y Erfurt (1508-1511), y en 1512 recibió su doctorado.

     Había dialogado con sus superiores (obispos y arzobispos de Alemania) en torno a una reforma de la Iglesia, ya que había descubierto que la Iglesia se había apartado totalmente de las doctrinas bíblicas.  Finalmente apeló a Roma, donde tuvo una vista con el Papa Juan XXII para exponer sus proclamas bíblicas de fe.  Pero el Vaticano se hizo de oídos sordos.  Finalmente en el 1517 clavó sus 95 tesis o proclamas de fe en la puerta de la iglesia de Wittenberg, Alemania, donde él era párroco.  Este acto representaba que como la Iglesia  no había tomado acción, ésta era responsable de lo que ocurriría.  Por lo tanto, Lutero no era  ningún cobarde; esto demuestra que fue un hombre valiente.  Desde luego, Lutero salió huyendo, pero fue por la persecución a muerte que tuvo por los líderes de la Iglesia Romana en Alemania.

      Segundo, dice el párroco Sánchez que Lutero se robó la Biblia de un monasterio.  ¿Quién le dijo al señor Sánchez que Lutero era ladrón?  ¿Dónde lo leyó?  ¿Quién se lo dijo?  Dije antes, que él era un estudioso y profesor de la Biblia.  Aquella Biblia era su herramienta de estudio y trabajo.  Por otro lado, la palabra de Dios pertenecía al pueblo, y no sólo a la Iglesia; ésta es el alimento espiritual que todo creyente debe recibir de sus pastores o líderes de la iglesia.  Pero del papa para abajo, hasta llegar a los párrocos, habían robado la Biblia a una feligresía que estaba hambrienta espiritualmente  y caminando en tinieblas, porque le habían cambiado la palabra de Dios por rudimentos de hombres ciegos que velaban por sus propios intereses.  Lo que el Señor Prudencio Sánchez desconoce es que Lutero se llevó su propia Biblia y que éste fue un plan de Dios para que Lutero le devolviera al pueblo lo que la iglesia católica le había negado y le había ocultado, debido a que las enseñanzas y prácticas católicas eran y son en total desacuerdo con las verdaderas doctrinas del Evangelio de Jesucristo, que son las mismas de la iglesia apostólica.

 

 

LA ESTUPIDEZ DE LA SOBERBIA

     En el párrafo titulado “La estupidez de la soberbia,” Sánchez dice que la vida espiritual de Lutero queda de manifiesto con una frase suya:  “Antes de mí no se sabía nada.”  Aunque esta frase parece estar fuera de contexto, pues se puede interpretar otra cosa.  Por ejemplo:  Se puede interpretar, “Antes de Lutero nacer, no se sabía nada de Alemania;” pero como dije en el párrafo anterior, la iglesia había quitado o dejado de enseñar la Biblia a la gente.  Es desde los años de Constantino I, el Grande (270-337 D.C.) hasta la reforma de Lutero en el 1517, cuando clavó sus 95 tesis o proclamas de fe en la puerta de la iglesia de Wittenberg, Alemania, que el pueblo estuvo en tinieblas, por lo cual, este tiempo se conoce en la historia de la iglesia como “la edad oscura de la Iglesia.”  Es lógico que Lutero dijera que “antes de él no se sabía nada.”  Verdaderamente el pueblo no sabía nada de la verdad del Evangelio de Jesucristo.  No fue que Lutero se atribuyera poder autoritativo para que por medio de él, la gente supiera algo, sino que al él dar a conocer el verdadero plan de salvación por la fe en Jesucristo, salvación gratis por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, (según lo expresan:  Romanos 3:22, 23; Romanos 5:1, 8, 10, 11; Romanos 6:23; Romanos 8.1; Romanos 10:9, 10; Hechos 16:31, etc.) el pueblo entendía el plan de salvación.

