Preguntas y respuestas acerca de la Biblia
Por:  Dr. Donald T. Moore

¿De dónde vino la Biblia? ¿Por qué contiene tantos libros? ¿Cuáles fueron los criterios para su selección? ¿Existen los manuscritos originales? Si no, ¿los manuscritos que disponemos son confiables? ¿Existe una Biblia católica y otra protestante? Si es así, ¿cuál es la diferencia entre ellas? ¿Cuáles son los libros apócrifos o los deuterocanónicos?

¿Cuáles son los conceptos básicos? 

            La Biblia es una colección de libros sagrados, una especie de biblioteca santa o una antología de libros sagrados escritos por diferentes autores a través de muchos siglos, pero publicados hoy en un solo tomo. El vocablo Biblia se deriva de una palabra plural del griego que puede ser traducido como "libritos" o "libros". Originalmente la palabra se refería a una hoja de papiro proveniente del pueblo Byblos del río Nilo en Egipto. 

            La tabla de contenido de la Biblia señala dos divisiones principales: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La palabra en común en las dos divisiones es Testamento, que surge de una palabra en latín (testamentum), que significaba antiguamentealianza o pacto. En el antiguo latín un testamentum fue un juramento de lealtad que los soldados juraban a su comandante y al emperador. Traduce la palabra griega (diatheke) que puede significar cualquier contrato o acuerdo. En la Biblia la palabratestamento no tiene nada que ver con un documento legal o un legado de los bienes a los herederos cuando uno muere, sino se trata de libros sagrados que narran el desarrollo y el contenido de dos alianzas o pactos. En el índice de la Biblia el testamento se refiere a una serie de libros que narran los eventos e interpretaciones acerca de los dos pactos que Dios formara sucesivamente con sus pueblos. El primero es antiguo y el segundo se hizo después y es denominado nuevo. Esta doble división de la Biblia en Antiguo y Nuevo Testamento se desprende de una profecía en Jeremías 31:31-34[1] que predice un nuevo pacto (heb.: berith) después de más de 600 años de la aceptación del pacto de Moisés en Monte Sinaí y desde el siglo II d.C. se comenzó a referirse a las dos colecciones sagradas como el antiguo pacto y el nuevo pacto que forma actualmente la división de las Biblias cristianas[2].

            El Antiguo Testamento se refiere al primer pacto o alianza que Dios hizo con su pueblo cuando sacó a los israelitas de la esclavitud en Egipto para el Siglo XV o XIII a.C. aunque en una fecha anterior ya había seleccionado a Abraham y a sus descendientes tanto para ser bendecidos como para servir de bendición a otros (Génesis 12:1-3). La Biblia en hebreo contiene 39 libros en el Antiguo Testamento. Narran los actos portentosos de Dios en la historia y las interpretaciones de ellos. En el índice de la Biblia Dios Habla Hoy que contiene los deuterocanónicos, estos libros se identifican como los Libros Protocanónicos. La raíz principal de esta palabra es canon[3], que significa una lista de libros que una comunidad religiosa reconoce como dignos de ser incluidos entre los libros sagrados, pues son divinamente inspirados. En este sentido la palabra especifica el criterio por medio del cual la enseñanza cristiana y el comportamiento han de ser regidos. De manera que se entiende que el canon de escritura es la lista de libros reconocidos como la regla de fe y práctica. El prefijo proto significa la más antigua o primera lista. Por lo tanto, los Protocanónicos fueron los primeros libros de la Biblia aceptados como divinamente inspirados. Esta primera colección de 39 libros pueden ser divididos en tres grupos generales. 

            El primer grupo de 17 libros son históricos; comienzan con el libro de Génesis y terminan con Ester. A través de sus páginas se narra principalmente el desarrollo histórico de Israel desde sus orígenes hasta aproximadamente 400 a.C. Los primeros cinco libros tienen dos nombres: el Pentateuco o los libros del Torá. Contienen los libros que tradicionalmente se han atribuido a la pluma de Moisés, aunque desde el siglo pasado existen varias teorías que los dividen en documentos y los atribuyen a diferentes fuentes. El segundo grupo consta de los cinco libros sapienciales o de sabiduría. Comienzan con el libro de Job y terminan con Cantares. Estos libros de sabiduría contrastan con los libros históricos en que no se preocupan por el desarrollo histórico del pueblo de Dios como entidad, sino se preocupan por el individual en cuanto a su comportamiento en la familia y delante de Dios. Presentan esencialmente una ética religiosa dentro de la sociedad. Hay pasajes que señalan el comportamiento sabio de los hijos, los padres y las esposas dentro de la familia. El principal problema religioso-filosófico de preocupación es el del sufrimiento. ¿Por qué sufre el hombre santo? Es cierto, sin embargo, que unos cuantos salmos, sí, manifiestan gratitud a Dios por su divina providencia durante la historia del pueblo de Dios.

            Los 17 libros proféticos que comienzan con el libro de Isaías y terminan con Malaquías es el tercer grupo. Los libros proféticos más largos preceden en orden a los más cortos, y es a base de su tamaño que se clasifican como profetas mayores y menores. Esta clasificación no tiene que ver directamente con la importancia del libro o del profeta en la historia del pueblo de Dios. La mayoría de estos libros llevan los nombres de los profetas que emitían los oráculos de Dios durante diferentes épocas de la historia de la redención. ¿A qué se refieren las palabras profetas, proféticos, y profecía? Normalmente la primera idea que nos viene a la mente es que tienen que ver con la predicción del porvenir, una predicción antemano del futuro. Sin embargo, cuando leímos estos libros descubrimos que eso no es predominantemente su contenido, sino principalmente contienen un mensaje divino de actualidad de arrepentimiento para el pueblo de Dios y de allí el significado principal de estas palabras. Por ejemplo, los profetas advierten a los comerciantes engañosos a vender sus productos con la medida correcta. Los acaudalados debían ser justos en su trato con los pobres y dejar de venderlos por un par de zapatos; las mujeres ricas deben de arrepentirse por dormir en camas de marfil mientras los pobres no tienen con qué comer. Los idólatras tienen que abandonar la idolatría y adorar únicamente al Señor. Los religiosos no deben de observar los días paganos especiales, sino preocuparse por el bienestar espiritual del pueblo y obedecer el pacto.

