“Compartiendo nuestra fe con los católicos,” Tomo III:12-22
Por: Dr. Donald T. Moore

Entre los católicos y los evangélicos hay diferencias, pero hay muchas doctrinas y prácticas que tienen en común. Hay momentos cuando es imprescindible dar énfasis en lo que nos separa y otros cuando es imperativo recalcar lo que nos une. Es posible interpretar las cosas que nos separan como aquellas que han sido añadidas al evangelio más bien que quitadas. Para mejor compartir, dialogar y testificar de nuestra fe es importante poder distinguir cuándo señalar lo que nos une o lo que nos divide. Debido a que muchos de los que se convierten del catolicismo se sienten muy defraudados por su fe anterior, ataquen y rechazan todo lo que les parece católico, es importante darnos cuenta que existe dentro del romanismo lo que es común a una fe bíblica y a veces conviene subrayar esas verdades. Y ¿cuáles son las prácticas y enseñanzas que tenemos en común y cuáles son las en que diferimos?

 

 

¿Qué tenemos en común?

 

Entre las prácticas y las creencias que ambos comparten son la Biblia, Dios como la Santísima Trinidad, Jesús como el Cristo, el Señor y el Salvador, el significado redentor de su muerte y su resurrección física de los muertos. También, se concibe a Dios como el Creador, el Redentor, el Soberano y el Juez y a Jesucristo, el Hijo de Dios nacido de la virgen María, quien tuvo un ministerio con frecuentes milagros y quien murió una muerte expiatoria, pero en la actualidad reina y vendrá al final de los tiempos en una segunda venida. Además, creemos en el Espíritu Santo.

El concepto del Dios trino y una comprensión la persona de Jesucristo como divino y humano está vinculado con los primeros cuatro concilios ecuménicos durante los primeros siglos. Ambos aceptan la Biblia como las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios. Creen en la creación y la caída subsecuente del hombre en pecado y en la existencia del cielo y el infierno. Creen en el hombre como pecador que necesita la gracia salvadora de Dios. Creen en el amor como una virtud esencial cristiana. Creen que el matrimonio como algo sagrado en los ojos de Dios. Practican el bautismo y la comunión o la cena del Señor. Comparten muchos de los mismos himnos y música y ciertos días religiosos durante el año eclesiástico y reconocen la necesidad de una adoración comunitaria los domingos. Comparten ciertas épocas del año como la Navidad[1], el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección que ambas celebran con actos especiales de adoración en comunidad. Además, en los EE.UU. durante los últimos años han cooperado en ciertas actividades de índole moral, social y educacional, como las cruzadas de pro-vida en contra del aborto legal e ilegal y sobre temas de la sexualidad humana. También, han dicho presentes en las grandes cruzadas evangelísticas de Billy Graham en Puerto Rico y otros evangelistas.

 

¿Cómo compartir nuestra fe con ellos?

 

Es cierto que hay matices de diferencia en todas estas enseñanzas compartidas, como lo es el caso de la Biblia Católica con los siete libros apócrifos o deuterocanónicos adicionales en el Antiguo Testamento, pero en la conversación deberíamos reconocer y admitir que existen conceptos importantísimos que nos unen. Si somos sabios en este reconocimiento, podemos usarlos como puentes para llegar al corazón de aquel que no ha tenido un encuentro personal con Cristo. Pero a la vez es importante hacer claro que uno no está interesado únicamente en ganar a la persona para su religión sino que el interés principal está en su relación personal con el Señor. Los aspectos compartidos pueden servir de puentes que podemos utilizar para llevarlos a ese encuentro personal sin que ellos tengan que rechazar todo de su fe religiosa. En vez de condenarlos a ellos y a su iglesia, podemos darles la mano de manera que pueden abandonar aquellas cosas añadidas al evangelio bíblico que tienen base en la tradición y sus razonamientos basados en supuestos que no aparecen en los escritos apostólicos bíblicos.

Además, existen ciertas épocas del año más que otras que favorecen el testimonio[2] debido a que muchos católicos están pensando en sus vidas espirituales y en Cristo. Estas pueden ser las mejores épocas del año para compartir la posibilidad de una relación personal con Cristo. Son días propicios para invitarles a compartir el estudio de la Biblia, porque durante ciertos días su calendario litúrgico los anima a la lectura de la Biblia y a la oración. Así provee una oportunidad para uno invitar a los amigos y parientes católicos a acompañarnos en el estudio de la Biblia y la oración. Estas épocas incluyen el Adviento[3] (las cuatro semanas antes del 25 de diciembre), la Navidad[4] (desde el 25 de diciembre hasta el 6 de enero), la Cuaresma[5] (los cuarenta días antes del Día de Resurrección), la Semana Santa y el Tiempo Pascual[6] (los cincuenta días entre el Día de Resurrección y el Día de Pentecostés) y la Septuagésima[7] (el período entre la Navidad y la cuaresma).

Es muy importante comenzar dónde está la persona en su vida espiritual. Eso podría indicar el nivel para darle un testimonio personal como punto de partida sin prescindir del ejemplo personal como cristiano. Además, es necesario relacionarnos con nuestro amigo como una persona íntegra y luego está el nivel de la discusión de la Biblia. Después de comenzar dónde él está en su vida espiritual, hay que guiarlo y permitir al Espíritu Santo llevarle dónde se debe llegar -- a la madurez en Cristo Jesús (Ro. 8:29).

¿Cuáles son algunos pasajes bíblicos recomendados para el estudio? Depende de la época del año, la persona y su necesidad, pero algunos textos excelentes para compartir son las experiencias de Jesús con ciertos personajes de la Biblia cuyas vidas fueron cambiadas mediante su relación personal con El. Incluyen a Nicodemo (Jn. 3:1-21), la mujer samaritana (Jn. 4:1-42), el hombre que nació ciego (Jn. 9), Zaqueo (Lu. 19:1-10), el ladrón en la cruz (Lu. 23:39-43), el eunuco de Etiopía (Hch. 8:26-40), Saulo o Pablo de Tarso (Hch. 9:1-22), Cornelio (Hch. 10:1-48), Lidia (Hch. 16:11-15, 40) y el carcelero de Filipos (Hch. 16:23-34). Si las personas ya tienen conocimiento de la Biblia, puede dar otros estudios en los libros de Romanos, Gálatas 3 y Efesios 2.

En la conversación hay ciertas cosas que no se debe hacer y otras que uno debe hacer. ¿Qué no es recomendable hacer? Primero, no criticar o burlarse de la Iglesia Católica, sus doctrinas, sus prácticas o sus objetos sagrados. Nuestro propósito no es condenarla. Si uno lo hace, con frecuencia el efecto es causar al católico defender su religión aunque no esté de acuerdo con ella en muchos puntos. Además, eso viola el espíritu del amor que debemos manifestar. No obstante, si el mismo católico ofrece una crítica o expresa desacuerdo con ella, nosotros podemos indicar nuestro acuerdo o simplemente escuchar sin expresar nuestra creencia. Pero esto no quiere decir que no podemos discutir las doctrinas añadidas al evangelio. Quiere decir que hay que tener mucha cautela y cuidado cuándo lo hacemos. Además, al principio del diálogo es más importante señalar lo que tenemos en común. El ataque contra el catolicismo o comentario negativo hacia su religión puede ser contraproducente; por eso es importante expresar todo con cortesía y con amor.