      Además, el párroco sigue diciendo que “ahora Lutero se proclamaría la autoridad máxima en la interpretación de la Biblia.”  Si esto hubiera sido así, él no hubiera hecho lo posible para que la Iglesia fuera reformada; de esta forma, los líderes principales de la Iglesia continuaban siendo la autoridad en esa Iglesia reformada.  Por otro lado, Lutero estaba consciente de lo que dice la Biblia en Juan 5:39 – “Escudriñen las escrituras, por las que ustedes creen tener vida eterna”  (Biblia Católica Americana San Jerónimo, traducción de la Vulgata Latina).  Por lo tanto, Lutero sabía muy bien que esto no era asunto de sacar una derivación de lo ya escrito, sea un punto doctrinal o alguna aplicación espiritual, como alimento para su alma, lo cual es mandato de Cristo y los apóstoles; ya que Pedro lo dijo en segunda de Pedro 1:20 – “Entendiendo primeramente esto: que ninguna profecía de la Escritura se hace según propia interpretación, porque en ningún momento la profecía fue hecha por la voluntad del hombre, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

      Por otro lado, Sánchez critica a Lutero porque  éste dijo sin humildad alguna que Dios inspiraría a cada uno cómo interpretar la Biblia y que Lutero no tenía autoridad para decir tal cosa.  Parece que este señor no tiene conocimiento bíblico alguno.  Pues, nuevamente está dando palos a ciegas.  Veamos lo que dice la Santa Palabra de Dios al respecto.  Primera Corintios 14:26 – “Pues hermanos, cuando se congregan, cada uno de ustedes puede tener un salmo, “una doctrina”, “una revelación,” una lengua, “una interpretación.” Primera Corintios 14:32 – “Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas”.  ¿Qué quiere decir esto?  Quiere decir que cuando alguien trae una interpretación bíblica, está sujeto a lo que ya está escrito en la Biblia.  Romanos 1:17 dice:  “Porque en el evangelio de la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito:  mas el justo por la fe vivirá.”

     Sigue diciendo el párrafo, que quizá Lutero pensó que si los demás eran ignorantes, negaba la autoridad de la Iglesia (que era lo mismo que decir que ya la Iglesia no existía).  Esta no es interpretación de Lutero, él dice que “quizá Lutero pensó;” es que este señor está poniendo palabras en la boca de Lutero.  Pero, quiero decirle al Párroco Sánchez que cuando la Iglesia, sea la que sea, se sale de las doctrinas fundamentales de los evangelios, y demás libros del Nuevo Testamento y practica mandamientos de hombres con doctrinas muertas, donde no está la seguridad de vida eterna, pierden el tiempo; si no mire cuando un creyente católico muere, incluyendo sacerdotes, los demás feligreses oran por ellos para que Dios los saque de pena y los lleve a descansar; esa iglesia es muerta y no le ofrece a sus feligreses seguridad de que cuando mueren van al cielo.  Esa iglesia es obsoleta y realmente es un club social jugando a iglesia. 

      Entiendo que la iglesia católica se atribuye de ser ella la única que tiene quien interprete las Escrituras, debido a que Jesucristo le dio el mandato a Pedro, donde en él la Iglesia sería edificada; de esta manera lo que Pedro ate en la tierra sería atado en el cielo y lo que desatara en la tierra sería desatado en los cielos.  Por tal razón Pedro y sus sucesores tendrán el poder de tomar decisiones a favor o en contra de la gente, o hacerle cambios doctrinales a la Iglesia, cambiando las Escrituras o diciendo que las Escrituras no tienen toda la autoridad.  Así que, estos cambios o decisiones quedarán registrados o aceptados en el cielo.  En otras palabras, Dios tiene que sujetarse a la voluntad y caprichos de Pedro y sus “sucesores.”[2] 

