“Los orígenes antiguos y modernos del pueblo bautista,” Tomo V: 101-108
Por:  Dr. Donald T. Moore

El nombre "bautista"[1]

En el siglo XVII se usó por primera vez en idioma inglés el vocablo "bautista" para el nombre de un pueblo cristiano. Era un apodo despectivo acuñado por sus opositores anglicanos y puritanos. Los así llamados preferían ser denominados "creyentes bautizados," "hermanos cristianos," "discípulos de Cristo" o "cristianos neotestamentarios," pues entendían que estaban reconstituyendo la verdadera iglesia de Cristo. No les gustaron las implicaciones y asociaciones que sugería ese apodo acerca de los anabautistas ("rebautizadores") quienes habían sido desacreditados por el "fiasco de Münster." Además, para mucha gente ese apodo significaba "el fanatismo, la herejía, la sedición y la inmoralidad." A pesar de la oposición inicial bautista la mentalidad popular prevaleció y se quedaron con el nombre abreviado de los reformadores radicales del siglo XVI y antes.

El historiador bautista Justo Anderson admite que el nombre bautista es muy inadecuado para el pueblo que representa, porque distorsiona más que aclara, la postura eclesiástica de los bautistas. Eso se debe en parte a que otras denominaciones ponen más énfasis sobre la importancia del bautismo que nosotros, pues enseñan que está estrechamente vinculado con el perdón y el nuevo nacimiento.[2] No obstante, con el correr del tiempo para a mediados del siglo XVII (1654) "aquellos 'creyentes bautizados'" comenzaron a aceptar "el apodo como su nombre" (I:14), pero no fue hasta el siglo XVIII que la mayoría lo aceptó en realidad. Posiblemente el primer uso en sentido denominacional fue en Alemania en el siglo XVI y, luego, en Inglaterra en el XVII (I:15). Pero finalmente por "falta de otro nombre conciso y descriptivo," los creyentes bautizados aceptaron ese apodo despectible, lo cual destacaba una de las enseñanzas más pintorescas de su fe: el bautismo de creyentes por inmersión (I:16). Aunque el nombre "bautista" se deriva de esa práctica muy visible y pública, la mayoría de "los bautistas no consideran el bautismo como su doctrina distintiva, sino un corolario necesario de su doctrina de la iglesia (61)."

A partir del siglo XVIII, el nombre "bautista" comenzó a perder su carga negativa y adquirir una más positiva. En parte se debió a su crecimiento numérico. De hecho hoy los bautistas constituyen una gran familia de cristianos con más de 46 millones de miembros bautizados que habitan en todos los continentes del mundo y en casi todos los países. Estos bautistas forman parte de la Alianza Bautista Mundial, una gran familia cristiana compuesta por 206 cuerpos miembros. No obstante, su influencia se extiende mucho más que la cifra numérica sugiere. Por ejemplo, su literatura, libros y revistas se publican en los principales idiomas del mundo y otros menos importantes, y sus programas radiales y televisos se ven por multitudes adicionales. De manera que su nombre ya es respetado por millones y millones (I:20).

Los orígenes de los bautistas según sus historiadores

Los bautistas no tienen un fundador famoso como otras denominaciones evangélicas y protestantes. Aunque existen varios puntos de vista sobre nuestro origen, hay tres teorías principales.

Anderson identificó la primera como la teoría que los relaciona con los antipaidobautistas, los que rechazaban el bautismo infantil. Los proponentes de ella identifican la historia bautista con la de los antipaidobautistas, pero esta identificación mezcla la historia del bautismo con la de los bautistas. Por eso trazan "la historia bautista a través de los anabautistas alemanes, suizos y holandeses, de los valdenses, petrobrusianos, enriqueanos, donatistas y novacianos (I:20)." Señalan a los anabautistas del siglo XVI como el grupo de transición entre los antipaidobautistas antiguos y los bautistas modernos. Muchos de los primeros historiadores bautistas apoyaban esta teoría, pues reconocieron "la necesidad de vincular a los bautistas modernos con la iglesia primitiva" y lo hicieron a través de ciertos principios neotestamentarios. No obstante, este procedimiento dejó muchas lagunas a través de los siglos las cuales fueron llenadas por su fe en ciertas suposiciones. Así que no pretendieron establecer una cadena de sucesión desde la iglesia primitiva, sino contaban a los antipaidobautistas antiguos como sus parientes espirituales. Anderson concluye que esta teoría "resultó ser más el estudio de la historia del bautismo que el de la historia de una denominación bautista" (I:25).