Otras sugerencias negativas son: No discutas iglesias y religiones. Concentra en la relación personal de tu amigo con Cristo. Presenta el evangelio con claridad y lógicamente. En los estudios bíblicos compartidos, permite a la persona descubrir por sí mismo el contenido y el significado del texto. Concentra únicamente en los puntos esenciales para la salvación sin discutir lo que no está relacionado. Pero si hay que lidiar con una pregunta no relacionada, al final de la contestación regresa otra vez al punto central de la salvación de tu amigo y su necesidad de una relación personal con Cristo. No le preguntes si es un cristiano, pues muchos católicos se consideran cristianos por el mero hecho de su bautismo en la infancia. Una pregunta más clara es "¿Cómo va tu relación personal con Cristo Jesús" o "Cuénteme de tu encuentro con Cristo".

¿Qué es recomendable hacer? Primero, es importante amar a los amigos católicos y aprovecharse de las oportunidades de manifestar ese amor en maneras prácticas. Segundo, es importante orar por ellos. De hecho cuando se oran juntos, menciona su nombre en oración a Dios, porque algunos nunca han tenido la experiencia agradable de escuchar su nombre en una oración. Si ellos nos dicen que son católicos, es importante responder de manera positiva. Uno puede indicar que tiene amigos y/o parientes católicos y que les tiene mucho respeto. Tercero, use una Biblia Católica o ecuménica cuando la "protestante" pudiera causar un tropiezo innecesario. Puede ser recomendable hacer comparaciones de algunos textos para que se den cuenta de que el mensaje concuerda en las dos Biblias. Cuarto, es importante mostrar respeto por María como un ejemplo y modelo y como la madre terrenal de Jesús, nuestro Señor (Lu. 1:43), y aun en ciertos momentos uno puede referirse a ella como la Virgen María, pues efectivamente fue virgen cuando Jesús nació. Esto puede ayudar a romper barreras innecesarias en el diálogo.

Debemos tener presente que hay ciertos conceptos y sentimientos que los católicos tienen. Algunos creen que únicamente en la Iglesia Romana hay salvación, porque se les enseña que es el medio ordinario de la salvación. Así que algunos tienen miedo de perder la salvación eterna. Otros creen que la Iglesia Católica es la única iglesia visible, pues entre los evangélicos hay tantas diferentes denominaciones. Aún perdura la idea entre algunos que los reformadores salieron de la católica porque querían contraer matrimonio o por otras razones mundanas. Algunos vienen de familias católicas y tienen miedo de las presiones familiares y del rechazo de ellos. Otros sienten que tienen más libertad en su estilo de vida como católico. Por eso, a veces preguntan, "¿Qué tengo que dejar?" o "¿Qué prohibe tu religión?" La contestación a esta pregunta exige mucho tacto. Una respuesta con una lista de prohibiciones puede cerrarle la puerta al evangelio, pero una respuesta breve como "Eso lo determina cada creyente al seguir a Cristo y la dirección del Espíritu Santo". O, "Como bautistas eso lo dejamos a la conciencia del individuo".

Además, hay ciertos conceptos católicos que uno debe saber antes de una conversación íntima. Su concepto de la salvación es uno de ellos. Para recibir la gracia divina esencial para la salvación, hay que someterse a los sacramentos de la Iglesia Católica. Eso quiere decir que mediante el bautismo, la confirmación, la eucaristía, la confesión, la penitencia, el matrimonio y la unción de los enfermos el católico recibe poco a poquito una cantidad de gracia divina que le permite recibir la vida divina dentro de uno. Todo esto implica la necesidad de someterse a la Iglesia Romana, la única iglesia instituida por Cristo, la mediación de sus sacerdotes y de ser siempre un católico practicante para poder ser salvado.

Aunque los católicos y los evangélicos están de acuerdo en que el ser humano como pecador necesita la salvación, hay versos importantes que podemos compartir con ellos acerca de la seguridad de la salvación[8] (Jn. 5:24; 1 Jn. 1:7; 5:13), la existencia de un solo mediador (1 Ti. 2:5; Jn. 14:6; Jn. 10:9-10; Heb. 4:14-16; 4:12) y la salvación mediante una experiencia personal con Cristo más bien que mediante los sacramentos (Ef. 2:8-10; Jn. 1:12; Jn. 3:16). Estos pasajes hacen claro que la salvación no está incierta y no se necesita la ayuda de los santos y los sacramentos. Más bien la salvación es personal, segura y mediante la fe en Cristo que produce en nosotros ciertas obras. La fórmula de la salvación no es la de los judaizantes de los tiempos de Pablo:

 

 

FE EN CRISTO + OBRAS RITUALES Y MORALES ----> VIDA ETERNA

sino la fórmula paulina y apostólica de la iglesia primitiva fue:

FE EN CRISTO ---> VIDA ETERNA ---> OBRAS DEL ESPIRITU SANTO[9].

 

Visto así, el instrumento o la condición de la vida eterna es la fe (Ro. 5:1), pero su base es la gracia de Dios (Tito 3:5-7) y la sangre o muerte de Jesucristo (Ro. 5:9). Así que la gracia gratuita de Dios (Ro. 3:24; 4:4) es suficiente para salvarnos sin requerir méritos nuestros en base a ciertas obras personales de caridad y rituales. Asimismo la muerte de Cristo es una propiciación o sacrificio por el pecado que en sí es suficiente, completo y eficaz sin mérito humano alguno (Tito 2:14). Por eso la fe personal en Cristo la cual es don de Dios basta para justificarnos sin exigir obras meritorias[10], pero la fe que salva produce un cambio en la vida mediante el Espíritu Santo de manera que ahora hay una vida santificada. Pero la base esencial es la gracia divina, la misericordia, el favor de Dios, pues jamás podemos merecer ni siquiera comenzar a aportar méritos algunos para ella. Todo depende de lo que Cristo ya hizo por nosotros cuando estaba en la tierra.

 

 

¿Cuáles son preguntas que los católicos hacen?

 

Aun cuando uno recalca los puntos compartidos, hay preguntas claves que a veces suelen preguntar sobre las diferencias importantes. Estas incluyen las enseñanzas marianas y de los santos, el papa infalible, el purgatorio, el apócrifo, la transubstanciación, la adoración de la hostia, los poderes especiales del sacerdocio católico y la necesidad de obras para la salvación. Es importante estar preparado con una respuesta correcta y bíblica sin condenar a la persona que las hace o a su iglesia. La respuesta se formula con cortesía, respeto y en el amor cristiano.

 

 

¿Estás usando una Biblia "protestante"?

 

Debido a la creencia de que la Biblia Católica es muy diferente, surge la duda de poder confiar en una que no sea católica. En caso de esta pregunta hay varias opciones. Ya que son raras las veces que los mismos católicos usan los siete libros adicionales incluidos en el Antiguo Testamento de la Biblia Católica[11] y todas las Biblias tienen los mismos libros en el Nuevo Testamento, podemos usar una católica que ellos tienen a la mano, como la Latinoamericana, la Biblia de Jerusalén u otra. También podemos usar la Versión Popular con los deuterocanónicos mostrándoles la carta de aprobación publicada al frente de ella. Si se usa una católica, conviene estar al tanto del contenido de las notas explicativas, especialmente cuando dan un punto de vista exclusivamente doctrinal católica.

 

 

¿Escribió, escogió y confeccionó la Iglesia Romana los libros de la Biblia? ¿Se trata de un libro católico o de creación católica?