            Aunque el sentido principal de la palabra profecía es el de un mensaje de Dios para el arrepentimiento, segundariamente conlleva una idea en cuanto a vaticinios sobre el futuro. Las predicciones para el futuro tienen que ver principalmente con dos temas, el Mesías y el Día del Señor (Yavé, Jehová). Con frecuencia el Día del Señor se describe en dos términos; para el pueblo fiel a Dios se trata de un día de recompensa y de luz, pero para el pueblo infiel se trata de un día de castigo, de condenación y de oscuridad. Un profeta (Amós 5:18-20) lo describe en los siguientes términos: un día un agricultor sale de su casa para laborar la tierra de su finca. Comienza a trabajar. Luego levanta sus ojos y ve que a lo lejos se le acerca un león. Se echa a correr para su casa, y muy apenitas logra entrar. Cierre la puerta antes de que le alcance el león, y exhausto y sin respiración, extienda su mano para apoyarse en la pared de la casa -- pero una serpiente sale de la pared y le muerde! El mensaje es claro, no hay forma de escapar, el castigo es inevitable. 

            El segundo tema principal del futuro en los libros proféticos se trata de las profecías sobre la esperanza mesiánica[4]. Estas predicen los antecesores del Mesías y especifican detalles acerca de su nacimiento, su misión múltiple, su naturaleza y su muerte siglos antes de su cumplimiento.

            La versión Dios Habla Hoy que contiene los Libros Deuterocanónicos tiene una lista de nueve títulos que se clasifican esencialmente como históricos y sapienciales. Son los libros de Tobit (Tobías), Judit, 1 y 2 Macabeos, Eclesiástico, Sabiduría, y Baruc y partes de los libros de Ester (griego) y Daniel. Otro nombre para estos es apócrifo que quiere decir "escondido" o "misterioso". Evidentemente es una referencia a que tienen un origen desconocido o dudoso[5]. Fueron escritos por judíos durante los tres siglos antes del nacimiento de Jesús en Belén. Circularon durante el período intertestamentario como libros espirituales y devocionales y tenían más influencia en Egipto y el extranjero que en Palestina.

¿Por qué algunas Biblias tienen 39 libros en el Antiguo Testamento y otras tienen 46?

La primera traducción de la Biblia hebrea a otro idioma se hizo en Alejandría en Egipto entre 250-150 a.C. La colonia judía veía que sus hijos estaban perdiendo su idioma hebreo. Por eso, no podían estudiar la Biblia con facilidad en ese idioma, por lo tanto decidieron traducirla al griego. La versión griega lleva el nombre de Septuaginta o la Versión de los Setenta debido a la tradición de que setenta hombres cooperaron en su traducción. Incluía los libros protocanónicos y los libros apócrifos o deuterocanónicos. Los judíos que vivían afuera de la Palestina la usaban hasta los primeros siglos después de Cristo cuando se convirtió en la versión adoptada por los cristianos del Imperio Romano.

            Con la destrucción de Jerusalén y el templo por el ejército Romano en el año 70 d.C. los judíos palestinos se dieron cuenta de la necesidad de determinar sus libros canónicos. Ya no podrían contar con el templo para fomentar y servir de unidad para el pueblo. Seleccionaron los 39 libros sagrados en una reunión en Jamnia cerca de Jope en la costa al este de Jerusalén en 90 d.C. y así rechazaron todos los otros libros de la Septuaginta.

            Durante el primer siglo d.C. los 27 libros del Nuevo Testamento fueron escritos y con el tiempo fueron aceptados como el canon del Nuevo Testamento. Transcurrieron varios siglos de uso de la Biblia en varias traducciones en varios idiomas. Al final del siglo IV y a principios del siglo V las iglesias se dieron cuenta de que debido a los cambios en el idioma latín que hablaba la gente, hacía falta una nueva traducción al nuevo latín, el idioma principal de Europa en esa época. Hacía falta algún religioso capacitado a traducir del koiné griego del Nuevo Testamento y del hebreo del Antiguo Testamento. Lo más difícil era encontrar un cristiano con los conocimientos del idioma hebreo. El único capacitado con los tres idiomas fue San Jerónimo, pues lo había aprendido de un tutor convertido al cristianismo en Siria.  El monje Jerónimo (346/7-420 d.C.), el encargado de un monasterio en Belén en Palestina, efectuó esa traducción del Hebreo. Después de más de 15 años de labor entre 390 y 406 logró terminar la traducción de los 39 libros. Pero cuando se le pidió incluir los libros Deuterocanónicos también, no fue a su agrado, porque no eran parte del canon en hebreo. Por eso no los aceptaba como libros canónicos. No obstante, decidió incluir traducciones del antiguo latín ya existentes, aunque tradujo Tobit (Tobías) y Judit del arameo y así terminó su obra. Se puso por nombre a esta versión la Vulgata, ya que se trataba de una en la lengua vernácula del pueblo. Esta traducción se convirtió en la Biblia más usada por la Iglesia Católica Romana en Europa durante los próximos mil años. 

            En el siglo XVI estalló la Reforma Protestante en Europa. En parte fue influído por el Renacimiento con su gran interés en los idiomas antiguos y clásicos. Unánime pero independientemente los grandes reformadores Martín Lutero, Ulrico Zwinglio y Juan Calvino concluyeron que el canon judío del los 39 libros protocanónicos era toda la escritura divinamente inspirada y así excluían los libros deuterocanónicos de las Sagradas Escrituras.

            A mediados del siglo en el norte de Italia en el pueblito de Trento el papa convocó el Concilio de Trento para poner en marcha una Contrareforma Católica. En esa somnolienta aldea el Concilio hizo dos decisiones claves en cuanto a la Biblia para los católicos. Primero, determinó que la Vulgata en latín fuera la Biblia oficial de la Iglesia Católica Romana. Eso quería decir que una traducción de los textos en hebreo, arameo y griego fuera la Biblia para el uso católico tanto en la iglesia como para la traducción a otros idiomas. Por eso no fue hasta el siglo XX que aparecieron Biblias aprobadas por la Iglesia Católica traducidas de los idiomas originales. La segunda decisión del Concilio de Trento en cuanto a la Biblia fue su aceptación oficial de los siete libros deuterocanónicos como libros divinamente inspirados. Desde mediados del siglo XVI todo católico romano ha venido bajo la obligación de su iglesia de aceptar los 46 libros en el Antiguo Testamento como divinamente inspirados[6]. Cabe señalar que esta es la diferencia básica entre las Biblias frecuentemente denominadas católicas y protestantes[7].

¿Cómo fue preparado y transmitido el Antiguo Testamento?

            Los 39 libros del canon judío fueron todos escritos en hebreo durante un período de aproximadamente 1,000 años, desde 1400 a.C. hasta 400 a.C. por cerca de 30 autores diferentes. Existen unas porciones cortas en tres de los libros escritos en arameo, un idioma muy parecido al hebreo. 

