“El testimonio de un ex-pastor adventista,” Tomo I:267-270
Por:  Dr. Donald T. Moore

Mi nombre es Reinaldo Vélez y soy pastor bautista en el oeste de la isla de Puerto Rico. Desde niño mi mamá me llevaba a la Iglesia Católica. Habiendo nacido en un hogar católico, por tradición fui llevado desde la infancia hasta la edad de 18 años a esa Iglesia donde participé en todas las actividades como un buen católico romano o un buen hijo de María. 
    Habiéndome trasladado al estado de Nueva Jersey en los EE.UU. a la edad de 18 años, conocí a través de una señorita la doctrina adventista. Tuve la oportunidad de conocerla y estudiarla. Una de las cosas que me atraía a esta Iglesia fue que por primera vez podía leer la Biblia, pues las monjas me decían que la lectura de ella volvería a uno loco. Después de aproximadamente dos años me uní mediante el bautismo a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Siendo que los adventistas no bautizan a nadie que no guarde el sábado, por eso tardé tanto tiempo en unirme a ella. Un tiempo después sentí llamado de parte de Dios a predicar el evangelio a nivel pastoral y decidí en el 1973 a trasladarme a Puerto Rico para estudiar en el Colegio Adventista en Mayagüez. 


    En el segundo año de mis estudios surgió una controversia en la denominación relacionada con el tema de la justificación por la fe, lo cual me llevó a estudiar esa doctrina más profundamente. El Señor me iluminó de una manera especial para entender mejor este tema que es de suma importancia para cada cristiano. Esto trajo varias dudas a mi mente con respecto a lo que la Iglesia enseñaba y la doctrina bíblica de la justificación por la fe. También hubo muchas dudas con respecto a otras cosas. Me sentí un poquito defraudado por la misma denominación.     


    Esta situación trajo a mi vida ciertos conflictos espirituales. Siendo que la denominación me enseñó en cuanto a la justificación por la fe que el pecador es declarado justo por un acto legal de Dios, pero al mismo tiempo se me trataba de enseñar que tenía que obedecer para algún día merecer la salvación y que tenía que guardar el sábado para poder ser salvo. Por primera vez en mi vida el tema de la justificación por la fe cautivó mi mente de una manera profunda. Me dediqué a estudiarlo profundamente con otros compañeros del Colegio donde estudiábamos para ser pastores de la Iglesia Adventista. También hubo una controversia en cuanto a la doctrina adventista acerca del juicio investigador. Para ellos el juicio de Dios empezó por los muertos y que a pesar de que están muertos, el Señor los ha salvado también y que pronto empieza o empezaría por los vivos. Esto trajo profunda angustia a mi corazón, porque llegué a pensar que si, al empezar por los vivos, en mi caso en específico hubiera sido tomado, ya entonces estaba perdiendo el tiempo en el evangelio, porque no sabía realmente si yo era salvo o no. Pues no tenía seguridad de la salvación. La enseñanza me trajo una confusión tremenda en mi corazón. También el problema del sábado afloró en mi mente, siendo que es el punto de toque de la Iglesia Adventista. En otras palabras es lo que se denomina el punto crucial, lo que supuestamente los hace diferente.


    Después de graduarme no quise trabajar como pastor en la Iglesia, ya que no sentí una convicción profunda acerca de las doctrinas adventistas. Había mucha duda en mi corazón. Me pusieron a trabajar como maestro de una de sus academias en Mayagüez donde por un año trabajaba. Luego en el verano de 1980 fui llamado a trabajar como pastor asistente en una iglesia en Ponce. Habiendo trabajado allí por cerca de un año, me surgió una controversia en una de las iglesias locales con respecto a la veracidad de los escritos de Elena G. de White. Se relacionaba a una investigación que se hizo acerca a unos plagios de muchas de las supuestas visiones que ella tuvo. Esto, pues, añadió a las dudas y me quitó confianza en la denominación. Habiendo sido llamado a rendir informes en dos ocasiones por parte de los líderes de la denominación sobre lo que yo creía, en julio de 1982 tomé la final decisión de renunciar al ministerio adventista y también a la Iglesia. 


