Preguntas sobre Jesús y el infierno,” Tomo IV:31-33
Por:  Dr. Donald T. Moore

¿Es cierto que Jesús descendió al infierno?

            Los cristianos difieren en cuanto a la naturaleza del descenso de Jesús al infierno. Mientras algunos suelen estar de acuerdo con el Credo Apostólico, otros están en desacuerdo[1] con él. Actualmente el credo apostólico afirma, "Yo creo que Jesús ... descendió al infierno ('hades')," aunque la forma más antigua no incluía esta parte, pero probablemente se incorporó después para subrayar la realidad de la muerte de Jesús. Hades significa la morada de los muertos que para algunos de ellos es el paraíso y para otros el lugar de la reprobación y el dolor.

            Aunque algunos del "evangelio de la prosperidad" dicen que Cristo tenía que ir al infierno para completar lo necesario tanto físico como espiritual en la salvación del hombre,[2] ¿qué nos enseñan las Escrituras, nuestra autoridad suprema, acerca de esta parte del credo? Nos dicen muy poco acerca del estado de Jesús entre su muerte y su resurrección, pero las citas bíblicas que normalmente se suelen mencionar son Hechos 2:31, Efesios 4:8-10, 1 Pedro 4:6 y 1 Pedro 3:18-20, el más importante y a la vez según algunos el pasaje más difícil de todo el Nuevo Testamento para entender.

            Probablemente Efesios 4:8-10 contiene una referencia a que el Verbo, la Palabra o el Logos preexistente en la presencia del Padre haya bajado a encarnarse en carne humana (Juan 1:1-18) y 1 Pedro 4:6 podría aplicar a cualquier predicación del evangelio que se hace a los muertos en el pecado, pero existen numerosas interpretaciones de 1 Pedro 3:18-20. Hay varias preguntas básicas a hacerse: ¿Quiénes eran los espíritus encarcelados? ¿Cuándo se predicó (kerusso) a ellos? ¿Dónde estaban cuando se los predicó? ¿Cómo lo hizo? ¿Por qué lo hizo?[3]

            Existen tres líneas principales de interpretación. La primera afirma que la predicación de Cristo se hizo mediante Noé mientras construía el arca. En aquel día se predicó a los incrédulos que son identificados como los espíritus en la cárcel. Cristo lo hizo a los desobedientes a través de Noé en su época. Así que se hizo la predicación a los vivos, pero más tarde éstos murieron. Esta interpretación, ostentada por San Agustín y defendida por otros, parecía la más probable para Erickson quien reconoce que ninguna es totalmente sin dificultad. Según éstos Cristo predicó "en espíritu" a través de Noé cuando estaban construyendo el arca. Pregonó un mensaje de arrepentimiento y de justicia, lo cual compartió con los incrédulos que vivían en aquella tierra, pero cuando Pedro escribió, eran "espíritus en la cárcel" o sea, en el infierno. Aunque esta referencia a los espíritus en la cárcel no es completamente natural, algunos creen que esta interpretación encaja mejor que las otras, pues tiene apoyo en 1 Pedro 1:10-12, donde menciona el Espíritu de Cristo en los profetas que profetizaron acerca del futuro. Cabe señalar que aun si uno cree que Jesús descendió al infierno para ofrecer la salvación a quienes habían vivido en la tierra antes de El, no se puede hacer la misma aplicación a los que vivían y murieron después de Su ministerio en la carne.

            Una segunda línea de interpretación afirma que se hizo la predicación después de la resurrección de Cristo a través de los apóstoles quienes comunicaron el mensaje a la humanidad caída. Evidentemente la descripción de los espíritus encarcelados en su pecado se trata de una descripción de la humanidad caída, o sea los hombres incrédulos en el día de Pedro, y también caracteriza a los hombres incrédulos de todas las edades y que hoy se aplicaría a los inconversos. El escritor sagrado usa a Noé y su experiencia como ejemplo. Como los justos en la época de Noé eran una pequeña minoría así lo eran también en el día de ese apóstol. Cuando Cristo predicó a través de los apóstoles, no tenía en mente a nadie que ya había fallecido.