            La transmisión de estos libros hasta el día de hoy es muy interesante. Por siglos ciertos judíos, a veces llamados escribas, se dedicaban a copiar a mano con sumo cuidado el contenido de estos libros sagrados. No obstante, para el siglo IX a.C. existieron manuscritos con variantes. Los eruditos judíos decidieron confeccionar un texto unificado de los diferentes manuscritos. Así con gran cuidado y erudición prepararon el texto masorético y destruyeron todos los otros manuscritos conocidos hasta ese momento. Así que desde el siglo X hasta el siglo XX sólo existían copias en hebreo del texto masorético de esos 39 libros.

            En 1947 ocurrió un descubrimiento de gran importancia que haría posible examinar manuscritos bíblicos que databan desde el siglo II a.C. Un joven pastor de animales descubrió unos antiguos Rollos o Pergaminos del Mar Muerto en una cueva cerca de Qumrán del Mar Muerto y Jerusalén. Estos y otros descubiertos en doce cuevas adicionales durante los próximos años consisten de pergaminos o fragmentos de 800 documentos diferentes y 127 de ellos textos bíblicos. La mayoría de los pergaminos están en hebreo, aunque otros en griego o arameo. Unas cuantas copias de libros bíblicos fueron esencialmente completas, pero la mayoría fragmentaria. Se encontraron 38 de los 39 libros canónicos[8] de la Biblia hebrea. Ester, un libro canónico que narra eventos en Persia en vez de la Palestina, fue el único que no se encontró en Qumrán. Una comparación con los Rollos del Mar Muerto y el textomasorético ha podido constatar el hecho de que este texto era muy confiable y que existían menos variantes entre los dos textos hebreos[9] que entre estos y la versión griega de la Septuaginta[10]. 

¿Cómo se clasifican los libros canónicos del Nuevo Testamento?

            En el Nuevo Testamento hay 27 libros en las Biblias cristianas[11]. El criterio principal para la selección de este número fue si el autor era un apóstol. Los libros se clasifican en cuatro grupos, principalmente de acuerdo a su género literario. Los cuatroevangelios forman el primer grupo, el cual se puede dividir en dos. La palabra evangelio surge del griego y quiere decir "buenas noticias o nuevas". No se tratan de biografías de Jesús en los términos de hoy. Son esencialmente tratados que tienen el fin de persuadir a otros de que Jesús era el Mesías profetizado. Los primeros tres son sinópticos, un término que sugiere que tienen un enfoque parecido -- desde el mismo punto de vista. Narran esencialmente los mismos acontecimientos de la vida de Jesús, su pasión y resurrección, pero varían de acuerdo al interés, propósito y experiencia de cada evangelista o apóstol y de acuerdo a los intereses de los destinatarios de estos evangelios. Algunos eruditos opinan que Marcos fuera el primer evangelio escrito y que los otros dos lo utilizaron como modelo. Otros afirman que las semejanzas se relacionan mejor con un documento original de las palabras de Jesús que fuera usado en la preparación de los tres. El evangelio según San Juan se clasifica como el cuarto evangelio. Su contenido, vocabulario y enfoque es muy diferente a los sinópticos. Solamente uno de los siete milagros de Jesús antes de su muerte, la pesca milagrosa, aparece también en los sinópticos. Todos los evangelios dedican aproximadamente la mitad de sus narraciones de la pasión, la crucifixión y la resurrección de Jesús.

            La segunda clasificación de los libros del Nuevo Testamento es historia. Solamente uno de los libros es histórico, los Hechos de los Apóstoles, el cual es la continuación de la narración del evangelio de San Lucas, y posiblemente en un tiempo los dos formaron un solo libro. Comienza su narración con Jesús resucitado dando una comisión misionera y con su ascensión. Narra principalmente los acontecimientos más importantes de dos apóstoles, Simón Pedro y Pablo. La primera mitad del libro presenta a Pedro como líder apostólico de la comunidad de fe en Jerusalén y la segunda mitad a Pablo como el líder misionero en la extensión del evangelio al mundo gentil. A mediados del libro los dos apóstoles se encuentran juntos en un concilio en Jerusalén y coinciden en que los gentiles no tienen que obedecer la ley de Moisés para recibir la salvación. Culmina la historia de la iglesia primitiva en este libro histórico con Pablo encarcelado mientras él continúa diseminando el mensaje misionero en la ciudad capital del Imperio Romano. 

            El tercer grupo neotestamentario se clasifica como epístolas o cartas. Hay 21 en este grupo que subdivide entre cartas paulinas y generales (católicas o universales). Tradicionalmente las primeras catorce se han atribuídas a la pluma del apóstol Pablo y las restantes siete a otros apóstoles. La mayoría de las paulinas llevan el nombre de los habitantes de los pueblos o provincias donde habían iglesias cristianas aunque cuatro fueron dirigidas a líderes cristianos y tres de ellas se llaman cartas pastorales. Las cartas generales en vez de tener un solo destinatario se circulaban entre varias iglesias. Por eso la designación católica, universal o general. Recibieron el nombre del autor.

            El cuarto grupo se compone del libro de Apocalipsis, que tiene un estilo y un simbolismo único en el Nuevo Testamento. Es muy probable que fuera el último libro canónico, el Apocalipsis, y que se escribió al finalizar el siglo I d.C. Se usó una especie de clave secreto para comunicar un mensaje de esperanza, seguridad y victoria para el cristiano sufriendo persecución. El mensaje central es uno que anuncia la victoria de Cristo, de Dios y de su pueblo.

            Los 27 libros del Nuevo Testamento fueron escritos en su mayoría por los apóstoles durante el primer siglo d.C. y todas las Biblias hoy tienen los mismos 27. Probablemente el primer libro, la carta de 1 Tesalonicenses, fuera escrito para el año 51 o 52 d.C. y el último para 96 d.C. Aproximadamente 9 o 10 autores los escribieron, se han atribuido cinco a Juan, catorce a Pablo, dos a Lucas y dos a Pedro. Todos fueron escritos en el koiné griego, que se trata de un griego más simple que el clásico y que se usaba en el comercio internacional de la época. De manera que el Nuevo Testamento fue escrito en el lenguaje que se hablaba en todo el Imperio Romano, el idioma universal de su época.

¿Cuáles son los códices más antiguos?