 

Esta pregunta confunde la Biblia con el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento existía como Escritura antes de la fundación de la iglesia primitiva cristiana y todos sus libros fueron escritos por los hebreos o judíos. No hubo escritor cristiano alguno. De hecho la Biblia durante los primeros años de la iglesia primitiva se componía de esos libros y los mismos libros neotestamentarios hacen frecuente referencia a ellos. Así que muchos de los libros bíblicos existían antes de la Iglesia Católica en vez de ser una creación de ella.

Además, es esencial señalar que toda la comunidad cristiana jugaba un papel en la selección o reconocimiento de los libros canónicos, y en especial del Nuevo Testamento. Nunca se limitó a la jerarquía de la Iglesia Romana o a los concilios. Estaban involucrados cristianos en los tres continentes de Europa, África y Asia. Por lo tanto, los cristianos de muchas nacionalidades aportaron algo y muchos de ellos nunca adoraron a Dios por medio del rito latino y tampoco reconocían al Obispo o Papa de Roma como su máximo pontífice. Además del criterio de ser apostólico, se usaban otros criterios para determinar los libros sagrados del Nuevo Testamento, tal como los que respondían a las necesidades espirituales del pueblo cristiano en las iglesias locales y les ayudaban a crecer en la gracia de Dios. Es mucho más acertado afirmar que todo el pueblo de Dios descubrió, seleccionó y preservó los libros que componen la Biblia que dar crédito exclusivo a una denominación en particular.

En realidad, la Iglesia Católica Romana como la conocemos hoy no existía cuando se concluyó la selección de los libros bíblicos. Por lo tanto, recalcamos que es mucho más acertado decir que todo el pueblo cristiano reconoció los libros divinamente inspirados y es una equivocación darle crédito únicamente a la Iglesia Romana. Cabe señalar también que el papel histórico de los primeros concilios era uno de promulgar públicamente el consenso ya existente entre las principales iglesias locales en vez de determinarlos[12].

 

 

¿Existe la necesidad de un solo tribunal supremo para interpretar la Biblia?

 

La Iglesia Romana ha sostenido la necesidad de uno. De hecho insisten en que el papa como el único infalible tiene ese derecho, pero está en las manos de los obispos como el magisterio la facultad de determinar la interpretación oficial cuando la iglesia o algún concilio no haya declarado la explicación verdadera. De un lado, esto puede ser beneficioso, pues como tribunal supremo "infalible" ayuda a mantener la uniformidad y unidad de esa iglesia. De otro lado, es dañino, porque coloca el mensaje y la interpretación de la palabra de Dios en manos del clérigo de una sola denominación y no provee mecanismo para su corrección en caso de equivocación. Pero si los laicos no pueden interpretarla, implica que no la pueden entender y si no la entienden, entonces, ¿por qué leerla? Y si no la leen, ¿por qué diseminarla? Pero ya que las Sagradas Escrituras se dieron para la enseñanza, corrección e instrucción (2 Ti. 3:16-17), deben estar disponibles para la lectura de todos.

Hoy el Espíritu Santo es el Intérprete y Maestro por excelencia para su pueblo (Jn. 14:26), y ya que inspiró el mensaje original y la preservó de corrupción a lo largo de la historia, este mismo Espíritu de la verdad es el mejor capacitado para dar a conocer el mensaje bíblico de la suficiencia de la gracia, la muerte de Cristo y de la fe en el Hijo de Dios para la salvación de su pueblo (1 Pe. 1:19-21). Y cuando su pueblo lee la Biblia con comprensión, inevitablemente la interpreta, y para una mejor interpretación existen ciertas normas para ayudar[13].

 

 

¿Cuál es la iglesia verdadera?

 

Muchos católicos hacen esta pregunta, porque creen que la salvación dependa de su membresía y fidelidad a la Católica. Así que su preocupación en realidad es saber en quién pueden confiar para su salvación personal. Para ellos es muy importante asegurarles que por definición bíblica una iglesia es el cuerpo de Cristo (Ef. 5:29-30) y que está compuesta de los que aceptan a Cristo como Señor y Salvador (Hch. 2:41). Así que la pregunta que se debe hacer es: "¿Soy miembro del cuerpo de Cristo, la iglesia verdadera?" Esa membresía se logra mediante el recibimiento de Cristo en el corazón por fe como el Salvador personal de uno (Jn. 1:12). Una de las últimas Sana Doctrinas provea una contestación más completa doctrinal a esta pregunta[14].

 

 

¿Fue Pedro el primer papa?

 

A veces cuando los católicos hacen esta pregunta, quieren saber si "¿Es verdad que puedo tener fe en la jerarquía de la Iglesia Católica que tiene al Papa como su cabeza?" En algunos casos no ayuda nada discutir si Pedro era el primer papa de la Iglesia Romana, pues los propios teólogos católicos a través de la historia han estado divididos en cuanto a la referencia de que "sobre esta roca voy a edificar mi iglesia" (Mt. 16:16)[15]. La mayoría de los padres de la Iglesia durante los primeros siglos creían que se refería a la confesión de Pedro de que Jesús era "el Mesías, el Hijo de Dios viviente" o sea, de que se trataba de una referencia al mismo Cristo. Como quiera la iglesia está edificada sobre Cristo mismo como el Mesías y la piedra angular del "fundamento de los apóstoles y los profetas" que predecía su venida (Ef. 2:20). Asimismo, Pedro en su primera carta (2:4-6) hizo una invitación a ir a la Piedra viva (a Cristo) que fue rechazada por los hombres y luego Dios lo hizo a El la piedra angular en quien deberíamos poner nuestra confianza. Además, Jesús mismo veía a sí mismo como el fundamento de la iglesia que iba a edificar (Mt. 21:33-46). Así que se debe recalcar que lo más importante es poner la fe en El personalmente, porque efectivamente podemos tener plena fe y confianza en Cristo, la cabeza de la iglesia.

 

 

¿Quién es la cabeza de la Iglesia hoy?

 

A pesar de que el Segundo Concilio Vaticano y el Catecismo de 1994 insisten en que Pedro y los sucesores encabezan la iglesia en el día de hoy, la Biblia no apoya esta posición. Existen diferentes razones bíblicas para descartar esa idea. Primero, Pedro no actuaba como si fuera el papa que mandaba en la iglesia. No fue Pedro sólo quien decidió ir con Juan para examinar el ministerio de Felipe en Samaria, sino que los APOSTOLES enviaron tanto a Pedro como a Juan (Hch. 8:14). Además, cuando Cornelio se postró en reverencia a los pies de Pedro, le mandó parar, porque era solamente un hombre (Hch. 10:25-26). Ese mandato del apóstol dista mucho de la reverencia que los devotos dan a los papas en el día de hoy. También Pedro en su primera carta se identifica como un anciano igual a todos ellos (5:1) en vez de reclamar el rango de príncipe de los apóstoles con autoridad sobre todos. Y eso no era únicamente una táctica o estrategia para manipularlos.