            Una tercera línea de interpretación dice que fue Cristo mismo en persona quien predicó a los espíritus después de su muerte pero antes de su resurrección. Entonces ¿quiénes eran los espíritus encarcelados? Dicen algunos que Cristo predicó a los malvados que vivieron en los días de Noé, pero que ya hacía siglos que estaban muertos. Otros los identifican con los ángeles caídos vinculados con una cohabitación de estos espíritus en forma corporal con "las hijas de los hombres," algunos de los cuales sostenían relaciones sexuales con las mujeres (Gn. 6:1-4). De estas uniones nacieron una especie de "superraza." Al ser juzgados estos espíritus fueron colocados en "tartarus," el lugar de los muertos, que Pedro llama prisión. Así que los espíritus a los cuales se les predicó entre la muerte y la resurrección de Cristo no son de los hombres. ¿Por qué los predicaría Cristo? Algunos dicen que el alma o espíritu del Hijo de Dios fue a predicarles para que tuvieran otra oportunidad de salvación al escuchar el evangelio de Sus propios labios. Otros afirman que en su predicación en "tartarus" Cristo proclamó su triunfo y la certeza de la condenación de ellos, pues sus esfuerzos por sabotear el plan de redención divina fracasaron. De otra parte Cristo predicó el evangelio a los que habían muerto en fe haciéndoles ver que su salvación estaba segura, puesto que El ya había pagado el precio necesario por su salvación.

            En resumen esta interpretación afirma que Pedro hace referencia a un descenso de Jesús a la morada de los muertos durante el intervalo entre su muerte y resurrección con el propósito de predicar a sus ocupantes, así ofreciendo salvación a algunos y a otros anunciando Su propio triunfo sobre la muerte y el juicio para ellos ya que rebelaron contra Dios durante sus vidas terrenales. Pero esta interpretación parece ser conflictivo con el resto de la vida, enseñanza y ministerio de Jesús y también con las ideas más importantes de la carta petrina, que enfatiza un testimonio fiel y apacible, dando una razón por la fe de uno, aun cuando había que confrontar la oposición (3:15-17).

            Finalmente, algunos rechazan una interpretación literal del pasaje, e insisten en interpretarlo simbólicamente. Así en forma gráfica Pedro presenta la idea de una redención universal en extensión. Aunque fue una interpretación muy popular antes de la Reforma Protestante del siglo XVI, la mayoría de los evangélicos piensan que tal interpretación espiritualiza el texto demasiado. Además, la interpretación simbólica encuentra dificultad en explicar bien la referencia a Noé (3:20). ¿Por qué se seleccionaría únicamente a los contemporáneos de Noé para darles una segunda oportunidad? A restringir la predicación a la gente de los tiempos de Noé sería algo insólito. Además, parece confligir con el contexto teológico, o cómo esta interpretación encaja con otras doctrinas cristianas enseñadas con más claridad en el Nuevo Testamento. O sea, existen textos bíblicos que enseñan la muerte como el punto final del tiempos para convertirse en vez de la existencia de una segunda oportunidad para aceptar la salvación después de ella. Tal ha sido su interpretación desde los tiempos de Cristo. Quizá el relato del hombre rico y Lázaro (Lu. 16:19-31), el Salmo 49 y Apocalipsis 20:11-15 sean pertinentes. De la misma manera son relevantes las palabras de Jesús al ladrón en la cruz, "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lu. 23:42-43). Hebreos 9:27 indica un vínculo estrecho entre la muerte y el juicio sin mencionar intervalo alguno. Además, no existe apoyo alguno para una segunda oportunidad en otra cita bíblica.

            A pesar de las diferentes interpretaciones, podemos estar seguro de una cosa: la muerte de Jesús fue un evento literal -- murió de verdad. No fue un estado temporal de inconsciencia. Así que a través de Su resurrección al tercer día, Cristo efectivamente conquistó la muerte -- tanto en la forma espiritual como física.

 

     [1]Ver Erickson, Millard J. "Did Jesús Really Descend to Hell?" Christianity Today (7 Feb, 2000), 74.

     [2]Ver "Cuidado con la prosperidad y la 'superfe,'" en La Sana Doctrina (Julio-agosto 1997), XII:4.

     [3]Notas del profesor Curtis Vaughan de SWBTS sobre Epístolas de Pedro, 25-26. Sobre la referencia al bautismo de Pedro vea "El bautismo ¿nos convierte en hijos de Dios?" DSySM, I:173-180.

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