            Igual que en el caso del Antiguo Testamento, no disponemos de ninguno de los manuscritos originales de los libros del Nuevo Testamento. Sin embargo, existen muchos manuscritos muy antiguos, y cuando se encuadernaban las hojas para formar un solo volumen, se llamaba códice. Los dos códices más antiguos casi completos datan desde el siglo IV. Uno, el Vaticano (Vaticanus), se encuentra en la biblioteca del Vaticano en Roma y el otro, el Sinaítico (Sinaíticus), en el Museo Británico de Historia de Londres. 

            La historia del descubrimiento del segundo es muy interesante. Como su nombre sugiere se relaciona con el Monte Sinaí. El siglo pasado C. von Tischendorf, un noble alemán y coleccionista de antiguos manuscritos, estaba de visita en el monasterio Santa Catalina de la Iglesia Católica Ortodoxa. Como de costumbre estaba pendiente el encuentro de antiguos manuscritos. Un día en la oficina del abad o supervisor del monasterio notaba que de vez en cuando éste sacaba hojas de un manuscrito del safacón y las quemaba con el fin de calentar las manos. Luego continuaba escribiendo. Al ver las hojas sospechaba de que eran de un manuscrito antiquísimo. Pidió permiso a examinar el documento en su habitación y se convenció de que efectivamente se trataba de un manuscrito de gran valor. Regresó a la oficina del abad y pidió permiso a llevarlo consigo a su país para examinarlo con más cuidado. Al principio se le negó, pero cuando prometió fielmente a devolvérselo, recibió permiso. Efectivamente se trataba de un texto en griego completo del Nuevo Testamento y casi completo del Antiguo Testamento del siglo IV d.C. No obstante su promesa, nunca se lo devolvió al monasterio, sino se lo regaló al zar de Rusia. Posterior a la Revolución Bolchevique en 1917 el Museo Histórico en Londres lo compró.

          ¿Los títulos, subtítulos y las divisiones en versículos y capítulos forman parte del texto sagrado? No, puesto que no formaban parte del texto original. Se hizo la división en capítulos en el siglo XIII y en versos tres siglos más tarde mientras los redactores de cada versión de la Biblia han incorporado los títulos y subtítulos como mejor les parezca según sus propios criterios. Asimismo añaden las introducciones explicatorias a los libros, las notas al calce y los apéndices.

          ¿Cuáles son los argumentos a favor y en contra de los libros apócrifos o deuterocanónicos? Los principales argumentos a favor son en primer término que formaron parte de la Septuaginta, la primera Biblia que los cristianos gentiles seguían como la versión más importante por siglos tanto en griego como para las traducciones al latín y otros idiomas. Segundo, los libros deuterocanónicos fueron oficialmente incorporados dentro del canon por los Concilios de Trento y del Vaticano I de la Iglesia Católica Romana. Tercero, el canon judío de los 39 libros es un canon defectuoso, pues fue determinado por religiosos que rechazaban a Jesús como el Mesías. 

            Los argumentos en contra su aceptación como libros divinamente inspirados incluyen los siguientes. En primer término, no formaron parte de la Biblia hebrea aceptada como canónica por los judíos en el primer siglo después de Cristo. En segundo término, Jesús no los usó y no los citó. En tercer término, contienen enseñanzas que no son consistentes con la instrucción de los libros canónicos, como la doctrina de las oraciones por los muertos (2 Mac. 12:43) y la intercesión de los santos. 

            A pesar de esto a lo largo de la historia del cristianismo han tenido un valor devocional, ético e histórico. La lectura puede resultar edificante si no se usa para establecer doctrinas. Se puede leer y exponer sus lecciones en la iglesia siempre y cuando esas enseñanzas coinciden con las doctrinas de las escrituras canónicas. También sirven de fuentes primarias para el estudio de la historia del período intertestamentario y para ilustrar la providencia de Dios sobre su pueblo. Por eso hasta a mediados del siglo XVII fueron incluidos en las versiones de los grandes reformadores protestantes.

¿Es la Biblia un libro puramente humano, escrito por un hombre?

¿Es la Biblia igual a los demás libros? En algunos sectores suele decir que ella es como cualquier libro hecho de papel en el cual el hombre escribe. En nada difiere de ellos, pues el papel aguanta todo lo que le pongan. Pero, la Biblia es un libro único. No fue escrito por un hombre como alegan algunos que desconocen la historia de su desarrollo, su trasmisión y conservación, sino eran cerca de 40 autores a lo largo de un período de más de 1,000 años. También esa crítica a la Biblia sugiere que cualquier hombre pudo haberla escrita, pero no fue así. Otros tratan de quitar su cualidad única diciendo que fuera escrita por hombres. Y ese hecho lo convierte en un libro puramente humano. Sin embargo, los autores no eran personas comunes y corrientes, tampoco eran seres humanos sin escrúpulos o con intereses particulares, sino eran santos hombres de Dios (2 Pe. 1:21) bajo las órdenes de Dios. En ese sentido todos los libros bíblicos fueron escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo de Dios (2 Ti. 3:16-17). 

            Además la Biblia es única en el sentido de que se trata de una antología o colección de libros. ¿Cuántos otros libros que tú conoces fueron escritos por cerca de 40 autores durante un período extenso de más de mil años?  Cabe señalar también que esta obra es singular en el occidente por su influencia en las grandes obras de las artes y las letras y por el mensaje sin par del evangelio de Jesucristo. Concluimos, pues, que la Biblia es y a la vez contiene la Palabra de Dios.

¿Qué hay de cierto en cuanto a los llamados libros perdidos de la Biblia?

En el Antiguo Testamento existen referencias y a veces citas a ciertos libros que existían al mismo tiempo de la composición de los libros canónicos. Incluyen, por ejemplo, los libros de Jaser (Jos. 10:12-14; 2 Sam. 1:18-27), de las batallas de Jehová (Núm. 21:14), de los hechos de Salomón (1 Rey. 11:41), de las crónicas de los reyes de Israel (1 Rey. 14:29) y de los reyes de Judá (1 Rey. 14:29). No existen hoy, pero en el caso del libro de Jaser se conservan trozos en las citas bíblicas. Evidentemente los últimos dos fueron anales de las cortes reales o resúmenes proféticos de ellas. Nunca fueron aceptados como parte del canon. En ese sentido nunca formaron parte de las Sagradas Escrituras, y, por ende, no son libros perdidos de la Biblia. Eran nada más que recursos extrabíblicos a los cuales los escritores sagrados se hacían referencia. 

            Además en el día de hoy existen otros libros apócrifos y seudoepígrafos del Antiguo y Nuevo Testamento, traducciones de los cuales se publican a veces en tomos que erróneamente se califican como libros perdidos. Lo cierto es que el cristianismo nunca los consideró inspirados por Dios.