Los otros apóstoles tampoco reverenciaban a Pedro como la cabeza de la iglesia o el vicario de Cristo en la tierra. En el Concilio de Jerusalén (Hch. 15) Pedro no presidió, no propuso y no dictó la solución al problema bajo discusión, pues Pedro era uno entre varios que aportaron sus testimonios y sugerencias, pero fue Jacobo (Santiago) quien propuso la solución. En una ocasión Pablo viajó a Jerusalén y se reunió con los tres líderes principales que eran Jacobo (Santiago), Pedro y Juan -- y no con Pedro sólo. El resultado de esa visita hizo claro que Pedro no era el pastor universal del cristianismo, pues todos estaban de acuerdo en que Pedro con los otros líderes se encargaría del ministerio a los judíos y que Pablo con Bernabé iría a los no judíos (Gá. 2:1-10).

Tercero, Pedro mismo afirmó que Jesús era la cabeza de la iglesia. La piedra rechazada en Sión se convirtió en la piedra angular (1 Pe. 2:6-7). Cuarto, las epístolas paulinas también subrayan el hecho de que aun después de su muerte Jesús seguía siendo la cabeza de la Iglesia (compare 1 Cor. 3:11; Ef. 1:22; 2:20-21; 5:23; Col. 1:18). Así que está claro que Jesús no delegó su autoridad sobre la tierra (Mt. 28:18) a ningún ser humano en la tierra, pues mandó al Espíritu Santo a ella en su representación para ser su Vicario o sustituto (Jn. 14:15-18; 16:7-11) y ese Espíritu sigue en esa capacidad en el día de hoy.

 

 

¿Cuáles son las llaves[16] de San Pedro?

 

Según la Iglesia Católica las llaves simbolizan el derecho de los apóstoles y sus sucesores[17] los obispos de perdonar pecados. ¿Es cierto esto? Existen varias preguntas que podemos hacer acerca de las llaves. ¿A qué se refieren las llaves (plural) del reino (Mt. 16:18-19)? Notemos primero que en vez de Pedro insistir en que él tenía el poder para perdonar los pecados, le dijo a Simón el mago, "Arrepiéntete ... de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón" (Hch. 8:22). Además, es evidente que la preocupación del apóstol Juan fue comunicar el mensaje de las buenas noticias acerca de Jesucristo (1 Jn. 1:5) y luego la confesión de pecados se hacían a Dios (1 Jn. 1:9), no a él ni a otro apóstol. Asimismo, en la gran comisión Jesús instruyó a sus discípulos a hacer a las gentes sus seguidores mediante su mensaje (Mt. 28:18-20). Así que las llaves son el mensaje y no un derecho sacerdotal de declarar los pecados perdonados.

 

¿Se le dio las llaves a Pedro sólo?

 

No fue exclusivamente él quien recibió el mensaje de la salvación o las llaves. Según Mateo, se le dio la gran comisión a por lo menos los once apóstoles (Mt. 28:16, 18) antes de la ascensión de Cristo al cielo, pero probablemente fue la ocasión de la reunión de una multitud de 500 testigos a la resurrección de Jesús (1 Cor. 15:6). Según Juan 20:19-23 se les encargó a todos los apóstoles la misma tarea de compartir el mensaje y de esa manera remitir los pecados. Concluimos, pues, que Cristo dio las llaves a todos sus apóstoles y, por ende, a todos sus discípulos.

 

 

¿Cuál es la autoridad máxima de la fe cristiana, la Biblia o la tradición o las dos juntas?

 

A veces los católicos hacen esta pregunta debido a la enseñanza de los concilios. El Segundo Concilio Vaticano y el nuevo catecismo de 1994 dicen que la tradición sagrada y la Escritura forman un depósito de la Palabra de Dios que fue entregada a la Iglesia Romana. Como apoyo citan también 2 Tes. 2:15.

En realidad cuando hacen esta preguntan quieren saber: "¿En qué podemos creer -- la Biblia o la Biblia y la tradición?"[18] Cabe señalar que Pablo escribió a la iglesia de Tesalónica antes de que el Nuevo Testamento fuera escrito y formado como parte de la Biblia. Con razón, entonces, señaló en 2 Tes. 2:15 la importancia de seguir las enseñanzas recibidas, pues Pablo las había recibido del propio Cristo (compare Hch. 2:42; 1 Cor. 11:23). Mas tarde las cartas apostólicas, incluso la primera carta a los tesalonicenses, tendrían el mismo mensaje recibido de Dios y estas con el transcurso del tiempo formaron una parte de las Escrituras. Así que lo que era tradición en los tiempos de Pablo se recibió en la Biblia y forma parte de las Escrituras hoy. Por eso no se necesitan las tradiciones formuladas después de los apóstoles, pues en las Escrituras tenemos todo lo necesario para la salvación en Cristo (2 Ti. 3:14-17; Mt. 15:1-9; Mt. 22:32-32)[19].

Otro texto citado por los defensores de la tradición es Jn. 21:25. Pero aunque está claro que Juan no puso por escrito todo que Jesús hizo, lo que escribió era suficiente para la salvación de los lectores. Así que no hace falta otra enseñanza tradicional para complementar el evangelio, porque ya contiene todo lo necesario. Además, lo que no se incluyó en los cuatro evangelios si fuera inspirado por el Espíritu Santo estaría de acuerdo y no contradiría lo que Juan y los otros apóstoles escribieron. Cabe señalar que Cristo advirtió en contra de las tradiciones de líderes religiosos que contradicen el mensaje inspirado de Dios aunque digan que provenga de Dios (Mt. 15:7-9; Mc. 7:13; compare Col. 2:8; 2 Ti. 3:14-17).

 

 

¿Creen ustedes en la virgen María[20]?

Se hace esta pregunta para saber el papel de ella para uno. Para los católicos la virgen María juega un papel muy importante como mediadora, corredentora, modelo, madre de Dios y virgen perpetua. Esta visión de ella es emocional, doctrinal, cultural, devocional y religiosa. Así que uno debe evitar una discusión negativa acerca de ella. Es mejor representarla positivamente pero acertadamente a la luz de la Biblia, sin entrar en una discusión si tenía varios hijos o no. En el comienzo uno puede admitir que hay diferentes interpretaciones de la Biblia sin tratar de convencer a la persona de que María y José tuvieron hijos. Eso es un proceder honesto y prudente. A la vez podemos afirmar que obviamente fue una madre con mucha fe en Dios, muy bendecida del Señor (Lu. 1:28, 30, 42), pues conocía bien las Escrituras y obedecía a Dios. Como tal es un modelo de la vida cristiana y también mandó a que se obedecieran todo que Jesús dijo (Jn. 2:5) y bien sabemos que El enseñó que "yo soy el camino, la verdad y la vida" y que "nadie viene al Padre sino por mí" (Jn. 14:6). Además, Cristo invitó a todos los cargados y preocupados a ir a El para el descanso (Mt. 11:28). En vez de discutir acerca del papel de María es mucho más provechoso hablar de la salvación mediante Jesús.

No obstante, cabe señalar que las enseñanzas católicas adicionales basadas en las tradiciones de sus líderes dicen que María fue concebido sin pecado (el dogma de la concepción inmaculada, promulgada como verdadera en el 1852), que era siempre virgen (que Jesús fue el único hijo que ella concibió), que ascendió en cuerpo y alma al cielo (dogma promulgado en el 1950) y que ella es una mediadora a quien se puede orar y pedir intercesión y que es una corredentora.