La sucesión apostólica es otra teoría de los historiadores bautistas. Aunque los sucesionistas fijan distintas fechas para el comienzo de los bautistas como Juan el Bautista, el ministerio de Cristo o el día de Pentecostés, coinciden en la posibilidad y la necesidad de trazar la historia bautista desde la iglesia primitiva. Reclaman la existencia de una cadena de sucesión desde los tiempos apostólicos, algo parecido a la teoría de la sucesión apostólica de la Iglesia Católica Romana. Esta doctrina aun se convirtió en uno de los hitos ("landmarks") de los bautistas "landmarkistas" de la segunda mitad del siglo XIX en los EE. UU.[3]

Los proponentes de esta teoría difieren en cuanto a los grupos que forman la cadena de sucesión. Unos cuantos destacan una serie de ordenaciones, pero otros apoyan una cadena de bautismos correctos o de iglesias locales mientras otros insisten en una sucesión de principios neotestamentarios. Además, difieren en cuanto a la importancia de su sucesión. Para algunos era demostrable y necesaria para otros no era sólo necesaria sino una realidad histórica aunque no siempre demostrable y todavía para otros sin ser absolutamente necesaria, sería demostrable (I:29-30).

Todo esto fue un noble esfuerzo que subrayaba una parte de la verdad de que "las iglesias bautistas deben ser apostólicas en doctrina y práctica" aunque tal apostolicidad de dependía, como ellos sostenían, "de una sucesión histórica apostólica. Estos historiadores ... en su recia lucha con los paidobautistas (congregacionalistas, presbiterianos, metodistas, reformados ...) inconscientemente recurrieron a los argumentos católicorromanos y anglicanos en busca de una sucesión apostólica bautista más verídica que las demás." No obstante, entre otras cosas violaron los principios de la investigación histórica y confundieron la iglesia con el reino de Dios, la historia de los principios bautistas con la historia de los bautistas y "la historia del bautismo con la historia de una denominación bautista" (I:30-31).

La tercera teoría es la de la restitución separatista. Según este enfoque los bautistas se originaron en Inglaterra en el siglo XVII como parte del movimiento de los separatistas, el cual fue hijo del puritanismo. Para el 1633 la cuestión candente entre los puritanos sobre el bautismo los llevó a estudiar más de cerca la Biblia y finalmente varios sectores del puritanismo rechazaron el bautismo infantil. Así estos grupos antipaidobautistas congregacionales, posiblemente influenciados por el anabautismo del continente europeo cerca de 1641, procedieron a restaurar el modo neotestamentario del bautismo por la inmersión. Así surgió el movimiento moderno bautista y a partir de esta época los partidarios de esta teoría "se apoyan en una línea histórica ininterrupida de iglesias bautistas" hasta el día de hoy.[4] Cabe señalar, además, que aunque estos historiadores "no niegan la posibilidad de una relación espiritual con los grupos disidentes que los precedieron en el siglo XVII," no creen que una historia bautista comienza antes del siglo XVIII y a su vez distinguen entre la historia del bautismo o de los principios bautistas y la de "una denominación bautista" (I:34).