     Veamos lo que dicen las Santas Escrituras en relación a este tema:  Mateo 24:35 – “Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.”  (Biblia Católica, La Nueva Biblia Latinoamérica).  Esto quiere decir que todo tendrá su fin, pero la palabra de Dios permanecerá para siempre.  Juan 12:48 – “El que me desprecia y no hace caso de mi palabra, tiene quien lo juzgue y condene:  Será mi propia Palabra; ella lo juzgará el último día”  (Biblia Católica, La Nueva Biblia Latinoamérica).  He aquí la verdadera interpretación del versículo bíblico en que la Iglesia Católica se apoya para afirmar su interpretación:  Mateo 16:18 – “Y yo a mi vez te digo que tú eres “Pedro” y sobre esta “Piedra” edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.  A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos y lo que desates  en la tierra quedará desatado en los cielos.”  (Biblia de Jerusalén, Católica)

     Por lo tanto, ¿quién es la roca?  Parte del problema surge del hecho de que las palabras griegas para “Pedro” y “roca” son similares, pero sus significados son diferentes.[3] El texto “Receptus” griego del Nuevo Testamento lo declara igual que la Biblia de Jerusalén.  “Pedro” en griego es “Petros” y significa una piedra o pedazo suelto y “petra” significa “peña” como una base rocosa.  De modo que lo que Jesús dijo realmente fue…tú eres Pedro (Petros), y sobre esta roca (Jesús), edificaré mi Iglesia.  Jesús no dijo que edificaría su Iglesia sobre una piedra (Pedro), sino sobre una roca (Jesús).  Por lo tanto, Cristo habla de sí mismo como el fundador y edificador de la Iglesia.

     Los creyentes o la Iglesia formamos el cuerpo de Cristo (1 Corintios 6:15, 17; Romanos 12:5, etc.).  Entonces es lógico que Jesucristo y las enseñanzas de sus apóstoles sean evidencia de que la roca es la confesión hecha por el mismo Pedro de que Cristo es el Hijo del Dios viviente, la verdad sobre la que está fundada la Iglesia.  Efesios 2:20 enseña que la Iglesia está edificada  sobre Jesucristo, la piedra principal del ángulo.  Su declaración de que estamos edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas no se refiere a ellos mismos, sino al fundamento establecido en sus enseñanzas acerca del Señor Jesucristo.

     Cristo es designado Roca en 1 Corintios 10:4 – “Y todos bebían la misma bebida espiritual, pues bebían de una roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”  (Biblia Católica, La Nueva Biblia Latinoamérica).

     Pedro nunca se refirió a sí mismo como el fundador de la Iglesia.  Dos veces se refirió a Cristo como piedra (Hechos 4:11,12; 1 Pedro 2:4-8).  Pero en estos casos la figura es distinta, la Piedra es cabecera de ángulo, no el fundamento.

 

 

ILUSO

      En el párrafo titulado “Iluso,” dice que Lutero comprobó que la Biblia que el creyó llevarse, iba dejando un reguero de contradicciones y que la Biblia le salía al paso de lo que él decía o interpretaba.

     La Palabra de Dios no le cayó del cielo a Lutero, ni tenía un guía que le fuera dando las interpretaciones.  Uno no nace creyente.  Los creyentes se van formando.  Era lógico que al no tener un maestro que le fuera formando ya que la Iglesia carecía de la verdadera y genuina interpretación cristocéntrica y biblicocéntrica, se encontrara interrogantes o escollos; pues, se debe recordar que él había aprendido una doctrina que aunque no era la verdadera doctrina apostólica, era algo parte de una mentalidad ya formada a base de tradiciones.  Por lo tanto, no era fácil creerlo todo en cuestión de días.  Eso le sucede a toda persona que desconoce el Evangelio de Cristo y luego tiene una experiencia genuina de salvación eterna y comienza a estudiar la Palabra de Dios.  Recuerde que la fe (lo que no ve, pero lo va creyendo) es por el oír y el oír por la Palabra de Dios.