La base bíblica católica para la concepción inmaculada de María está la frase traducida "llena de gracia" en algunas versiones (Lu. 1:28). Argumentan que si ella estaba llena de gracia no podía haber pecado. Pero una de las traducciones más recientes católicas en el inglés dice correctamente "eres altamente favorecida". Además ¿qué de Esteban quien también fue "lleno de gracia" (Hch. 6:8) y de Zacarías o Elizabet (Lu. 1; 2)? ¿Significa "lleno de gracia" que ellos también estaban sin pecado? Es significativo también que en su referencia a Dios María evidencia la necesidad de Su gracia (Lu. 1:47).

¿Tuvo María otros hijos?

 

La Iglesia Católica enseña que era "la siempre virgen". Definitivamente la Biblia apoya la idea de que María fue virgen cuando Jesús nació (Mt. 1:18-25), pero también habla de los "hermanos del Señor" o "de Jesús". ¿Quiénes son? A través de los siglos algunos teólogos han interpretado esta frase para significar que eran hijos de José y de María que nacieron después de Jesús, pero existen otras interpretaciones que los identifica como medios-hermanos o primos de Jesús, hijos de una hermana de María[21]. Pero uno puede creer cualquier de estas interpretaciones y ser salvo (Hch. 16:31; Ro:5:11), por eso en parte es importante ser flexible cuando se discute este tema con católicos que "veneran" a la Virgen.

La Iglesia Católica en los Documentos de Vaticano II y en su Catecismo de 1994 afirma su asunción al cielo, pues fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial cuando completó su jornada en la tierra y el Señor la exaltó como la Reina de todos. Una tradición cuenta como se avisó a los apóstoles cuando María se enfermó de gravedad. Entre ellos únicamente Tomás no pudo llegar a verla antes de su muerte, pero mientras iba a donde estaba, la vio a ella ascender corporalmente al cielo. Así que Tomás les contó a los otros apóstoles acerca de su ascensión y todos fueron a la tumba la cual encontraron vacía. Esta tradición no aparece en la Biblia, y aun el apóstol Juan quien la sobrevivió no afirmó nada de esto en su evangelio o cartas a pesar de que el mismo Jesús se lo entregó. Aún más, el propio Juan lo negó al citar las palabras de Jesús sin especificar excepción alguna como a veces hacía (ver. Jn. 4:9; 20:20-23): "Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre ..." (Jn. 3:13). No hay base bíblica para esta enseñanza.

Otra enseñanza de la Iglesia Católica acerca de María es que ella es "Mediadora"[22] con Cristo. Eso significa en parte de que ella es una mediadora entre nosotros y el Hijo. Argumentan de la situación humana a la divina de que uno encuentra ayuda primero en la madre que en cualquier otro. Pero está claro que Jesús es nuestro Mediador debido a que es el único que murió por nosotros. Pablo lo identifica como "el único" mediador entre Dios y el hombre (1 Ti. 2:5-6) quien está a la derecha del Dios en el cielo (Ro. 8:34). Además, Juan el apóstol hace claro que Jesucristo, el justo, es nuestro Abogado (1 Jn. 2:1). Debido a la encarnación de Jesús y su amor y compasión para nosotros nos compadece (Heb. 2:17-18). Además, está cerca y accesible en todo momento para escucharnos y no necesitamos a ella o a algún santo para interponerse entre nosotros y el Hijo que ha demostrado que nos ama mediante su muerte, pues sólo El nos ha amado tanto que dio su vida por nuestro rescate. Aun en la narración del milagro del vino, no se le presenta a su madre como mediadora. Nadie la pidió a ella que hablara con Jesús de que faltaba vino; eso se nota por la sorpresa del encargado del banquete por el buen vino que le sirvieron al final (Jn. 2:10). Tampoco Jesús hizo ese milagro por complacer a ella, pues le dijo claramente, "¿Qué tengo que ver contigo? Mi hora no ha venido." De esa manera hace claro que hizo esa señal o milagro por decisión propia[23].

Por otra parte, la Católica deduce de la doctrina de la ascensión de María al cielo que puede ser venerada. Oficialmente, se hace una distinción entre la adoración ("latria") a Dios y la veneración ("dulia") que tiene que ver con el honor dado a los santos y la búsqueda por la intercesión de ellos. Pero la "hyperdulia" que se da a María es una experiencia entre la veneración y la adoración y es la que describe la relación debida con María. Se trata de una veneración especial que se da a la "Virgen María" debido a su rol único en el misterio de la redención, sus dones excepcionales de gracia divina y su preeminencia entre los santos. Así que oficialmente la Iglesia Católica dice que no adora a María. No obstante, en la práctica muchos católicos la adoran sin hacer las distinciones abstractas y a veces teóricas. Eso es así en culturas católicas donde se ofrece más oraciones a ella que a Cristo, donde hay más templos dedicados a ella que a Cristo y donde se le dan títulos muy elevados a ella, pero mucho menos a Cristo. Además, las órdenes monásticas son consagradas a ella y se le atribuye muchas apariciones e innumerables milagros. Delante de sus estatuas se le colocan velas y flores y la llevan en anda en procesiones públicas. De manera que en la práctica muchos no obedecen las palabras de Jesús: "Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Lu. 4:8).

En conclusión, aunque la Biblia no provee base firme para las doctrinas católicas marianas de la virginidad perpetua, la concepción inmaculada y su asunción al cielo[24], sí la Biblia la reconoce como una sierva de Dios quien vivió una vida ejemplar de fe con una buena disposición de vivir sacrificadamente y con una conducta intachable y obediente al Señor. Fue la madre de nuestro Señor y merece ser respetada como el vaso puro que Dios escogió para traer a su Hijo a este mundo[25]. Así como dijo el ángel fue una mujer ricamente bendecida y es importante reconocer que así fue, pero la mejor manera de honrarla es acatando al único mandamiento de ella en las Escrituras, "Haced todo que él les manda" (Jn. 2:5).

 

 

¿Está mal el uso de imágenes?

 

Como en el caso de la virgen María la Iglesia Católica hace una distinción entre la adoración de los santos y su veneración, pero una vez más es una distinción intelectual que muchos católicos no siguen en la práctica. Para ellos la veneración se convierte en adoración debido a sus actitudes y prácticas. De otro lado otros católicos comprenden mejor esta distinción abstracta. Cabe señalar que en la lista de los diez mandamientos[26] la Iglesia Romana elimina el mandato de la prohibición de las imágenes. En el diálogo con ellos es importante dejar la misma Biblia hablar en este asunto (Ex. 20:4; Dt. 5:8-9; Sal. 115:4-8; 135:13-18; 1 Cor. 6:9, 10:14; Gá. 5:20; 1 Pe. 4:3; 1 Jn. 5:21; Apo. 21:8) y la persona que hace la pregunta llegar a su propia interpretación. El Espíritu Santo es el que los tiene que convencer de esta práctica y una vez que ponen toda su fe en Cristo se les hacer más fácil desprender de los cuadros. Con frecuencia es contraproducente condenarlos por estas prácticas. Puede ayudar si se discute lo que se hace cuando se adora y luego permitirles a ellos compararlo con sus prácticas con los santos.

Es contraproducente decirles lo que tienen que hacer con los santos en sus casas, después de todo si los adoran o no, depende de su actitud hacia ellos y sus prácticas. Los santos pueden representar muchas cosas para ellos. En ciertos casos son sólo recuerdos de alguien o una herencia de la familia o un lujo o decoración, pero no los adoran en la práctica. Su eliminación no debe ser una condición para compartir con ellos las enseñanzas bíblicas. Su actitud hacia las imágenes más bien que la simple presencia de ellos es lo que constituye la idolatría. Cuando ponen su fe personalmente en Cristo, ellos mismos pueden tomar la decisión de quitarlos de la pared o deshacerse de ellos. Pero la decisión tiene que ser de ellos y no puede ser impuesta por otro. Y típicamente eso ocurre después de que hayan confiado plenamente en Cristo Jesús y no antes.