Según Anderson cualquier teoría que se acepta -- la de la relación antipaidobautista, la de la sucesión apostólica o la de la restauración separatista -- debe admitir que "los precursores bautistas más primitivos en Inglaterra negaron la validez o la necesidad de una sucesión bautista" y que algunos de sus grandes líderes bautistas se oponían a tal sucesión. Y eso quiere decir que "los proponentes de 'una sucesión bautista' no pueden apoyarse en la tradición o en la práctica de los precursores" (I:35). Además, a partir del siglo XX la mayoría de los historiadores bautistas abrazaron la teoría de que "las iglesias denominadas bautistas surgieron en el siglo XVII" (I:36). Por todas estas razones Anderson concluye que

La única sucesión que debe interesar al bautista es la del Nuevo Testamento, y, por consiguiente, la de los principios neotestamentarios. Nuestra raison d' etre no depende de una sucesión histórica, sino de una relación neotestamentaria. ... [y] la tenemos en nuestra fidelidad al testimonio de los apóstoles y al Nuevo Testamento. Cuando estamos aferrados al Nuevo Testamento en doctrina y práctica, no importa de dónde venimos. Nuestra apostolicidad ya está asegurada (I:37).

Finalmente, afirma Anderson

Yo pienso que la verdad descansa en una combinación de las tres teorías. Cada una contiene un elemento esencial para la confección de una teoría de los orígenes bautistas. El pueblo bautista tiene sus raíces hondamente arraigadas en la historia del cristianismo. La suya es la historia, no solamente de una denominación dentro del protestantismo, que surgió del puritanismo inglés, sino también de un movimiento que se ha caracterizado por un espíritu no conformista. Aunque el vocablo "bautista" no se usó, refiriéndose a una denominación de iglesias, hasta el siglo XVII, el espíritu bautista y los principios bautistas han existido desde la época apostólica. Por eso, aquellos primeros bautistas del siglo XVII preferían el nombre "creyentes neotestamentarios." Entonces se puede concluir: la denominación bautista ha existido desde el siglo XVII, pero el pueblo bautista desde los mismos comienzos cristianos. Como historiador, sujetado a la investigación científica, señalo al siglo XVII. Como creyente bautista por convicción, señalo a los apóstoles. Es imposible hablar de un solo origen de los bautistas, porque el origen doctrinal se encuentra en la época apostólica. La continuación espiritual se ve en todos aquellos individuos y grupos disidentes que procuraban mantener o restaurar los principios neotestamentarios, a pesar de la corrupción y ... la persecución de la religión oficial. Con éstos, los bautistas tienen un parentesco espiritual. El origen histórico de la denominación bautista se encuentra en el siglo XVII, relacionado con la revuelta de los puritanos separatistas ingleses contra la tiranía de una iglesia establecida. Debido al énfasis sobre la lectura y el estudio del Nuevo Testamento, en gran parte promulgados por los no conformistas ingleses por muchos años, estos hombres reconocieron la falsedad de las pretensiones de la iglesia establecida (Anglicana) y aprendieron los verdaderos principios neotestamentarios.... (I:38-39).

De esta manera Anderson ve una base apostólica, el Nuevo Testamento, una sucesión esporádica de principios en los disidentes y una restauración que dio origen a una nueva denominación (I:39). Así que cada teoría tiene "una explicación parcial de nuestro origen. Evitemos el error de aferrarnos a una sola, haciéndola un artículo de fe que determina la comunión" (I:41).

Los principios bautistas

Los principios bautistas precedieron a la primera denominación bautista y debido a ellos nació este movimiento. Sus principios son pautas o "normas sobre las cuales los bautistas han basado su actividad orgánica y a raíz de las cuales han justificado su existencia" e identidad denominacional. Se distingue una doctrina de un principio, porque una "doctrina es lo que se cree a la luz de la Biblia; un principio es lo que se hace a la luz de la doctrina" (I:44).