     Ese mismo párrafo dice que “la Biblia no le dejó en Paz y este es el mismo martirio que tenemos los protestantes.”  ¿Quién es Prudencio Sánchez para interpretar el corazón de Lutero y el corazón de los evangélicos?  ¿Es el párroco Sánchez el Espíritu Santo, para escudriñar los corazones de las personas?  Si Lutero no tenía paz, se debía a la persecución a muerte de la Iglesia Católica contra él.  Pero, de algo estoy seguro, y es que su corazón o su vida estaba en paz con Dios; mejor dicho, tenía paz espiritual.  Si hay algo que tenemos los evangélicos, a quienes ellos llaman “protestantes,” es paz; tenemos la paz que nunca encontramos en la Iglesia Católica, ya que el mensaje y práctica católica es un mensaje sin vida, no es transformador, no es regenerador y no es un mensaje de esperanza para el feligrés.  Sólo se basa en ritos y ceremonias de carácter mecánico, que aun ni el sacerdote que lo ministra piensa o medita en lo que está diciendo o leyendo.  Ahora, reto al Sr. Sánchez a que haga una encuesta entre los evangélicos de Puerto Rico, sobre el cambio transformador que ha ocurrido en la vida de ellos y verá que la gran mayoría le van a decir que encontraron la paz que ellos anhelaban encontrar.  Que el señor Sánchez vea la gente evangélica que antes estaban esclavizadas por diferentes vicios y como están hoy en día felices, porque fueron transformados en una iglesia evangélica; que el Sr. Sánchez vea los centros de rehabilitación, administrados por iglesias evangélicas, donde el Señor Jesucristo transforma gente esclava de los vicios y prostitución, dándole paz y armonía en sus vidas.  Que el Sr. Sánchez le pregunte al hermano Gabriel Cintrón, de Mayagüez para que le diga de los centros de adictos a las drogas que él supervisa en diferentes pueblos de la isla, y cuántos se han rehabilitado y perseveran en iglesias evangélicas contentos y felices.

     Sigue el párroco diciendo, que Lutero predicaba la salvación por la fe y que eso era lo suficiente; pues no sé de dónde él se sacó esa información.  Parece que la Iglesia Católica tiene otra historia de Lutero acomodada a su conveniencia y diferente a la historia real.  Lutero empezó a entender, según las doctrinas paulinas, que la salvación era por la fe.  Ejemplo de esto es Romanos 5:1 – “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”  Luego cuando Lutero se encontró con Santiago 2:14, 17 – “¿De qué sirve hermanos míos, que alguien diga:  Tengo fe, si no tienes obras?  Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta.”[4]  Dice la historia que estos versículos le chocaron, creyendo que en este punto la Biblia se contradecía; pero descubrió muy pronto, al hacer un estudio conciso, que mientras Pablo le predicaba la salvación por la fe a gente no creyente o no cristiana, por otro lado, Santiago le hablaba a gente cristiana o a convertidos al Evangelio de Jesucristo.  Por lo tanto, él descubrió que el creyente fue salvo por la fe, pero tiene que producir obras; no que las obras le iban a salvar, sino que el creyente que fue salvo por la fe debe dar fruto, y en este caso es el fruto de las obras; de otra manera, si dice que es salvo y no produce obras, su fe es muerta como dice Santiago 2:26.  Debe recordar que la salvación es gratis y no por obras.  Efesios 2:8, 9 – “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios, no por obras  para que nadie se gloríe.”[5]

 

 

MÁS DESILUSIÓN    

                                                           

     En la sección titulada “más desilusión,” el párroco vuelve a hacer especulaciones, diciendo que si Lutero tuvo la ilusión de que los demás iban a acatar su autoridad en la interpretación de la Biblia, poco le duró, porque su discípulo más fiel, Melancton lo sorprendió un día negando la presencia de Cristo en la Eucaristía.  En este caso, el párroco Sánchez, por primera vez tiene la razón.  Pero debemos recordar que Lutero lo que deseaba era una reforma en la iglesia.  Dije ya, que la Iglesia había abandonado las Escrituras Bíblicas,  Ésta había evolucionado de una biblicocéntrica y cristocéntrica a una llena de inventos de hombres, tradiciones paganas y muy lejos de la verdadera fe.

