“¿Tiene o tendrá la ciencia todas las respuestas?” Tomo VIII:64-65
[SD (Sep-Oct 2012), 5-6]
Por: Tom Colls [1]

            Con los científicos revelando más y más secretos sobre la vida, el universo y todo lo demás, ¿estamos llegando al punto en el que la ciencia por sí sola puede responder todas las grandes preguntas?

            Los físicos midieron la velocidad de la luz y encontraron que viaja a 300 mil kilómetros por segundo. Además, dedujeron que el universo tiene aproximadamente 13,000 millones de años de edad. No obstante, ¿nos sirve esto de algo cuando prendemos la luz y nos levantamos de la cama en las mañanas?

            Los biólogos pueden decodificar el ADN que hace possible la vida y los químicos pueden describir en detalle cómo se descomponen los cuerpos. Pero, ¿nos tranquiliza este conocimiento cuando contemplamos nuestra propia muerte?

            Estas son algunas de las cuestiones subyacentes en la pugna cultural que se está llevando a cabo entre la ciencia y la religión.

Sólo la ciencia dice cómo son las cosas

            Recientemente comenzó a circular un libro de Peter Atkins, un químico de la Universidad de Oxford, que se reune todo lo que la ciencia ha descubierto sobre esas grandes preguntas y concluye que la evidencia es incuestionable. Pues, según él, la ciencia nos dice todo lo que queremos saber. Señala que “Toda pregunta real, como ‘de dónde viene el Universo,’ ‘hacia dónde va’ y ‘cómo va a llegar allá’; no hay nada de esa naturaleza que la ciencia no puede iluminar.”

            Impulsados por un optimismo inexorable, dice Atkins, los científicos están poniéndose a prueba en todas partes, removiendo cielo y tierra. Lo que encuentran son hechos, hechos y más hechos, con consecuencias que no podemos ignorer. Además, alega que la ciencia tiene toda la evidencia necesaria para probar que el universo “no tiene ningún propósito.” Se nace como un animal inteligente sin alma o espíritu, y no hay nada que quede vivo después de que el cuerpo se muere.

            Agrega que “Si la ciencia encuentra hechos que son, digamos, verdaderos… a pesar de que sean inquietantes, tienen que ser aceptados.” Opina también:“Yo pienso que la ciencia expone la maravilla del mundo como es. Uno no necesita fantasías para asombrarse. La ciencia es la gloria verdadera, mientras que la religión es la gloria fabricada.”  Agrega: las nociones religiosas de alma y espíritu, de la vida eternal y el juicio final, no son más que “fantasía.” Y anuncia, “A mí no me importa que la gente apele a falsos consuelos, pero uno tiene que saber que son falsos.”

La ciencia religiosa

            Mientras que habrá quienes consideren el libro del professor Atkins como un ataque a su fe, para mchos otros es más bien desatinado, porque la ciencia y la religion pueden coexistir pacíficamente según algunos pensadores y religiosos y lo han manifestado en asambleas eclesiásticas nacionales. Una geofísica universitaria británica ha argumentado públicamente que los hechos de la ciencia se reconcilian perfectamente con la forma cristiana de vida. Insistió que la ciencia descubre cómo el Dios bíblico creó el universo, y por eso la profesora acoge con beneplácito cualquier detalle nuevo sobre esa creación. Pero al mismo tiempo, agrega que la ciencia no le dice a la gente como deben vivir sus vidas. Opina que la prueba para el cristianismo no se encuentra en la verificación científica de ciertas historias de la Biblia, sino en el tipo de vida que los cristianos llevan, pues “Usted vive la vida en consecuencia y ese es su experimento.”

Desacuerdos filosóficos

            También hay filósofos a los que les parece que al professor Atkins se le escapó algo. Mary Midgley, autora de un libro sobre mitos contempóreanos, opina que el punto de vista de Atkins es una muestra de la actitud “imperialista” que la ciencia ha desarrollado.[2] Alega que para muchas personas la ciencia ha remplazado la religión como la fuente de autoridad frente a las grandes preguntas sobre la vida, lo que ha llevado a esa gente a poner sus esperanzas en algo que no puede más que desilusionar.

            Insiste en que responder ese tipo de preguntas simplemente “no es lo que la ciencia hace.” Somos capaces de hablar sobre el valor y propósito de la vida humana sin dificultad, a pesar de no poder explicar los procesos físicos involucrados. Dice que por ejemplo en “la historia uno no puede usar experimentos controlados. Nadie puede volver a hacer la Revolución Francesa para ver si vuelve a terminar igual.”

            Asimismo, podemos hablar de democracia y moralidad sin la ayuda de los científicos. “Decir que la democracia existe no es decir que hay una cosa física curiosa en algún lugar; es encontrar un patrón en la vida que nos rodea y ese patrón existe.” Agrega: “Todos estos abstractos, estos elementos en la vida humana, estas formas en la que los humanos nos organizamos están aquí porque sucedieron.” Luego declara que “La gente ha estado filosofando y cuestionando el valor por mucho tiempo, y a menuda ha salido con respuestas bastante sensatas.”

Enfrentando los hechos

            No son únicamente teólogos y filósofos los que no aceptan el análisis del professor Atkins de que la ciencia expone solo los hechos verdaderos. La ciencia descubre datos pero no todas las explicaciones. El sociólogo Frank Furedi, quien recientemente atacó la “intolerancia” de algunos científicos en un artículo en la revista “Spiked,” piensa que los científicos están confundidos sobre su funcción. Este autoproclamado racionalista dice que la ciencia efectivamente descubre hechos, pero es necesaria más elaboración para saber qué hacer con ellos. Insiste que “Muchos debates en la sociedad contemporánea son resultado de que la ciencia assume que su papel es decirnos cómo vivir nuestras vidas”—¡desde qué comer hasta qué dios venerar! Y aun alega que los cientifícos a menudo piensan que los hechos “hablan por sí solos.” Y aun más agrega que eso destruye lo que al final es el elemento más creativo de nuestra comprensión de nuestras vidas: el que tengamos que decidir, a través del debate público, qué significan los hechos, cómo deben ser interpretados.

            No obstante, Furedi aplaude a los científicos que, como el professor Atkins, salen del laboratorio y se unen al debate público. Pero cuando lo hacen, apunta, deben darse cuenta de que dejaron la ciencia atrás y que no tienen más autoridad moral que las otras personas, no más “que un sacerdote, una monja, o el tipo que vende dulces en la calle.”

 

(SD ciencia y toda respuestas)

 

[1] Tom Colls, “¿Tiene la ciencia todas las respuestas? El Nuevo Día  (10 de Julio de 2011), 66-67. El editor ha modificado algunas partes de este artículo para poder usar el artículo en esta revista.

[2] “Una nueva revolución y las limitaciones de la ciencia “ Las doctrinas sanas y las sectas malsanas Libro VII: 105.

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