Aunque la iglesia primitiva practicaba esos mismos principios, entre los años 100 y 325 d.C. se iban desapareciendo en gran medida debido a la transformación del cristianismo en una religión imperial. De esa manera se iba perdiendo su pureza neotestamentaria al introducir nuevas dogmas y tradiciones extrabíblicas. "Por eso, juntamente con otros reformadores radicales a través de los siglos, los primeros bautistas del siglo XVII, al estudiar el Nuevo Testamento y la historia cristiana, se vieron obligados a 'restituir' la iglesia verdadera," pues entre otros los primeros bautistas creían que el Nuevo Testamento como documento oficial constituía "una norma permanente y definitiva.... un continuo, constante que sirve como modelo, o sea un canon eclesiástico que proporciona criterios, normas y reglas dinámicas para cada generación" (I:46).

¿Cuáles son los principios bautistas y neotestamentarios? y ¿Cuáles son sus raíces en el Nuevo Testamento? El historiador Justo Anderson señala siete principios que forman el núcleo de otras normas periferales. Son el principio cristológico, el bíblico, el eclesiástico, el sociológico, el espiritual, el político y el evangelístico, pero el principio integrador cristológico lo es el señorío de Cristo[5] y eso convierte a los otros principios en corolarios de éste. Juan Smyth en 1610 dió su formulación clásica cuando anunció, "Sólo Cristo es Rey y Juez de la iglesia y de la conciencia." A la vez la confesión fundamental del Nuevo Testamento es que "Cristo es el Señor." "A la luz de este principio, los bautistas seguirán oponiéndose al totalitarismo político, al favoritismo sacerdotal, al mecanicismo sacramental y al confesionalismo doctrinal -- "ismos" que se interponen entre Cristo y el creyente" (I:49).

No obstante, hay otro aspecto de este principio que también es muy importante. Es "el deber de mantener y responder a los imperativos positivos, siempre implícitos, cuando Cristo es Señor de la conciencia individual y de la iglesia" (I:49). Tiene, por lo tanto, implicaciones tanto morales como sociales. El individuo es responsable ante Dios por todas sus acciones en toda la vida y en especial en la conducta moral y social. Dijo Cristo, "Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy" (Jn 13:13, V.P.) y en otra ocasión, "¿Por qué me llaman ustedes, 'Señor, Señor,' y no hacen lo que les digo?" (Lu 6:46, V.P.)

El principio bíblico se refiere a la autoridad del Nuevo Testamento. A base de este principio los bautistas rechazan la tradición, la experiencia y la conveniencia como su fuente de autoridad. La Biblia, en particular el Nuevo Testamento, es su máxima fuente de autoridad. Ella subraya la importancia de la vida, el ejemplo y los mandamientos de Cristo. De esta manera la "autoridad del Nuevo Testamento se deriva del Señor del Nuevo Testamento. En otras palabras, la palabra escrita deriva su vitalidad de la Palabra viviente.... ¡Uno no cree en Cristo porque cree en la Biblia; sino que cree en la Biblia porque cree en Cristo!" (I:51). La Biblia no es letra muerta, porque arriba de ella está el Cristo viviente.

Según Anderson, la supremacía del Nuevo Testamento ayuda al bautista a evitar los dos extremos erróneos: por un lado se afirma que no hay un orden eclesiástico enseñado en el Nuevo Testamento y, por el otro, que todo ya está definido en la Biblia y todas las iglesias neotestamentarias debían ser idénticas en toda su práctica. Los bautistas, al buscar un término medio entre los dos, consideran "el Nuevo Testamento como una fuente histórica y no un manual eclesiástico" (I:52). Así que de él se derivan los principios teológicos y eclesiásticos de los cuales surgen las prácticas para cada comunidad de fe en cada generación. Así que "el Nuevo Testamento es la revelación 'objetiva' que sirve ... [de] guía y control de las experiencias 'subjetivas' del individuo y de la congregación" (I:52). Como consecuencia no tenemos una tradición estática, pues el Señor nos revela más luz y verdad mediante Su Palabra, y el Espíritu Santo nos sigue iluminando a través de Su Palabra escrita. Esta postura práctica explica "la oposición tradicional de los bautistas a los credos históricos del cristianismo" (I:52). Por eso nuestra costumbre ha sido citar textos bíblicos para sustentar nuestros principios y doctrinas y de esa manera seguíamos la práctica de Cristo (Lu 24:27; Jn 5:39) y los apóstoles como Pablo, quien reconocía el gran valor de la Escritura (2 Ti 3:16), y Pedro, quien reconocía la obra fundamental del Espíritu Santo en la revelación (2 P 1:19-21).