 

 

¿Hay que confesarse a los sacerdotes que son humanos igual que nosotros?

 

La pregunta clave aquí es "¿A quién deberíamos confesar según la Biblia?", pero primero, ¿qué enseña la Iglesia Católica? Enseña que Cristo dio poder a los apóstoles para perdonar pecados y esa misma potestad fue trasmitida a sus sucesores, los obispos, que pueden delegarlo a los sacerdotes. De hecho ellos no son los únicos mediadores sino hay otros como los santos y María.

Según la Biblia, ¿quién tienen el poder para perdonar pecados? El Cristo resucitado en una de sus apariciones le dijo a sus discípulos "que en su nombre se predicase el arrepentimiento y la remisión de pecados" a todos (Lu. 14:47) y eso fue la práctica entre los apóstoles. Se ven dos ejemplos de lo que hacía el apóstol Pedro. Cuando regañó a Simón el Mago, le dijo que se arrepintiera y rogara "a Dios, si quizás te sea perdonado" (Hch. 8:22). Para Pedro está en las manos de Dios el perdonar, por eso debe orar a Dios. Cabe señalar que el apóstol no manda a Simón a confesar sus pecados a él; tampoco hace gesto hacia su absolución o perdón. En otra ocasión Pedro le dijo a Cornelio que el que cree en Jesús recibe el perdón en su nombre (Hch. 10:43). Otro apóstol, Pablo, recordó a la gente que a través de Jesús se estaba predicando el perdón del pecado (Hch. 13:38). La Biblia enseña que es al Señor a quien hay que confesar los pecados, no a algún ser humano que supuestamente tiene un poder que se dice que Dios se le entregó. El apóstol Juan afirma que si confesamos nuestros pecados a Dios, "El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Jn. 1:9)[27].

Entonces, surge la pregunta, "Podemos ir directamente a Cristo? o ¿es esencial la intercesión de la iglesia, María y los santos entre nosotros y Dios?" Jesús siempre daba énfasis en una relación personal entre sus ovejas (discípulos) y El, el buen pastor (Jn. 10). Es esa relación íntima con El que hace posible la entrada directa a la presencia de Dios y el disfrute de la vida abundante y eterna. Eso se ve, además, en que el velo del templo se rompió en dos desde arriba a abajo, así permitiendo al creyente en Jesús como Señor y Salvador personal entrar directamente a la misma presencia de Dios (Mt. 17:51; ver también Jn. 14:6; Hch. 4:12; 1 Ti. 2:5). De manera que la Biblia sustenta el rol de El como el único y suficiente mediador a quien tenemos acceso directo, pues salva "por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto vive para siempre para interceder"; esto forma parte del pacto nuevo que es superior al antiguo (Heb. 7:25).

A la vez es importante reconocer que la Biblia también menciona una confesión de los vivientes, "los unos a los otros" (compare Santiago 5:16). También en los días de Juan el Bautista se hacía una pública confesión antes del bautismo (compare Mt. 3:6), pero nunca enseña la Biblia que debiéramos confesarnos a un sacerdote. Además, aunque podemos pedir a que otros hermanos de la fe oren por nosotros, eso es voluntario y no es un sacramento con la función de la canalización de la gracia a uno.

 

 

¿El bautismo convierte a uno en un hijo de Dios?[28]

 

El sistema de siete sacramentos de la Iglesia Católica tiene el propósito de repartir o aplicar la gracia de Dios poco a poquito y el sacramento básico e inicial es el bautismo. Según el Catecismo de 1994 los dos efectos principales del bautismo son la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo. El bautismo perdona todos los pecados y eso incluye el pecado original y todos los pecados personales antes del rito. Además, el bautismo le convierte a uno en una nueva criatura, un hijo adoptivo de Dios que participa en la naturaleza divina, un miembro de Cristo y un coheredero con El y el templo del Espíritu Santo[29]. Debido a estas enseñanzas, se bautizan por aspersión a infantes, niños, jóvenes, y adultos, pero no se repite.

Si el bautismo fuera esencial para la salvación, ¿por qué el apóstol Pablo, después de haber ganado muchos conversos en Corinto (Hch. 18:8), estaba más que contento de que no había bautizado más de cuatro o cinco de ellos (1 Cor. 1:14-17)? ¿Por qué dijo categóricamente que no fue enviado para bautizar sino a predicar el evangelio? Si efectuaba el perdón de pecado, ¿por qué no lo incluyó como parte de las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo (1 Cor. 1:14-17)? Pero tal vez el ejemplo clave de uno que nunca fuera bautizado, pero el Señor lo salvó fue el ladrón en la cruz a quien prometió, "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lu.23:43).

Además, la Biblia se refiere al bautismo dentro de varios contextos. Se asocia con la fe y la salvación (Mc. 16;16), con el arrepentimiento y el perdón de los pecados (Hch. 2:38) y con la oración y el lavamiento de los pecados (Hch. 22:26). En contraste el arrepentimiento sin la mención del bautismo se asocia con la nueva vida o la salvación y con frecuencia la fe sin la mención del bautismo se asocia con la salvación (Jn. 3:16; 5:24; 1 Jn. 5:10-11). Esto nunca se hace del bautismo. El arrepentimiento y la fe están vinculados con la salvación en pasajes donde el bautismo no se menciona, sin embargo, el bautismo NUNCA aparece en tal vinculación si no es en conjunto con el arrepentimiento y la fe la cual es un lado de la misma moneda donde el arrepentimiento es el otro.

El bautismo bíblico cristiano siempre fue por la inmersión para los creyentes ya arrepentidos (Mt. 28:18-19; Hch. 16:31). En el caso del bautismo de Juan el Bautista fue una señal del arrepentimiento. En el libro de los Hechos fue una señal de una profesión de fe en Jesús como Mesías que murió inocentemente, pero fue resucitado. Es esencial retener el bautismo de los creyentes por inmersión para comunicar el simbolismo y significado bíblico del bautismo (Ro. 6:3-6) referente a la muerte y resurrección de Cristo y del creyente (Col. 2:12). En Hechos siempre bautizaban a personas que se convertían a Cristo y no hay clara evidencia del bautismo de infantes[30].

 

¿Es la misa un sacrificio verdadero?

 

La misa, uno de siete sacramentos católicos, también se le llama la Eucaristía, palabra griega adoptada en el segundo siglo D.C. que quiere decir "acción de gracias". La Católica enseña que con el rezo de la consagración del sacerdote los dos elementos de pan y vino se transforman literalmente en el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo y el rito significa la continuación del sacrificio de Cristo en la cruz. Se enseña que en este sacrificio incruento de la misa se perpetúa[31] la presencia verdadera, real, sustancial de Cristo. Así que el sacrificio de Cristo en la cruz no se completó o terminó en el primer siglo cuando dijo, "Consumado es", sino continúa o se perpetúa en los altares donde se celebra la misa. Entonces, los que comulgan comen o reciben literalmente al Señor (cuerpo, sangre, alma y divinidad). Aunque los cinco sentidos humanos no pueden palpar el cambio o transformación de pan y vino consagrados en cuerpo y sangre de Jesús, la naturaleza o esencia de esos dos elementos se transforman completamente en la presencia real de Jesucristo. Esta enseñanza se llama la transubstanciación[32]. Este sacrificio se ofrece para los pecados, penalidades y satisfacciones de los vivos y los muertos "en Cristo".