    Cuatro meses más tarde habiendo decidido a buscar una solución al problema de trabajo, me uní a las fuerzas armadas norteamericanas y fui como soldado al estado de Texas donde en mayo de 1983 llegué. Todavía en ese tiempo sentíamos cierta atracción para esa Iglesia, pues la doctrina adventista cala tan profundo en el corazón y la mente de uno. Todavía sentía la inclinación de asistir a la Iglesia Adventista. Asistimos mi esposa y yo por aproximadamente un año. Pero debido a los puntos irreconciliables con respecto a la salvación, la justificación por la fe y muchas otras cosas que no creía bíblicas, entonces sí en 1984 tomé la decisión de jamás pisar una iglesia adventista. No obstante, una semana más tarde buscamos una iglesia donde congregarnos, pues sentía un deseo profundo de congregarme, aunque todavía no tenía la seguridad de la salvación, pero sentía la necesidad de adorar.


    Visité la Iglesia Bautista del Sur en Killeen, Texas, y allí de una manera maravillosa el Señor nos mostró por las evidencias que recibimos -- por la manera en que los hermanos nos recibieron y el amor que había entre ellos -- de que era el lugar que yo necesitaba y en el cual me querían. Finalmente casi un año después al final de 1984 mi esposa y yo nos unimos a la Iglesia mediante el bautismo. Desde entonces mi vida espiritual empezó a encarrillarse. Por primera vez en mi vida aprendí a conocer la Biblia y experimentar una relación personal con el Señor, cosa que yo desconocía como adventista. Eso empezó a llenar mi vida otra vez del Señor, comencé de nuevo a confiar en El y en sus promesas. Realmente fue una experiencia maravillosa.


    Hace tres años en el 1988 fui llamado a trabajar en una Iglesia Bautista como pastor y ahora en julio cumplo tres años en el pastorado. He recibido tantas bendiciones, ha sido una experiencia gloriosa con evidencias contundentes de que realmente Dios nos llamó al ministerio, pues hemos visto el fruto de nuestras labores. Estoy muy contento, muy agradecido por lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Doy gracias sobre todo al Señor por lo que hizo en la persona de Jesús al darme la seguridad interior a través del conocimiento de la palabra de que soy salvo por la fe, de que tengo seguridad de la salvación, de que el Señor me salvó eternamente, que mi salvación es para siempre, porque nací de nuevo. Esa es una evidencia profunda que nadie puede arrebatarme.


    Con respecto a lo que causó mi duda, pues definitivamente el tema de la justificación por la fe -- la manera que la Iglesia Adventista lo ve y enseña y la manera que la Biblia lo ve son totalmente diferentes. He llegado a entender a través del estudio profundo de la doctrina adventista y sobre toda la bíblica de que esa Iglesia hace una combinación de la justificación por la fe bíblica con la forma de justificación de la Iglesia Católica. En otras palabras es una combinación de catolicismo romano con la enseñanza bíblica, cosas que no son compatibles. De esta manera ellos enseñan una justificación con santificación y así confunden. Hacen que la gente crea que para poder ser salvo tienen que ser fieles guardadores del sábado. De lo contrario pues no tendrán parte ni suerte en el reino de Dios.     Otro de los puntos que causa duda es el juicio investigativo. Ellos enseñan que el juicio investigador de Dios comenzó por los muertos y que no se sabe cuando comienza por los vivos. Eso es una enseñanza terrible y devastadora para la fe de cualquier persona.
    También el punto focal de la Iglesia es el sábado, el cuarto mandamiento de la ley de Dios. Ellos hacen un énfasis tan denodado. Enseñan y creen 100% de que para poder ser salvo, uno tiene que guardar el sábado, que la iglesia verdadera tiene que guardar el sábado, que los verdaderos cristianos tienen que guardar el sábado. También la Iglesia se autodenomina la iglesia verdadera, porque ellos creen tener y, al mismo tiempo, creen ser, la verdad, la alternativa de Dios para el mundo de hoy. En mi experiencia personal he llegado a la conclusión de que entre el adventismo y el cristianismo las diferencias son insalvables. No hay ninguna relación entre el adventismo y el evangelio; están totalmente desiguales y de esa manera no se puede lograr tener una relación personal con Cristo; nunca la tuve, nunca pude gozar de una relación personal con el Señor.