Así que los bautistas siguen esta norma, porque fue un principio apostólico. Por lo tanto, ella antecede al surgimiento del movimiento moderno bautista en el siglo XVII y "uno debe ser bautista porque piensa que esta denominación representa mejor la fe neotestamentaria" (I:54). No obstante, existían grupos disidentes bíblicos en Asia y Europa desde los primeros siglos y el "resultado más significativo de la Reforma fue la 'Biblia abierta'" para el ser humano común y corriente, pues ahora uno podía leerla e interpretarla por sí mismo. Como consecuencia, posterior a los anabautistas del continente europeo del siglo XVI, surgieron los bautistas entre los separatistas y puritanos de Inglaterra. "Se aferraron al Nuevo Testamento como la única norma de fe y práctica" (I:56) y nosotros los bautistas somos sus seguidores hoy.

Otra norma es el principio eclesiástico o sea una membresía regenerada. "El principio cardinal de los bautistas con respecto a la iglesia, y lógicamente, su punto de partida en la eclesiología, es la insistencia en una membresía regenerada" (I:57). De allí surgen sus prácticas del "bautismo de los creyentes, el antipaidobautismo y la comunión limitada" (I:57-58). Para los bautistas "la iglesia cristiana es la confraternidad de todos los creyentes en Cristo, o sea una comunidad espiritual, cuya expresión concreta (o sea la única institución organizada ...) en el mundo es una iglesia (congregación) local, y cuyo fin es el extendimiento del reino de Dios." Visto así, las congregaciones bautistas no son "reinos pequeños," sino agencias pequeñas de la iglesia, "que es el reino de Dios en formación." Así que "la doctrina bautista de la primacía (autonomía) de la congregación local no niega la doctrina neotestamentaria de la iglesia universal y espiritual" sino la refuerza y la protege en toda su pureza primitiva. En esto una denominación bautista moderna "se identifica con los anabautistas del siglo XVI que, en medio del eclesiaticismo protestante (luterano-zwingliano-calvinista) abogaba, a costa de sangre y vida, por una iglesia pura" (I:58). Por lo tanto, los bautistas se diferenciaron de las otras denominaciones de la Reforma Protestante debido a esta doctrina de la iglesia. Aun se separaron de los otros puritanos como los presbiterianos y congregacionalistas cuando concluyeron que "la pureza de la iglesia se podía mantener sólo al abandonar la práctica no bíblica del bautismo infantil." Como consecuencia, abrazaron el bautismo sólo para los creyentes esperando así salvaguardar una membresía regenerada. "Aunque siempre recalcaban la interdependencia de las congregaciones locales, celosamente guardaban su independencia de lo civil y de lo eclesiástico" (I:59).

Este principio significa hoy que una iglesia "bautista insistirá en dos cosas antes de admitir a los nuevos miembros:" primero, evidencias de una conversión genuina y personal y, segundo, que un nuevo creyente sea bautizado bíblicamente.[6] Un bautismo neotestamentario exige que el candidato sea un creyente sumergido en el agua para simbolizar la muerte y resurrección de Cristo y de esa persona a una nueva vida en el Señor (Ro 6). A su vez el nuevo miembro de la iglesia comienza a disfrutar una vida en plena comunión con una comunidad de fe de unos hermanos redimidos por la sangre de Cristo. Anderson asevera que en general "los bautistas creen que el bautismo neotestamentario simboliza: la purificación personal del pecado, la recepción del don del Espíritu Santo y la unión mística con Cristo en sus hechos redentores" (I:61).