¿Es cierto que la Iglesia Católica Romana escribió, escogió y confeccionó los libros de la Biblia?

¿Se trata de un libro católico o de creación católica? Es esencial señalar que toda la comunidad cristiana jugaba un papel en la selección de los libros canónicos. Nunca se limitó a la Iglesia Católica Romana o a sus concilios, como algunos alegan. Estaban envueltos cristianos en los tres continentes de Europa, Africa y Asia. Por lo tanto, los cristianos de muchas nacionalidades aportaron algo y muchos de ellos nunca adoraron a Dios por medio de los ritos latinos y tampoco reconocían al Obispo o Papa de Roma como su máximo pontífice. Además del criterio de ser apostólico, se usaban otros criterios para determinar los libros sagrados, tal como los que respondían a las necesidades espirituales del pueblo cristiano en las iglesias locales y les ayudaban a crecer en la gracia de Dios. Es mucho más acertado afirmar que todo el pueblo de Dios seleccionó y preservó los libros que componen la Biblia que darle crédito a una denominación o secta en particular.

            En realidad, la Iglesia Católica Romana como la conocemos hoy no existía cuando se concluyó la selección de los libros del canon. De hecho en 325 d.C. el Concilio de Nicea reconoció la igualdad de autoridad de tres obispos, los de Roma, de Antioquía de Siria y de Alejandría de Egipto. El Concilio de Constantinopla (380 d.C.) le concedió la igualdad de autoridad con ellos al obispo de Constantinopla y más tarde el Concilio de Calcedonia (451 d.C.) la extendió a un quinto obispo, el de Jerusalén. De manera que durante los primeros cinco siglos existían en diferentes momentos hasta cinco obispos con potestades equivalentes. Cabe señalar que algunos teólogos, pastores y obispos bajo la jurisdicción de cada uno de esos cinco obispos de igual autoridad contribuyeron a la selección de los libros sagrados de la Biblia. Por lo tanto, recalcamos que es mucho más acertado decir que todo el pueblo cristiano determinó cuales libros eran divinamente inspirados y es una equivocación darle crédito únicamente a la Iglesia Católica Romana. 

            Además antes de la existencia de iglesia cristiana alguna, el pueblo de Dios del antiguo pacto comenzó el proceso de escribir y formular un canon, y eso aplica tanto para el canon de los judíos de Palestina como el de los de Alejandría. Cabe señalar también que el papel histórico de los primeros concilios era uno de promulgar públicamente el consenso ya existente entre las iglesias locales principales en vez de dictarles. Asimismo es incorrecto decir que su conservación se debe exclusivamente a la Iglesia Romana, aunque es cierto que sus monásticos jugaban un papel importantísimo, aunque no exclusivo, debido a sus bibliotecas guardadas y copiadas dentro de las fortalezas. No obstante, subrayamos una vez más que no era patrimonio exclusivo de los Católico Romanos.

¿Es cierto que los textos originales sagrados judíos y cristianos han sido corrompidos y cambiados?

Una alegación de esta naturaleza tiene que ser evidenciada por documentos históricos. ¿Cuándo, según se alega, o en cuál fecha cambiaron o modificaron los textos? No lo hicieron entre los siglos II a.C. y el siglo XX d.C., pues la evidencia de los pergaminos del Mar Muerto hace claro que los manuscritos del Antiguo Testamento fueron fielmente copiados a mano. De hecho la evidencia por la fidelidad en los manuscritos es mucho mayor que para las grandes obras de literatura y filosofía de la Grecia clásica. Tampoco existe evidencia en los manuscritos del Nuevo Testamento para su corrupción, aunque existen variantes de menor importancia en los textos que en nada cambia la doctrina cristiana.

            Con frecuencia la alegación de un texto corrupto es un mecanismo para abrir paso para una nueva revelación o nuevas revelaciones que no coinciden con la Biblia. Por ejemplo, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días o los mormones[12] presentan únicamente citas de sus líderes y del Libro de Mormón para evidenciar y constatar sus acusaciones. En cuanto a la confiabilidad del Libro de Mormón varios testigos mormones retractaron sus testimonios y explicaron las cuestionables condiciones vigentes poco antes de dar sus firmas. Tal vez basta el testimonio del libro de José Smith para los que ya tienen fe en su veracidad, pero ¿dónde está la evidencia en los documentos? No han proporcionado evidencia alguna de la corrupción de la Biblia, porque sencillamente no existe. Aunque José Smith comenzó a preparar una revisión de la Biblia, nunca la terminó y hasta el día de hoy los mormones con sede en Salt Lake City no la usan[13]. ¡Así que los mismos mormones no aceptan los cambios que su propio profeta incorporó! ¿Dudan entonces de él?

            En realidad es el Libro de Mormón que ha sido corrompido. Hoy no es idéntico a lo que era en su primera publicación de 1830, ya que las alteraciones en las ediciones revisadas de 1921 y 1981 son significativas por su cambio doctrinal. De hecho en total más de 4,000 cambios han sido incorporados desde la primera edición. 

            En el caso de El Corán y sus alegaciones de corrupción de la ley judía y del evangelio de Jesús[14] podemos señalar lo siguiente. Los musulmanes, los seguidores del profeta Mahoma, diseminen ese libro que creen dictado por el Angel Gabriel. No obstante, faltan evidencias históricas en él para apoyar y sustentar sus alegaciones. No señala ningún documento fidedigno que data de los primeros cinco siglos. 

            Cabe señalar que tanto las nuevas revelaciones de los mormones como los del Islam se encuentran condenadas por el apóstol Pablo cuando afirma categóricamente que toda revelación que difiere de sus enseñanzas apostólicas y que fuera revelada por un ángel que sean anatema o condenadas (Gál. 1:8-9). Tal es el caso también de Samael Aun Weor del gnosticismo contemporáneo con las revelaciones del quinto ángel del Apocalipsis. 

            Una técnica similar usó Allan Kardec, el codificador del espiritismo, al insistir en la imperfección de la ley de Cristo[15]. ¿Qué podemos decir en cuanto a las alegaciones similares hechas por los líderes de los movimientos de la Nueva Era? Alegan que la iglesia hizo cambios para apoyar su rechazo de la reencarnación. ¿Incorporaron cambios en el texto sagrado los Concilios de Nicea (325 d.C.) y de Constantinopla (553 d.C.)? ¿Eliminaron las enseñanzas bíblicas que sostenían la reencarnación? La evidencia histórica señala lo contrario. No apoya en lo absoluto esas alegaciones infundadas.