     Veamos ahora, que Lutero hace un análisis muy cuidadoso en relación a la Eucaristía o Santa Cena.  Él afirmaba que el papado había encadenado con tres grandes grilletes este sacramento.  El primero fue el de permitir la comunión sólo bajo una especie, en lugar de seguir el ejemplo de Cristo y distribuir tanto el pan como el vino.  El segundo fue la doctrina de la transubstanciación, que ha llevado a la Iglesia a creer que la sustancia del pan y del vino es remplazada totalmente en el altar por el cuerpo y la sangre de Cristo.  ¿Por qué Lutero condenaba la doctrina de la transubstanciación?  Miremos algunos puntos:  Primero, es imposible que un pequeño pedazo de pan y una copa de vino se convirtieran literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo.  Segundo, sabemos muy bien que Cristo ascendió a los cielos y no está en la tierra; por eso fue necesario que Él se fuera, para luego enviar al Espíritu Santo (Juan 16:7).  Tercero, la Biblia Católica San Jerónimo (Traducción de la Vulgata Latina), y otras traducciones católicas dicen en Lucas 22:19 – “Habiendo tomado el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Éste es mi cuerpo, entregado por ustedes, hagan esto en memoria mía.”  Si usted observa la Biblia Católica Jerusalén, que dice en ese mismo versículo:  “haced esto en recuerdo mío.”  ¿Cuál es la verdadera interpretación?  Después de Jesús tomar el pan, dar gracias y partirlo -- estoy seguro, que señalándose a sí mismo, dijo:  “Éste es mi cuerpo, entregado por ustedes.”  Luego dijo que ellos podían hacerlo en memoria de Él o recordándol[6]o a Él.  El hacerlo en memoria o recordándolo a Él, significa que Él no estaría presente cuando ellos lo hicieran.

     Por otro lado, podemos ver que cuando la iglesia apostólica ministraba la Santa Cena (Eucaristía), lo hacía en memoria o recordando el sacrificio de Cristo.  Veamos lo que dice el apóstol San Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 11, versículos 23-25- “Yo recibí del Señor mismo lo que a la vez les he enseñado, que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó el pan, y después de dar gracias lo partió, diciendo:  Esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes:  hagan esto en memoria mía.  De la misma manera, tomando la copa después de haber cenado, dijo:  “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre.  Siempre que beban de ella, háganlo en memoria mía”  (Biblia Católica, la Nueva Biblia Latinoamérica).

    Ve usted porque Lutero no siguía la forma que la Iglesia ha creído del significado de la Eucaristía.  El tercero, y para él con mucho el peor, fue la doctrina del Sacrificio Eucarístico, según la cual el sacerdote ofrece a Cristo en el altar como propiciación ante el Padre.  ¿Se imagina usted un domingo en la mañana, donde alrededor del mundo hay millones de iglesias celebrando misas?  ¿Se imagina usted a Cristo muriendo a la misma vez, tantas veces y en diferentes lugares? Debe usted recordar que para la Iglesia Católica, esto es un acto literal  y no simbólico.  Todos sabemos, según Hechos 1:9-11, que Jesús subió a los cielos y  algún día ha de regresar; por lo tanto es imposible estar en el cielo y en cada templo católico a la misma vez.  Ahora, ¿qué nos dice el autor del libro de Hebreos? Hebreos 10:14 – “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”  Si con una sola ofrenda (la del Calvario) nos perfecciona, entonces no hay que ofrecer en ofrenda o sacrificio a Cristo Jesús nuevamente.  También el autor de Hebreos lo afirma en Hebreos 9:26, 28: – “Se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.  Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”