Aunque los teólogos católicos con frecuencia interpretan la Biblia simbólicamente, aquí para sostener esta doctrina insisten en una interpretación literal de Juan 6:22-71, el texto clave para su interpretación[33]. Para ser consecuente tendrían que usar la misma interpretación con los "Yo soy" pasajes de Cristo, tales como la luz (Jn 9:5), la puerta (10:9) y la vid verdadera (15:1). Además, es imposible entender literalmente las palabras, "Esta copa es el nuevo pacto ..." (1 Cor. 11:25) de la misma manera que la Iglesia Católica ha interpretado "Este es mi cuerpo". Asimismo, el hecho de que en la primera Cena Jesús estaba todavía en la carne en compañía de los discípulos, eliminó la posibilidad de que los apóstoles confundieran el pan con su cuerpo. Obviamente eran dos cosas muy distintas. En vez de entender el verbo "es" como algo idéntico, tiene el sentido de "significa" o "representa".

Tampoco hace falta más sacrificio[34] por el pecado; no hace falta continuar, prolongar o perpetuar el sacrificio cumplido en la cruz, pues eso enseña que el sacrificio hecho "una vez y para siempre" en el primer siglo no fue suficiente para nosotros hoy (Heb. 9:24-26; 10:10-12, 14, 18), que no fue del todo eficaz. Pero la suficiencia y eficacia para siempre de esa propiciación en la cruz fue el punto subrayado cuando decía muchas veces que pasó una vez para siempre[35]. Cabe señalar, además, que las referencias a la Cena en el Nuevo Testamento no dicen nada acerca de un sacrificio incruento durante la ceremonia. Nunca se describe a la iglesia como la entidad que ofrece el pan y la copa o a Cristo a Dios en sacrificio. Lo único ofrecido a Dios en el rito fue la acción de gracias o la gratitud en forma de alabanzas por su obra ya perfeccionada y completada. Tampoco recibimos gracia o a Cristo por la boca que luego va al estómago para ser despedazado y luego eliminado del cuerpo[36] sino lo recibimos por la fe en el corazón donde el Señor mora permanentemente (Ro. 10:9-10). Además, este dogma católico cambia una adoración "en el espíritu" (Jn. 4:23) por una de lo material. Eso se ve con más claridad en la adoración de la hostia que se exhibe en altares en sus iglesias.

 

 

¿Son sólo símbolos el vino y el pan? ¿Qué es lo que simbolizan?

Efectivamente el pan y la copa son solamente símbolos del cuerpo y la sangre de nuestro Redentor cuando fue crucificado en la cruz del Calvario en el primer siglo. En un sentido secundario el pan simboliza su pueblo, la iglesia, el cuerpo de Cristo (1 Cor. 10:16; 12:12-27; Col. 1:18, 24; 2:16-19; 3:15; Ef. 1:22-23; 4:1-16). Los dos elementos nunca se transforman en la sustancia misma del cuerpo y de la sangre de Jesús. No existen palabras sagradas o mágicas que pueden efectuar eso. Tampoco hace falta una transformación (Heb. 10:10-14, 18). Tanto su esencia como sus características secundarias, tales como sabor y apariencia, permanecen intactas. Así que son símbolos que en este acto de adoración representan una realidad, pues Jesús está vivo y los de la comunidad de fe comen juntos en gratitud, confianza, amor y esperanza. Asimismo, la Cena memorial es una especie de conmemoración y proclamación por medio de un simbolismo[37]No obstante, siempre cuando le obedecemos al Señor tanto en las ordenanzas como en otras ocasiones, El está presente. Cuando se celebra la Cena, El se comunica con nosotros por medio del Espíritu Santo, de la misma manera que está presente en cualquier momento y dondequiera se predica su palabra, sea un acto público de adoración o un momento de devoción en privado. A su vez el pan que es esencial para sustentar la vida material, como símbolo tiene significado espiritual de realidades que trascienden el mundo físico. Como nuestros cuerpos se nutren del pan de cada día, así se implica la realidad de que nuestra vida espiritual es sostenida por Cristo. Nuestro Padre Celestial quien hace surgir el pan de la tierra para nuestros cuerpos nos ha dado el Pan de Vida del cielo para nuestras almas. Como una Cena simboliza la nutrición celestial de la cual depende la vida espiritual para su crecimiento y utilidad en el servicio de Dios, simboliza la verdad de que la nueva vida ya comenzada ha de ser nutrida y sostenida en relación con Cristo como la rama de la Vid verdadera (Juan 15). Cuando participamos, simbolizamos nuestra dependencia del Salvador crucificado pero resucitado que volverá como la fuente, sostenedor y perfeccionador de nuestra vida espiritual.

 

 

¿Existe el purgatorio?

 

Para la Iglesia Católica el purgatorio, una especie de antesala al cielo o una parte del cielo, es la purificación final y completa de los que mueren en el estado de gracia pero no son suficientemente santos para entrar el gozo del cielo[38]. Se hizo doctrina oficial en el siglo XV en el Concilio de Florencia y fue confirmado por el Concilio de Trento el próximo siglo en el cual hizo claro que los confinados allí reciben ayuda mediante la intercesión de los fieles y en especial mediante el sacrificio de la misa. Son tres los textos en el Nuevo Testamento usados para apoyar esta enseñanza, pero no lo apoyan en realidad. Mateo 5:26 refiere a una situación con un juez en la tierra antes de la muerte. Mateo 12:32 se refiere al pecado en contra del Espíritu Santo que no se perdona en esta o en la otra vida. Así que niega por completa la enseñanza de una futura limpieza en el purgatorio. El tercer texto de 1 Cor. 3:15 hace referencia a una comparación con el fuego para explicar cómo las obras que hacemos serán puestas a la prueba, pero en el purgatorio son las personas no purificadas que son purgadas. Además, el juicio de las obras son para determinar nuestra recompensa en el cielo. El texto de principal apoyo católico (2 Macabeos 12:39-46) describe un evento durante las guerras en los tiempos de los Macabeos en el Siglo II a. C. durante las cuales se encontraron "amuletos sagrados a los ídolos de Jamnia" (12:40) en la ropa de soldados judíos que murieron en la batalla. Judas Macabeo lo consideró una cosa abominable. Recogió una ofrenda de sus soldados y la envió a Jerusalén como sacrificio expiatorio a ser presentado por los pecados de esos hombres. Cabe señalar tres cosas acerca de este incidente. Primero, se describe aquí una práctica judía -- no una cristiana. Segundo, el texto hace referencia a la resurrección, no a una creencia en el purgatorio. Tercero, según la teología católica, el pecado de idolatría de esos soldados sería un pecado mortal, no venial, y eso quiere decir que el que lo hace iría al infierno, no al purgatorio. Es por eso que algunos teólogos católicos admiten que no hay base bíblica por la doctrina del purgatorio. El estudio de ciertos textos (Lu. 23:43, 2 Cor. 5:8-9, Mt. 25:31-46, 1 Jn. 5:13 y 1 Jn. 1:7) puede ayudar a uno comprender mejor el perdón completo en Cristo y la seguridad de la salvación[39] que proviene de El y su obra por nosotros (Tit. 2:14).