            Otras personas arguyen que los cambios en los textos ocurrieron en la transmisión de la tradición oral antes de ser escrita. Normalmente estas personas no entienden el mecanismo antiguo de la trasmisión oral de pueblos donde se retienen datos  en la memoria por largos períodos en forma confiable. Este hecho se ha demostrado entre los pueblos primitivos de hoy. Además solamente una parte de los Antiguo y Nuevo Testamentos fue al principio trasmitido oralmente -- no así la vasta mayoría de los libros del Nuevo Testamento. Y se pregunta, ¿dejaría un Dios soberano, santo, misericordioso y de amor cambios significativos en el evangelio verdadero de las Sagradas Escrituras?

¿Es la Biblia solamente uno entre varios libros sagrados inspirados por Dios?

Algunos reclaman autoridad para otros libros sagrados. Insisten en que otras escrituras reveladas tienen el mismo o mayor valor de inspiración divina que la Biblia. 

            Existen decenas de libros en el mundo que diversas sectas y religiones creen inspirados. Por ejemplo, para el musulmán El Corán, para el hindú los cuatro Vedas, los Upanishads, el Bhagavad Gita y los Puranas, para algunos budistas el canon pali y para otras sectas hay libros adicionales. 

            Las iglesias cristianas escuchan la voz de Dios a través de la Biblia, donde la claridad del mensaje es evidente. Solamente ella es la voz divina inspirada de autoridad, puesto que es la única fuente primaria para aprender de la vida, enseñanza y obra históricas de Jesús de Nazaret, el Mesías, quien como Dios encarnado ha sido el único Salvador que ha dado su vida en rescate por los pecados del hombre. No solamente los otros libros niegan y contradicen enseñanzas fundamentales bíblicas sino que en su mayoría dependen de interpretaciones de una mitología más bien que la revelación de Dios en la historia. No obstante, muchas religiones y sectas quieren incorporar a Cristo dentro de su sistema más bien que someterse a su autoridad soberana. Además una comparación de las doctrinas bíblicas tal como la libertad individual, el significado del sufrimiento, el significado de la historia y la revelación de la naturaleza de Dios con las enseñanzas de los otros libros sagrados demuestra su superioridad como bien se señala en el libro de Hebreos en cuanto al judaísmo. Lo mismo se puede señalar en cuanto a las consecuencias de una fe bíblica -- tanto las actitudes y conducta personales como colectivas en términos de los adelantos y avances dentro de las sociedades -- contrastada con los frutos de las religiones. De otro lado no olvidemos de la gracia común de Dios existente en la naturaleza y la conciencia de todo ser humano.

¿Es cierto que Cristo transmitió oralmente a algunos iniciados una secreta enseñanza esotérica que nunca se puso por escrito?

Esta es la afirmación del esoterismo que también se denomina el ocultismo y que incluye movimientos tales como el rosacrucismo y la teosofía. Una vez más no proveen documentación histórica confiable para comprobar sus alegaciones. Evidentemente durante su vida Jesús no aceptaba un conocimiento secreto aparte del texto bíblico (comp. Mt. 11:29, Mt. 15:1-9), ya que dependía de la palabra escrita (Mt. 4:1-11) y apelaba con frecuencia a ella. En un momento crítico de su vida insistió en que él había hecho todo en públicoy negó rotundamente que enseñaba doctrinas en secreto (Jn. 18:20-21). No ocultó nada. Por lo tanto, es mucho más sabio seguir lo que se puede evidenciar en cuanto a las enseñanzas de Jesús que suponer que alguien, alguna sociedad u organización tenga sus enseñanzas secretas que sus discípulos o iniciados hayan trasmitido oralmente hasta hoy.

            De hecho del círculo más íntimo de los apóstoles de Jesús tenemos por escrito las enseñanzas de Pedro en sus cartas y en el evangelio de Marcos y las de Juan en su evangelio, sus tres cartas y su Apocalipsis. Asimismo de los apóstoles tenemos escritos de Mateo, Pablo y Santiago además del historiador contemporáneo Lucas. También tenemos las enseñanzas de dos de los hermanos más allegados al Señor. Con todas estas enseñanzas públicas y apostólicas, no había ninguna necesidad de transmitir secretas enseñanzas de Jesús -- y en especial cuando con frecuencia las doctrinas esotéricas contradicen y niegan la revelación escrita.

¿Existe la necesidad de un solo tribunal supremo para interpretar la Biblia?

La Iglesia Católica Romana ha sostenido la necesidad de uno. De hecho insisten en que el papa como el único infalible tiene ese derecho, pero además recae en manos de la oficina eclesiástica el derecho de determinar la interpretación oficial cuando la iglesia o algún concilio no haya declarado la explicación correcta. De un lado, esto puede ser beneficioso, pues como tribunal supremo ayuda a mantener la uniformidad y unidad de esa iglesia. De otro lado, es dañino, porque coloca el mensaje y la interpretación de la palabra de Dios en manos del clérigo de una sola denominación. Y si los laicos no pueden interpretarla, implica que no la pueden entender y si no la entienden, entonces, ¿por qué leerla? Y si no la leen, ¿por qué diseminarla? 

            La sociedad teocrática de los Testigos de Jehová y su cuerpo gobernante hacen lo mismo. Insisten en que la Sociedad Atalaya es el siervo fiel en los últimos tiempos (Mt. 24:45) y que sus  publicaciones dan a conocer las interpretaciones correctas para alimentar espiritualmente a la muchedumbre.

            Pero ya que las Sagradas Escrituras se dieron para enseñanza, corrección e instrucción (2 Ti. 3:16-17), deben estar disponibles para la lectura de todos. Hoy el Espíritu Santo es el maestro por excelencia para su pueblo (Jn. 14:26), y ya que inspiró el mensaje original y la preservó de corrupción a lo largo de la historia, este mismo Espíritu de la verdad es el mejor capacitado para dar a conocer su mensaje a su pueblo hoy (1 Pe. 1:19-21). Y cuando su pueblo lee la Biblia con comprensión, inevitablemente la interpreta. No obstante, existen ciertas normas para ayudar en su entendimiento[16].

¿Es cierto que la lectura de la Biblia vuelve loco al que la lee?