      Lutero no aceptaba la confesión de pecados a un hombre igual que él por las mismas razones.  Nadie tiene potestad para perdonar pecados, sino Cristo.  Es imposible que un hombre que no puede perdonarse sus propios pecados pueda perdonarlos de otra persona.  Fueron los judíos que vieron las maravillas que Jesús hacía, y lo condenaban, diciendo “...¿quién es éste que se atreve a perdonar pecados, haciéndose igual a Dios?” Pues, Jesús tenía razón, pues, Él es Dios.  ¿Qué nos dice la Biblia al respecto?  Primera Timoteo 2:5 dice en la Biblia Católica (La Nueva Biblia Latinoamérica), “Pues único es Dios, único es también el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, verdadero hombre que entregó su vida para ganar la libertad de todos.”  En Mateo 9:2, Jesús le dijo al paralítico que subieron por el techo, bajándolo hacia donde Jesús estaba:  “Hijo, ten confianza.  Tus pecados te quedan perdonados.”  Luego en el versículo 6, Jesús dijo:  “Para que sepan entonces que el Hijo del Hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar los pecados a los hombres;”  entonces sanó al paralítico.

 

 

EL GUIRIGAY DE LAS INTERPRETACIONES

    El señor Sánchez sigue diciendo que pocos años habían pasado de la rebelión de Lutero, cuando él mismo decía en un escrito a Zwinglio, otro de los reformadores:  “Si el mundo dura mucho se hará necesario, dada las diversas interpretaciones de la Biblia que ahora existen, para preservar la unidad de la fe, recurrir como refugio a concilios y decretos.” Para empezar, ningún indocto tiene la potestad de interpretar puntos bíblicos para sacar una nueva doctrina.  El que lo haga es un irresponsable y charlatán.  Pero, cuando estudiamos a cada uno de estos reformadores, encontramos que toda su vida se entregaron en alma, corazón y cuerpo al estudio de la Biblia.  Ellos analizaban muy bien el idioma en que el libro fue escrito, por que fue escrito, para quién fue escrito, cuándo fue escrito, dónde fue escrito, cuál es el mensaje de esa escritura, si fue literal o simbólico, si es una profecía, cuándo tendría su cumplimiento, etc.  Además, observaban lo cultural o forma de vida, tanto del escritor como del que recibía la escritura.  Por otro lado, para establecer un punto doctrinal, usaban varios versículos paralelos y no de uno o dos versículos;  por lo tanto, se aseguraban que, tal era la verdadera interpretación que Dios quería. Además, la Biblia es muy clara en sus mensajes.

      Ahora, debemos entender que por sabio y estudioso que el hombre sea, su conocimiento y su mente es muy finita, comparada con el conocimiento y mente de Dios.  Entonces, la visión, revelación e inspiración que un reformador no alcanzó, otro la pudo tener.  De algo estoy muy seguro, y es que las doctrinas básicas de la gran mayoría de los reformadores son las mismas, y aquellos puntos donde hay diferencias, en nada perjudican a la salvación al crecimiento espiritual y a la comunión con Dios; y aunque hayan diferentes denominaciones o concilios, no hay enemistad entre unos y otros. Al contrario, hay ocasiones en que un predicador de un concilio predica en la iglesia de otro concilio.  O cuando hay una campaña evangelística de algún predicador bien conocido y fructífero, asisten creyentes de todas las denominaciones evangélicas.

      Dándole un vistazo a la historia de la iglesia primitiva o apostólica, las iglesias no estaban compuestas por un concilio universal, mucho menos con un gobierno jerárquico y político que amenazara con doblegar los gobiernos de la tierra.  Ese no fue el propósito del Evangelio de Jesucristo.  Si observamos bien la iglesia apostólica, cada congregación formaba o era un concilio.  Fue mucho más tarde cuando pasó la era apostólica y pos-apostólica, cuando la iglesia tomó forma católico-romana, donde surgieron cuatro regiones controladas por sus arzobispos, formando una guerra por el poder, siendo el de Roma el dominante,  y luego se proclama Papa sobre toda la iglesia.