Existe una relación estrecha entre el bautismo y la cena del Señor. Mientras que el bautismo simboliza el nuevo nacimiento y por eso normalmente se celebra una sola vez, la cena del Señor simboliza el crecimiento continuo en la gracia de Dios, que es la santificación. "Los dos proclaman la muerte del Señor de una forma gráfica" (I:62) y ninguno es un medio para recibir la gracia salvadora de Dios, sino los cristianos participan en ellos porque ya son salvos y partes de la iglesia local. Además, los dos son administrados por una comunidad de fe que ha "sido comisionada por Cristo" a hacerlo.

Obviamente la iglesia local tendrá sus "oficiales, llamados por Dios y aprobados por la congregación" (I:64), acatará al mandato misionero de Cristo y estará en comunión y trabajará en asociación con otras congregaciones de la misma fe y orden.

El principio sociológico indica un orden democrático donde cada iglesia se gobierna a sí misma y hace claro que hay una igualdad social donde no existe un elitismo, o sea, unos superiores a otros. Esta norma emana de la enseñanza neotestamentaria del sacerdocio del creyente. "El corolario colectivo de este principio personal es la democracia en la práctica y en las relaciones de la congregación local" (I:66). Aunque Martín Lutero redescubrió este principio en el siglo XVI y lo proclamó en contra del sacerdotalismo católico romano, no lo llevó a cabo en la práctica. Fueron los anabautistas de ese siglo y los bautistas el siglo siguiente que lo incorporaron en sus organizaciones en la práctica. Pues el sacerdocio se vincula con el individuo y con la democracia en la congregación, porque "debido a los privilegios y las responsabilidades que implica el sacerdocio en el orden personal, la institución que agrupa a tales 'sacerdotes' tendrá que ser democrática" (I:66). Así que esto significa que un creyente que es "regenerado por gracia una vez para siempre por medio de la fe" tiene "libre acceso a Dios por medio del único sumo sacerdote, Jesucristo. Asume su responsabilidad sacerdotal, como ministro o siervo de otros" y puesto que ante "Jesucristo todos los hombres son iguales," una "élite no puede existir en una congregación bautista" (I:66).

"Por consiguiente, los bautistas luchan por la democracia, ... en las esferas eclesiásticas y políticas con el fin de someterse a una monarquía absoluta, el señorío de Cristo" (I:82-83). Esto a su vez significa en parte que en una iglesia bautista hay "la igualdad de posición, de participación y de privilegio entre los miembros" (I:68). Y esto implica que

Los pastores son funcionarios, llamados por Dios y nombrados por la congregación local, que no tienen otra autoridad fuera de su influencia moral y su fidelidad en el cumplimiento de su ministerio. No hay distinción de personas. El pastor es primus inter pares [primero entre iguales] que preside la congregación sin mandarla (I:69).

Otro significado de este "principio es que una congregación bautista no tiene interés en afiliarse con entidades que conducen al eclesiasticismo. Los bautistas creen de todo corazón en la verdadera unidad espiritual entre creyentes, pero no equiparan esta unidad con la unión eclesiástica"[7] donde no se respete la autonomía de la iglesia local bajo la soberanía de Dios.

La quinta norma bautista es el principio espiritual -- la libertad religiosa -- lo cual ha sido identificado como su aportación más importante al mundo evangélico y protestante, aunque los anabautistas del siglo XVI y los separatistas en Inglaterra del siguiente siglo lo apoyaron en sus declaraciones y confesiones de fe. Esta norma surge de una profunda convicción de que cada ser humano es personalmente responsable ante Dios. Cuando Dios creó al hombre a su propia imagen, lo dotó con el derecho de ser libre (I:72).

Cabe señalar que la tolerancia religiosa no es de ninguna manera la libertad religiosa, pues está implícita en la tolerancia que "el gobierno concede la libertad" más bien que la reconoce como "una dádiva de Dios." Para los bautistas la libertad, dada por Dios, tiene tres dimensiones: la de creer lo que dicte la conciencia, la de adorar en el culto con otros hermanos y de propagar la fe mediante los diferentes medios de comunicación en masa sin coerción gubernamental o interferencia clerical (I:72).