No al contrario es saludable su lectura. Mejora la calidad de la vida. Trae más felicidad y paz. Ayuda a uno a reconciliarse con Dios y tener la seguridad de esa vida eterna. Le aconseja a amar y a perdonar al prójimo. Le ayuda con su relación familiar. Trae prosperidad al creyente cuando éste busca primeramente el reino de Dios y hace la voluntad divina (Mt. 5:33). Transforma vidas sin sentido dándoles significado y propósito. Cambia la vida del adicto y del criminal convirtiéndola en algo fructífero. Por eso y otras razones más grandes hombres de la historia como Alfonso el Sabio, Soren Kierkegaard, Abraham Lincoln, Rubén Darío y Juan XXIII la han leído y han recomendado su lectura. 

            Si es así como sugieren muchos grandes hombres de la historia, uno pregunta, ¿cómo surgió la idea de que la lectura de la Biblia puede volver a uno loco? Sospecho de que se desarrolló como un elemento en una campaña en contra de la diseminación de la Biblia. El siglo pasado y aun durante la primera parte de este Siglo XX era un libro ilegal en algunos países hispanos, prohibido tanto por el estado como por la Iglesia Católica. Esta amenaza de la locura les serviría como un mecanismo de control o un cuco para infundir miedo y evitar su busqueda de paz espiritual afuera del catolicismo. 

            Hoy otros dicen que la Biblia es un libro anticuado y retrógrado, un producto de una cultura de antaño para el día de ayer. ¿Es cierto que la Biblia lleva a uno para atrás en vez de para adelante? Depende como se lee, como se interpreta y como se practica, pero un libro que enseña a amar y perdonar, decir la verdad, no robar y no matar en un mundo con tanto odio, mentira y criminalidad, no puede ser retrógrado.


¿Por qué algunas traducciones de la Biblia omiten frases, palabras o versos mientras que otras los retienen?

Esta omisión de ciertos pasajes en las traducciones más recientes ocurren tanto en versiones en inglés como en español. Se debe principalmente a los conocimientos actuales basados en los últimos descubrimientos textuales de los manuscritos en el griego y el hebreo. Algunos ejemplos son Marcos 16:9-20, Juan 5:4, 7:53 al 8:11 y 1 Juan 5:7. 

            Por ejemplo, la Reina Valera (1960) incluye cada uno de estos textos completos sin ninguna nota aclaratoria mientras la Reina Valera Actualizada no. En el caso de Marcos 16:9-20, esta última versión escribe el texto entre corchetes, pero con la misma letra y al final de los otros versos del capítulo, aunque una nota al pie de la página señala que algunos manuscritos antiguos no lo incluyen. En el caso de Juan 5:4 señala lo mismo en cuanto a su ausencia en los antiguos manuscritos, pero incluye una traducción en la nota al pie de la página. Juan 7:53 al 8:11 está escrito entre corchetes con una nota explicatoria al pie de la página que dice que ha seguido la tradición de algunos manuscritos antiguos al hacerlo. A la vez señala la práctica de otros manuscritos a colocar este pasaje después de Lucas 21:38 o 24:53 o de Juan 8:36. En el caso de 1 Juan 5:7 hace el mismo señalamiento en cuanto a los manuscritos antiguos e incluye una traducción en la nota con una explicación adicional al efecto de que la autenticidad de la doctrina de la Trinidad no depende de este verso. Luego, da citas de varios versos en el Nuevo Testamento que apoyan dicha doctrina.

            La Biblia de Jerusalén, una versión católica considerada por muchos como una traducción excelente, incluye Marcos 16:9-20 como parte del texto sagrado y en una nota al pie de la página dice que los versos son inspirados y canónicos, aunque no se puede probar que pertenecieren a la redacción de Marcos. Incluye Juan 5:4 y 7:53 al 8:11 de la misma manera de la Reina Valera (1960), con la excepción de que añade una nota al segundo texto sobre la mujer adúltera afirmando que dicha narración es inspirada y canónica aunque antiguamente no formaba parte de Juan, sino tal vez de Lucas. En el caso de 1 Juan 5:7 coloca una parte del texto y después de las palabras "dan testimonio" señala una nota al pie de la página donde explica únicamente que los manuscritos de la Vulgata añaden la frase sobre el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo que son uno.

            La necesidad de tener a la mano una traducción al día con la crítica textual que haya comparado los manuscritos más antiguos y, por ende, probablemente más auténticos es esencial hoy, pues entre otras razones circula la versión de los Testigos de Jehová en el país. En La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras en cuanto a Marcos 16 aparece tanto una conclusión larga como una corta[17]. Además escribe estas conclusiones con una letra diferente al de los otros textos y contiene una explicación especificando los manuscritos antiguos donde aparecen cada cual. En el caso de Juan 7 y 8 omite los versos del texto sagrado, pero coloca la traducción entera en una nota al pie de la página que especifica cuales manuscritos antiguos lo tienen. En el caso de 1 Juan 5:7-8 omite la parte del texto que no aparece en los manuscritos antiguos sobre la Trinidad sin explicación alguna.

            Por supuesto hay otros variantes en los antiguos manuscritos, y puesto que no disponemos de ningún manuscrito original, es imprescindible no fundamentar ninguna doctrina esencial en estos textos que no aparecen en los manuscritos más confiables y fidedignos. Desde luego, la omisión de estos textos no afecta la veracidad de doctrina cristiana alguna.

¿Existe una sola traducción aceptable en el español? ¿Existen criterios que nos ayuden seleccionar las mejores traducciones?

Los Adventistas del Séptimo Día usan la traducción de Reina y Valera de 1909 y rechazan la de 1960, ya que ésta sustituyó el día de reposo por el sábado. Algunos pentecostales también han rechazado esta versión. Por lo tanto, la Reina Valera 1960 no sirve para ellos. Otros insisten en el uso exclusivo de La Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová, ya que usa el nombre de Jehová en el Nuevo Testamento y es una publicación del Watchtower (Atalaya). Para algunos sólo quieren usar la Reina Valera (1960), por su valor tradicional y su bella expresión. Para otros la Biblia Católica es la única que sirve y otras personas no quieren una que use el lenguaje del diario vivir tal como Dios Habla Hoy y la Versión Latinoamericana. 

            Hay por lo menos cinco criterios importantes para la selección de una versión de la Biblia. (1) ¿Se comunica bien el mensaje de los textos más parecidos a los originales? ¿Se trata de una traducción de los mejores textos de los idiomas originales? ¿Se entiende bien y con facilidad su vocabulario? ¿Está el vocabulario al nivel del lector? (2) ¿El estilo o el formato del texto sagrado facilita su interpretación? ¿Hace más comprensible las ideas centrales dentro de las pequeñas unidades del texto? ¿Está claro donde comienza y termina un párrafo? ¿Se dividen los capítulos en párrafos y estrofas? Este tipo de formato o estilo ayuda en la interpretación del versículo dentro de su contexto literario. Por eso, no es tan fácil sacarlo fuera del contexto. En cambio, cuando cada verso se parece un párrafo, incrementa la posibilidad de una mala interpretación. 3) ¿Contiene mapas? Los mapas también son importantes para la comprensión de la historia de la redención. (4) ¿Es esencialmente la misma traducción que la iglesia de uno usa, de manera que no se pierda el hilo del pensamiento? Si la versión no varía mucho, facilita su uso en la comunidad cristiana. Debe ser lo suficiente similar para que uno no se pierde en la lectura de los versículos durante los estudios bíblicos y los sermones.