 

EN CONCLUSIÓN reafirmamos que hay mucho que nos une y que sirve de puente para el diálogo, pero lo que ha añadido la Iglesia Católica al evangelio bíblico hace imposible la unión y dificulta un sentido de hermandad. Cuando una jerarquía está por encima de la palabra inspirada de Dios y escrita por la inspiración del Espíritu Santo, se abre paso para apartar o abandonar el mensaje apostólico y abrazar las tradiciones erróneas de sus líderes religiosos. Por consiguiente, como cristianos fundados en la enseñanza bíblica apostólica tenemos la santa misión de ayudar a los que están confundidos por las tradiciones contrarias a las revelaciones de Dios a que abracen la gracia gratuita que únicamente se encuentre en el Hijo de Dios que se ha manifestado en su forma única en Jesús de Nazaret, el Mesías profetizado por siglos por los santos profetas del Señor.

 

     [1]Ver La Sana Doctrina "La Navidad" (XII:1) (Enero-feb. 1997).

     [2]Ver Sharing our Faith with Roman Catholic Friends (Leader's Guide) por Daniel Sánchez. Atlanta: Home Mission Board, SBC, 1992. Pág. 56. Este manual ha sido una ayuda constante en la preparación de esta Sana Doctrina especialmente las pág. 11, 15-16, 28-29, 34-36, 42-43, 45-54).

     [3]El estudio sobre las profecías mesiánicas es muy apropiado.

     [4]Los pasajes bíblicos sobre el nacimiento de Cristo son muy apropiados.

     [5]Los pasajes sobre la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús son muy apropiados en conjunto con escrituras vinculados con el bautismo y el arrepentimiento (la penitencia).

     [6]Los pasajes sobre la venida y la obra del Espíritu Santo en los Hechos de los Apóstoles y el evangelio de Juan son muy apropiados.

     [7]Los pasajes muy apropiados son los que tienen como tema la historia de la redención.

     [8]Vea en Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "La vida eterna ¿incierta o segura?" (pág. 75-80) y "La vida para siempre ¿condicionada?" (204-213).

     [9]Ver Las Sanas Doctrinas y las sectas malsanas, "La parte nuestra en la salvación" (pág. 70-74).

     [10]White, James R. The Roman Catholic Controversy. Minneapolis: Bethany House Publishers, 1996. Pág. 141-160.

     [11]Ver en Las doctrinas sanas y las sectas malsanas por Donald T. Moore, "Preguntas y respuestas acerca de la Biblia" (pág. 249-257).

     [12]Ver nota anterior.

     [13]Ver en Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "¿Usas estas normas para interpretar la Biblia?", pág. 35-39.

 

     [14]Vea La Sana Doctrina, "¿Cuál Iglesia es la Verdadera?", XI:5, Nov.-dic. 1996.

     [15]Vea Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "El apóstol Pedro -- preeminente pero humano", pág. 130-135 y La Sana Doctrina de la nota anterior; White, pág. 120, 249n. 22, 249 n. 25.

     [16]Vea Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "El apóstol Pedro -- preeminente pero humano", pág. 130-135.

     [17]La apelación a Is. 22:22 en referencia a supuestos sucesores no procede por varias razones: (1) Llave es singular, no plural. (2) La interpretación de Jesús de esa misma llave en Apo. 3:7 afirma que Cristo tiene (verbo presente) la llave de David para cerrar y abrir. No la dio a otros, pues su posesión actual de esa llave lo distingue de todo ser creado. Además, falta evidencia de intérprete o padre alguno que haya relacionado Is. 22:22 con Mt. 16:18-19 durante los primeros 700 años del cristianismo y eso hace claro que no es una interpretación apostólica (White, 249 n. 18).

     [18]Ya que la Iglesia Católica reclama ser la que define ambas y a la vez el intérprete de ambas, la máxima autoridad en realidad suele ser la misma Iglesia con su jerarquía en vez de la Biblia y/o la tradición.

     [19]White, pág. 55-102. Geisler, Norman L. & MacKenzie, Ralph E., Roman Catholics & Evangelicals. Grand Rapids: Baker Books, 1995, pág. 184-194.

     [20]Ver Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, pág. 23-25, 46-51 y 276-185.

     [21]Ver Las Doctrinas Sanas y las Sectas Malsanas, "¿Quiénes son los hermanos del Señor?, pág. 23-25.

     [22]Muchos así lo indican al invocarla con los títulos de Abogada, Auxiliadora y Socorro. El rezo del Rosario así lo señala también.

     [23]Es también posible argumentar de la ausencia de evidencia en la Biblia por una función intercesora de parte de ella y por su ausencia a la derecha de Dios en el cielo (Hch. 8:55-56; Ef. 2:18; Heb. 4:15-16).

     [24]Tampoco provee una base firme para ella como corredentora o para el rezo del rosario que en su forma actual proviene de la edad media.

     [25]Ver Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "Creemos en la Virgen María", pág. 46-51.

     [26]Ver en Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "El pecado", pág. 223-232.

     [27]Vea también Sal. 32:5; 51:4; 2 S. 12:13; Dan. 9:9.

     [28]Ver Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, pág. 173-180, para un análisis de los textos bíblicos usados para apoyar la interpretación católica.

     [29]Catecism of the Catholic Church (1994), párrafos 1262-1266.

     [30]El bautismo de familias o casas enteras (Hch. 16:15, 33; 11:14; 1 Cor. 1:16) no es evidencia contundente de que se incluía infantes o niños. Tampoco Mt. 19:14 y Lc. 18:16 tienen una referencia directa al bautismo.

     [31]El documento número 47 del Segundo Concilio del Vaticano sobre la Liturgia Sagrada señala que el sacrificio eucarístico del cuerpo y la sangre fue instituído con el propósito de "perpetuar" el sacrificio de la cruz a través de todos los siglos hasta la venida de Cristo. Dicho memorial y banquete de la Pascua donde Cristo es consumido o comido fue entregado a la Iglesia Católica.

     [32]En 1551 el Concilio de Trento formal y oficialmente abrazó este dogma y condenó todas las otras interpretaciones.

     [33]Ver La Sana Doctrina, "La ordenanza de la cena del Señor", IX:4 (Sept.-nov. 1994). La experiencia de "comer" es símbolo para recibir por fe a Cristo adentro de uno (Jn. 6:29, 63).

     [34]La Biblia menciona un sacrificio de alabanza (Heb. 13:15) y sacrificios espirituales (1 Pe. 2:5) ofrecidos por los creyentes que son sacerdotes, pero no se ofrecen por el pecado sino en agradecimiento por el perdón.

     [35]Ver Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "La muerte de Cristo, ¿Qué significa para nosotros?", pág. 105-113.

     [36]Si seguimos el mismo principio de Cristo que no es la comida que entra de afuera lo que hace a uno impuro o pecar (Mar. 7:14-19), tampoco lo es para hacer a uno puro o santo.

     [37]William W. Stevens sugiere un triple simbolismo: simboliza la muerte de Cristo por nuestros pecados, la apropiación de los beneficios de esa muerte por el creyente y el medio de esa apropiación: la unión con Cristo. Doctrines of the Christian Religion. Nashville: Broadman Press, 1967. pág. 348-349.

     [38]Catecism of the Catholic Church, Párrafos 1030-1031.

     [39]Ver nota #8.

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