      Si bien es cierto, que surgieron varios reformadores, de los cuales surgen las denominaciones evangélicas aparte de divisiones.  Eso es innegable; pero han servido más de bien que de mal en la propagación del Evangelio de Jesucristo.  Pero, ¿qué es de la iglesia católica que ha sufrido un sinnúmero de divisiones, por el mero hecho de su doctrina antibíblica y su forma de gobierno?.  Comencemos por Martín Lutero, la Iglesia Ortodoxa Rusa, Ortodoxa Griega, la Armeniana, la Anglicana, la Episcopal, etc.; de las cuales ninguna de éstas, con la excepción de Lutero, es de carácter evangélica; todas son de carácter católico y todas se parecen a la iglesia romana.  Por otro lado, dentro de la iglesia católica, permanecen muchas divisiones hasta hoy en día pero todas siguen ahí a regañadientes.

    En su último párrafo, el párroco Sánchez habla de nuestro “guirigay” *

de interpretaciones, al guirigay de sectas.  Primero, quiero decirle al párroco que todas las iglesias evangélicas fundamentales poseen una teología abarcadora, clara y precisa, donde cada punto doctrinal está muy bien sustentado con suficientes versículos bíblicos, y no hay duda de que cada punto doctrinal va a la par con la iglesia apostólica.  Por tal razón, estoy muy seguro que nuestra doctrina, es una muy sana y no un guirigay. Además, Sánchez cita que la Universidad de Oxford, Inglaterra, registró más de 28,000 sectas.  Dije ya que la mayoría de las denominaciones evangélicas tienen unas doctrinas claras, precisas y bíblicas con suficientes textos bíblicos para cada punto doctrinal. Por lo tanto, no somos sectas, sino denominaciones cristianas, biblicocéntricas y cristocéntricas.  El hecho de que sean tantas, existen para bien de la expansión del Evangelio mundialmente, para que se haga la voluntad de Dios, en predicar el mensaje de salvación, regeneración, santificación y perseverancia para el reino de los cielos; mientras que la iglesia católica no puede llevarlo, porque a pesar de que es una iglesia mundial, hace siglos que se alejó de la palabra de Dios y del mensaje genuino de Cristo Jesús. 

 

 

CONCLUSIÓN

      ¿Qué debe hacer la iglesia católica en el poco tiempo que le queda?  Debe volver a sus raíces, volver a la genuina palabra de Dios, volver al mensaje apostólico, adoptar las 95 tesis o proclamas de fe que Lutero le ofreció en el 1517.   Por lo tanto, es necesario que predique el mensaje de arrepentimiento, la salvación por la fe en Jesucristo y las obras como fruto del creyente en demostración de que el amor de Dios está en la vida de ese creyente. Al párroco Prudencio Sánchez decimos: que sea sincero consigo mismo y con Dios.  Lea y estudie la Biblia, que es la única fuente de salvación y vida eterna.  De nada vale tirarle piedras a otros, cuando su techo es de cristal.  Además, le recomiendo que se lea el libro titulado,  Lejos de Roma y cerca de Dios, donde encontrará una recopilación de los testimonios de cincuenta y cinco sacerdotes católicos romanos convertidos al Evangelio de Jesucristo.  Estoy seguro que se ha de sorprender del testimonio de ellos.

     

*Dr. Juan Ruiz ha estudiado y enseñado en varias instituciones públicas y teológicas en Nueva York y Puerto Rico desde el 1970 hasta el presente. También ha servido como pastor en la Iglesia Bautista la Fe de Dominguito en Arecibo y la Iglesia Bautista Casa de Oración en Hatillo.

 

[1]“La Vida de Martín Lutero y su aportación…,” Las Doctrinas Sanas y las Sectas Malsanas, IV:182-190.

[2] Ver “El apóstol Pedro – Preeminente pero humano,” DSySM, I:130-135; “Compariendo nuestra fe con los Católicos,” DSySM III:12-22.

[3] Vea la nota #2.

[4] “La fe genuine y las obras,” DSySM, I:242-248.

[5][5] “La parte nuestra en nuestra salvación,” DSySM, I:70-74.

[6]Ver “La cena del Señor,” DSySM, II:79-91 y la nota #5.

* Lenguaje ininteligible, escándalo.

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