La libertad de conciencia significa que cada ser humano debe ser libre para actuar según su conciencia le mueve. La práctica de la religión debe ser espontánea y voluntaria. Aunque se le llama la competencia del alma, la libertad del alma o el principio voluntario, este derecho "brota de la doctrina del 'sacerdocio del creyente'" que a su vez proviene de las enseñanzas de Cristo, pues el Señor dijo, "Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame" (Mt. 16:24, V. P.) y "Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios" (Jn 4:24, V. P.).

La libertad del culto significa el derecho de "adorar a Dios dónde, cuándo y cómo uno desea. Incluye la libertad de sostener, moral y financieramente, la clase de ministerios y de iglesias que uno prefiere. Además, comprende el derecho de no creer" (I:72-73).

La libertad para propagar la fe implica una garantía completa de libre expresión sin prohibiciones afuera del templo y restricciones adentro. Esta libertad es necesaria para poder mejor cumplir con la gran comisión del Señor. Cuando no existe esta libertad, es sólo una mera tolerancia.

La base bíblica para la libertad religiosa está implícita en las aseveraciones centrales de las Escrituras. Los principios principales son los siguientes: La libertad religiosa está arraigada en la naturaleza del ser humano, pues al ser creado "a la imagen de Dios" implica necesariamente que puede razonar, elegir, dirigirse y ser consciente de sí mismo. Por eso los bautistas "protestamos contra la violación de la respuesta voluntaria de una persona en asuntos religiosos," que se palpa en el bautismo infantil, la coerción eclesiástica o la presión política y de la sociedad (I:74). Anderson señala otras verdades que emanan de este fundamento: (1) la decisión de ser cristiano tiene que ser una respuesta voluntaria a Cristo; (2) no puede imponerse la moralidad cristiana; (3) la aceptación de las verdades espirituales debe ser voluntario; (4) "La conciencia necesita instrucción y motivación, pero siempre dentro de los límites de la libertad" dotada por Dios. (5) Las leyes pueden contrarrestar el mal, guiar nuestras acciones, ayudar a discernir lo bueno, pero no garantizan la moralidad, la cual nace de un sentido interno del deber y el deseo (I:75).

En realidad "la naturaleza del hombre es la piedra fundamental sobre la cual descansa la libertad religiosa" (I:75). Aunque el ser humano tiene una capacidad para dirigirse a sí mismo y al dominio del resto de la creación, nunca jamás debe dominar a sus semejantes por la igualdad que tenemos delante de Dios.

Otros principios que apoyan la libertad religiosa son: se ejercita en el orden social, es gobernada y motivada por el amor cristiano, involucra la aceptación de la responsabilidad del discipulado cristiano y se realiza bajo la dirección del Espíritu Santo (I:75-77).

La separación entre la iglesia y el estado es el principio político que a veces se expresa como una iglesia libre dentro de un estado libre. "Los bautistas creen que el principio espiritual, la libertad religiosa, puede ser garantizado sólo por su corolario, el principio político" de la separación de la iglesia y el estado (I:85). Esta norma surgió del estudio de la Biblia aplicado a la política. Provino de la consideración de dos verdades bíblicas: el principio del gobierno y el mandato misionero (I:86). Por eso, no se deriva de alguna constitución del estado, sino de la Sagrada Biblia.

Cristo distinguió entre los deberes hacia el estado y Dios cuando dijo "Dad a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César." Pasajes bíblicos como Romanos 13:17 y 1 Pedro 2:13-14 presentan la ley y el orden como partes del designio de Dios para el bienestar del ser humano. Así que el propósito del estado es servir como instrumento para el bien. Por eso los cristianos deben respetar, obedecer, sostener y orar por el estado. Se reconoce el principio del estado sin dar aprobación a gobernantes malvados o las injusticias.