            Cabe señalar que a mi juicio todas las traducciones tienen méritos y ninguna debe ser condenada o quemada. La voz soberana de Dios se deja oír -- a pesar de las peores imperfecciones de las traducciones, aun en los casos cuando se ha intentado bajar o callar su voz doctrinal. No obstante, existen traducciones que reunen mejor que otras los criterios mencionados. Entre ellas están la Reina Valera Actualizada y Dios Habla Hoy.


     [1]Se hace referencia a esta profecía en varias ocasiones en la carta a los Hebreos (8:8, 10:16).

     [2] Este uso aparece por primera vez en las obras de Clemente de Alejandría (c. 160) y Tertuliano de Cartago (c. 200). La única versión de la Biblia que conozco que no sigue esta división dual es La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras de los Testigos de Jehová. Con el fin de eliminar este concepto de antiguo y nuevo pacto substituyó otros títulos para la doble división: las escrituras hebreoarameas y las griegas cristianas. Los títulos de estas divisiones intentan borrar la idea de que un pacto es nuevo y el otro es antiguo. La implicación, entonces, es que las dos secciones de escrituras tienen igual valor, peso y vigencia en la vida cristiana hoy. Ver La Sana Doctrina "¿Usas estas normas para interpretar la Biblia?" II:3 (Abril 1987) y "¿Eres un cristiano del Antiguo o Nuevo Testamento?" II:1 (Dic.-ene. 1987).

     [3]En otro contexto canon se refiere a las reglas o leyes de una iglesia. 

     [4]Ver "Las profecías y los profetas" en La Sana Doctrina, II:7 (Nov.-dic. 1987). 

     [5]San Jerónimo usó este término en latín (apocryphus) para designar los libros aptos para la lectura en la iglesia para inculcar lecciones éticas pero no aptos para establecer doctrinas. A veces hoy se usa esta designación para referir a 15 libros y documentos. En ese caso se incluye como apócrifos los seudoepígrafos que incluyen a 3 Macabeos, 3 y 4 Esdras, La Oración de Manasés, la Epístola de Jeremías, Enoc, Jubileos y la Ascensión de Isaías.

     [6]El Concilio Vaticano I (1870 d.C.) reafirmó estas decisiones.

     [7]Otras diferencias menores en las Biblias Católicas incluyen el orden de los libros del Antiguo Testamento, la enumeración de los salmos, la forma de escribir muchos nombres y las notas explicatorias.

     [8]Los hallazgos en Qumrán no incluyen una lista de los libros que formaba el canon de esa secta judía, pero entre los pergaminos aparecieron varios comentarios sobre la Biblia hebrea. Este hecho nos permite afirmar con confianza de que su canon incluía el Pentateuco, los Profetas y los Salmos, Daniel y probablemente Job. No hay ninguna evidencia que indique que dicha comunidad aceptaba Tobit (Tobías) o Baruc aunque aparecieron fragmentos de ellos y de Jubileo.

     [9]Por ejemplo, en los 66 capítulos del pergamino de Qumran sobre Isaías, solamente se encontraron 13 pequeñas variantes. Las variantes más importantes aparecen en los libros de Jeremías y Samuel, los cuales contienen algunos párrafos enteros nunca antes vistos. Por ejemplo, en 1 Samuel 11 donde narra acerca del nuevo Rey Saúl quien conduce a su pueblo en la batalla en contra de los amonitas, el texto de Qumran incluye un párrafo que describe la opresión de los israelitas a manos del rey amonita Nahash; no se menciona a éste en el texto tradicional. En un caso en Jeremías se omiten las palabras proféticas de 9:7. 

     [10]Hoy la Septuaginta sigue siendo la versión oficial de la Iglesia Ortodoxa Griega, pero la mayoría de los eruditos de esa iglesia siguen al padre Atanasio y otros que colocaban los libros deuterocanónicos en un nivel de autoridad inferior a los protocanónicos.

     [11]Evidentemente durante la primera mitad del segundo siglo d.C. se comenzó a hacer dos colecciones de escritos cristianos, la de los cuatro evangelios y la de las cartas paulinas. El padre griego Orígenes (185-254 d.C.) menciona 27 libros en el Nuevo Testamento, 21 reconocidos plenamente y 6 dudosos. El obispo Atanasio de Alejandría en 367 d.C. fue el primer escritor que hoy conocimos que hizo una lista de los 27 libros canónicos sin diferenciar entre ellos. Aunque la Iglesia Ortodoxa Griega acepta los 27 libros en esta lista, no incluye lecturas del libro de Apocalipsis en su misal.

     [12]Ver "El testimonio de los mormones y el nuestro", II:6, (Sept.-oct. 1987) de La Sana Doctrina.

     [13]Aunque incluyen la revisión de los primeros 8 capítulos de Génesis en La Perla de Gran Precio, uno de sus principales libros sagrados, José Smith hizo muchos otros cambios en la Biblia del Rey Jacobo. La Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días con sede en Independence, Mo., publicó su revisión y se llama Inspired Version: The Holy Scriptures, Containing the Old and New Testaments: An Inspired Revision of the Authorized Version, by Joseph Smith, Junior.

     [14]Ver "Mahoma, el Corán y la fe islámica", VI:5 (Sept.-oct., 1991) de La Sana Doctrina.

     [15]Ver "El espiritismo y el cristiano", La Sana Doctrina I:1, (Enero-feb. 1986).

     [16]Ver "¿Usas estas normas para interpretar la Biblia?",  II:3 (Abril 1987) de la Sana Doctrina.

     [17]El Nuevo Testamento en griego también contiene las dos conclusiones. [The Greek New Testament de las Sociedades Bíblicas. Ver además Bruce M. Metzger's A Textual Commentary on the Greek New Testament: A Companion Volume to the UNITED BIBLIA SOCIETIES' GREEK NEW TESTAMENT(Tercera Edición). Londres: United Biblia Societies, 1971. pág. 122-128.]

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