Consejos para evangelizar a ex-adventistas

    Con respecto a la ayuda que uno puede brindarle a cualquier adventista indeciso, yo he podido ayudar a algunos por medio de mi testimonio personal. Yo he trabajado con varios adventistas indecisos y con varios ex-adventistas, y una de las maneras más correctas, claro que es la bíblica, es no atacar sus puntos fuertes. Es no atacar el sábado o los puntos de controversia sino es demostrarles amor, pero sí, hay que hablarles por la Palabra de Dios, la Biblia, con respecto a lo que ella enseña, con respecto a lo que es una relación personal con el Señor -- que no es una obediencia ciega o "legalista" a Dios, sino es por amor y solamente por el amor. El punto que más hace que un adventista indeciso o un ex-adventista no vaya a ninguna otra iglesia es lo que la Iglesia Adventista enseña a sus miembros acerca de todas las iglesias protestantes -- la iglesia bautista, la metodista, la de los pentecostales. Todo lo que no suena adventismo es falso. Ellos consideran de que una persona si alguna vez deja la Iglesia Adventista, no debe unirse a otra, porque las demás son falsas. Eso es el concepto falso que tiene el adventismo de las demás iglesias. No le dan oportunidad para salvarse a casi nadie de otras denominaciones. Ellos enseñan que tiene que ser salvos a través de ellos; sólo a través de su doctrina podrá la gente conocer la verdad. Pero la Biblia no enseña eso. Solamente nos enseña que todo aquel que cree en Jesús, que ha nacido de nuevo es salvo.


    No es una tarea fácil acercarse a un adventista y evangelizarlo. Claro que para el Espíritu de Dios no hay nada imposible, porque si Dios me sacó a mí, a mi esposa y a otros compañeros que yo conozco -- muchos que estudiaron con nosotros -- de ese error del adventismo, que es doctrina de hombres, el Espíritu del Señor tiene el poder de sacar a otros. El quiere a las almas sinceras, a las que realmente desean ser utilizadas de una manera poderosa por el Señor. Para Dios no hay nada imposible. Por ejemplo el punto que a mí más me perseguía como un perro bravo era el asunto del sábado, porque hacen un énfasis tan denodado, tan terrible que uno que no guarda el sábado no verá la vida eterna. Pues la Iglesia enseña que no hay tal seguridad de la salvación, que se desatará una persecución contra ellos en los días finales por el asunto del sábado y un montón de otras cosas que no conviene decir ahora. Pero sí la manera de acercarse a un adventista para evangelizarlo es hacerlo con mucho amor, con mucho tacto, tratando de limitar en lo que sea posible tocar los puntos controversiales. Pero hay que demostrarles el amor con tacto y con sabiduría. Eso no es necesariamente lo que ellos enseñan que es la verdad, sino lo que la Biblia enseña que es la verdad. 


    Si el ex-adventista o el adventista indeciso es lo suficientemente sincero y tiene un profundo deseo de conocer la verdad bíblica en cuanto a la relación personal entre Dios y todos sus hijos, el tema que va a hacer la diferencia es la justificación por la fe, conocer realmente lo que somos y lo que es nuestra posición como hijos de Dios. O sea, una vez que aprendemos y conocemos por experiencia lo que significa una relación personal con el Señor de acuerdo a lo que el apóstol San Pablo enseña en sus epístolas a Romanos y Gálatas, se entiende ese tema específico en relación con "la posición mía como creyente, mi posición única delante del Señor como salvado, que soy un hijo de Dios, que soy un sacerdote del Señor, que también soy un ministro, que soy salvado por El y que tengo seguridad de salvación". La Biblia enseña claramente la seguridad de la salvación que a los que son del Señor nadie podrá arrebatar a sus hijos de la mano del Padre. Este es el énfasis de la Biblia en Juan 10 que dice que, "mis ovejas oyen mi voz y yo les doy vida eterna y nadie las podrá arrebatar de la mano de mi Padre". En otras palabras, una vez que se entiende cual es la posición de uno como hijo de Dios, como creyente, como salvado, como nacido de nuevo, una vez que se entiende el tema del nuevo nacimiento y la posición en Cristo según Romanos 6, eso realmente hace una diferencia tremenda, porque así fue en mi vida personal al conocer la posición mía como salvado. Fue lo que hizo una diferencia entre una vida espiritual llena de victoria y de significado y una vida que no tenía propósito, porque no creía en la seguridad de la salvación. Ahora la Biblia sí me enseña que hay seguridad de salvación, porque los salvados están en la mano del Señor, son de él y pertenecen a El para siempre. 


    Resumiendo mi testimonio, estoy muy agradecido al Señor porque El se ha revelado en mi vida a través de su Palabra y el Espíritu Santo, al darme una experiencia personal con El y conocer de una manera gloriosa la palabra de Dios para mi vida, el cambio fundamental que ha efectuado en mi vida. Estoy MUY agradecido al Señor y cualquier persona que siente la necesidad de conocer más acerca de mi experiencia, estamos para servirles en Leguísamo Que Dios le bendiga grandemente y que permita el Señor que su palabra, su verdad penetre en lo más profundo de nuestro ser y nos haga siervos útiles en la causa gloriosa de Jesucristo. 
 

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