Aunque existen algunas constituciones que apoyan la separación entre la iglesia y el estado con el propósito de destruir la religión, la lucha bautista ha sido con el propósito de "librar a todos para la religión" (I:88), pues este "principio se fundamenta en ... el señorío de Cristo; la iglesia libre; la falibilidad de todo lo humano; el derecho de la discusión libre con el fin de llegar a una decisión y una fe voluntaria." Si la separación de los dos no tiene estas bases, puede ser perjudicial (I:90).

El último principio es el evangelizador: el evangelismo personal y la responsabilidad misionera (I:101), que en un sentido puede ser visto como dos principios corolarios. Esta norma explica la razón para considerar a los bautistas como evangélicos, pues como pueblo toman muy en serio la gran comisión del Cristo resucitado. Se ve implementado en el interés activo en el evangelismo personal y en las agencias misioneras que las iglesias, asociaciones y convenciones bautistas auspician. La creciente extensión geográfica y el crecimiento numérico de los bautistas en este planeta se deben en gran medida a su fidelidad a este principio.

Para una base bíblica los bautistas a veces se apoyan en textos como Marcos 3:13-14 y Hechos 1:8, los cuales describen el llamamiento de los apóstoles y la responsabilidad que tienen de ser testigos, pero los pasajes fundamentales anuncian la gran comisión (Mt. 28:18-20; Mc 16:15; Jn 20:21). Creemos que "todos los verdaderos creyentes se encuentran bajo este mandato" y esto puede expresarse como "Cada miembro, un misionero" (I:102).

No sólo Jesús nos envía a vivir en este mundo como El, sino la misma iglesia primitiva desde el día de Pentecostés fue misionera, pues daba testimonio elocuente a una fe universal para todos y con denuedo los miembros proclamaban su fe al ser desparramados a lugares distantes adentro y afuera del Imperio Romano. Esto nos hace ver que "el evangelismo personal y la empresa misionera son expresiones normales de un cristianismo auténtico" (I:103). Además, ambos han sido una tradición muy bautista desde la prédica y ejemplo de Guillermo Carey, un zapatero bautista, a quien se le ha dado el crédito de ser el padre del movimiento misionero moderno.

Concluímos, pues, que los bautistas como un pueblo especial han abrazado ciertos principios neotestamentarios que los han llevado a anunciar el testimonio de Cristo al globo entero, pero nos toca a nosotros a seguir apoyando estas normas activamente en nuestra iglesia y vecindad y en otros países del mundo en este nuevo milenio. En medio de las guerras, los odios y los rencores en las familias y las sociedades somos un pueblo sacerdotal enviado a este mundo para mediar entre los que no aman al cordero inmolado que a su vez es el león que venció la muerte y establecerá la justicia universal al final de la historia.

 

 

     [1]Justo C. Anderson, Historia de los Bautistas Tomo 1 (El Paso: CBP, 1978), 11-17. Este libro ha formado la base para esta sección y otras.

     [2]Ver "El bautismo, ¿nos hace hijos de Dios?" Doctrinas Sanas y Sectas Malsanas, I:173-180.

     [3]Los libros más conocidos son A Concise History of Foreign Baptists por G. H. Orchard, Los Bautistas a través de los Siglos por C. L. Neal y El Rastro de la Sangre por J. M. Carroll.

     [4]Anderson, I:32. Entre estos historiadores son Enrique C. Vedder (Breve historia de los Bautistas), Robert Baker (Los Bautistas en la Historia) y Robert Torbet (A History of Baptists).

     [5]Otros han sugerido la autoridad del Nuevo Testamento, la competencia del individuo bajo Dios y la doctrina de la iglesia.

     [6]Anderson, 59; ver también "Doctrinas Bíblicas que Confesamos (Parte I)" SDySM III:74-75, "¿Por qué se bautizó Jesús," IV:67-70, 72 y 167-170.

     [7]Anderson, 69; ver también "¿Cuál iglesia es la verdadera?" SDySM II:202.

Puedes descargar un artículo adicional de este tema mediante el siguiente enlace. La parte 2 no pudo ser posible incluirla aquí.

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